Darina con alas

El barrio donde habito no es ninguna pradera

26 junio, 2009
Hoy fui al centro y, como siempre que voy al centro, me embriagó esa mezcla de horror y fascinación que me provocan las multitudes desde que era niña.

Y es que la ciudad en la que vivo es horrible y maravillosa, como una de esas fotografías de guerra que pueden verse en el transbordo del metro Chabacano o como una de esas prostitutas de muy bonito cuerpo y dientes de oro que se paran enfrente de las tiendas de bicicletas de la Merced.

De camino al metro, veía a las mujeres arrastrar a sus hijos en una mezcla de furia y frustración, con el miedo siempre latente de perder a sus críos entre las fauses del monstruo. Toda clase de gritos, jalones y pellizcos eran propinados con tal de mantener un poco de cordura en ese embrollo de gente.

Y es que la ciudad en la que vivo está hecha para gente grande. Todo es colosal y ruidoso. Todo da miedo.

Cuando era niña vivía en una colonia suburbana, con andadores y jardines, que estaban rodeadas por manzanas de diez familias cada una. Podía andar en bicicleta hasta las ocho de la noche y tocar en las puertas. Sacaba a pasear a mi perro y pintaba aviones en las aceras.

Después me cambié de casa a una más céntrica y ahora no saco a pasear al perro; incluso a veces siento que es muy temerario caminar en esta colonia... Pero bueno, hay que seguir viviendo.

De todas formas, en el caso de tener hijos, me gustaría educarlos lejos de esta ciudad. Reunir mi histeria materna con la histeria colectiva de la urbe sería peligroso.

D.

2 comentarios:

Mar dijo...

Oh, pues. ¿No que tu ciudad no merecía el desprestigio del que es objeto socialmente?

Si yo viviera en tu ciudad creo que no asomaría ni las narices. Las avenidas con más de dos carriles me asustan.

Gracias a Dios que nací en esta pequeña ciudad.

Darina Silverstone dijo...

Mar:

Hay zonas bonitas y nice donde no hay tanta bronca. Incluso hay calles de un solo carril.

D.