Darina con alas

Mi primera vez

05 mayo, 2016
En la vida (si uno es valiente, sobre todo) tiene uno muchas primeras veces. Mientras más te animas a experimentar cosas nuevas más primeras veces puedes decir que viviste. Alguna vez G. me dijo que vivir era tratar de conjugar la mayor cantidad de verbos en el tiempo que nos era dado. (Por eso todas las etiquetas de este blog son verbos, uno es lo que es, pero es lo que hace... y ser también es verbo).

El asunto este viene porque hace poco viví una primera vez que pensé que nunca viviría, porque yo soy una persona muy moderada y tranquila (todos los dicen: "Que moderada, que tranquila, que apacible es Darina", solo es atributo, no creo que sea virtud).

Pero hace poco me pasó. Fue la primera vez que me dijeron "feminazi".

La verdad yo creo que le desagrado a dios, porque lo que más aborrece dios son los tibios y en cuanto a temas de género siempre fui de "leve simpatizante" a "meh". Incluso he tenido un par de novios que se ríen de manera franca del feminismo y gustan del control de sus parejas. (Yo incluída, pero ya volveré a ese tema).

En mi convicción de no meterme en problemas, evitar el conflicto, salir corriendo a la voz de ya y (en resumen), ser una ardilla miedosa, nunca me metí en controversias. Pero un día en la revista donde colaboro de manera voluntaria escribiendo de temas para mujeres (casi siempre escribo de mujeres en la historia o de temas de derechos humanos) me ofrecí a escribir de esta campaña. 

La verdad todo el tiempo cuidé que la crítica fuera hacia el mensaje y la construcción del mismo, pero aún así alguien hizo un comentario. Bueno, nunca habían comentado mis textos, así que allí debí anotarme una pequeña victoria pero...

Aunque en mi respuesta al comentario seguí tratando de mantener la cordialidad e incluso ilustrar con una campaña el asunto escaló a que soy una feminazi.

La verdad me espanté un poco. A mi nunca me insultan, ni me confrontan, ni soy de esas que buscan pleito en Facebook con gente que ni conoce.

Yo solo quería decir que la campaña era chafa, estaba mal planeada, tenía una visión limitada y de caricatura de lo que es ser hombre en nuestros días. Pero sin conocerme me dijeron feminazi.

Y miren que yo he aguantado muchas cosas para evitar que me digan algo así. Incluso me descatalogué de las tropas feministas frente a mis amigos con la finalidad de evitar un debate incómodo. Pero allí estaba, la etiqueta y me encontré preguntándome: ¿debería ponerme el saco de feminista?

Uno cree que esa respuesta es fácil y obvia. Pero para mí no lo es tanto. Aunque en apariencia mi familia es bastante abierta y liberal, enraizados hay muchos comportamientos que revelan una cara más conservadora. Es difícil apartar de la educación algunos comportamientos que parten de la cultura y la sociedad en la que vivimos.

Nunca tuvimos ocasión de saber si habría igualdad de reparto de tareas entre hombres y mujeres porque no tuve hermanos. Pero hay cierta distinción de género/tareas que te tocan, pese a ello.

Luego está el tema de la sexualidad: también lo viví como algo académico, higiénico, que se veía a través de libros y se regía por normas.

En cuanto al tema del acoso, uno de los más sonoros en la agenda feminista de este año, lo he vivido muy de cerca, desde pequeña. Y recuerdo el día en que mi mamá, espantada, nos recomendó a mi hermana y a mi que tuvieramos cuidado porque se había topado con un exhbicionista en las calles de la colonia donde vivíamos, de pasillos estrechos, imposiblesde sortear.

Todavía, cuando vuelvo a casa de noche, varias veces al mes algún desconocido se ofrece a darme un raid en su auto o moto "para que no ande tan sola en esas calles tan oscuras".

Ya no llevo la cuenta de acosos en el metro o en el transporte público. Se me pierden en la mente, se me confunden, luego no sé si yo los soñé, los aluciné o si realmente ocurrieron.

El día de la marcha del #24A mis amigas de la Revista Antes de Eva se organizaron para ir. Yo me quedé en la cama, mirando el techo, pensando en que hacía años que no marchaba. Pensaba que hacía calor. También pensé que una marcha no suele cambiar las cosas. Vi las fotos, leí los comentarios y me seguí preguntando: ¿No es muy grande el saco del feminismo para que una ardilla miedosa se lo ponga?

El sábado pasado visité a N. a quien conozco desde hace un par de años; me agrada porque vive libre y me aterra a veces creo que en cualquier momento saldrá volando.

De hecho se estaba despidiendo, otra vez, así que le pedí que me leyera las cartas...

Comparto lo que me dijo, a grandes rasgos: "Vivir en modo "Ahorro de energía" no es vivir. A veces decides no comprometerte porque las cosas terminan inesperadamente. Los finales te dan miedo. pero aunque las cosas no salgan deberías comprometerte a lo que tú creas. A veces hay que apostar y perder, porque otras veces vamos a apostar y ganar. Ahora tu vida está en un gran caos, pero ese es el camino que te toca y lo tienes que pasar porque habrá grandes cambios como resultado de este desorden".

 Y bueno, no es que quiera hacer el feminismo a la medida, o la vida a la medida, sino que quizá deba andar mi camino antes de decidir si ese me gusta o debo buscarme otro sendero.

Ya no quiero vivir en modo "Ahorro de energía". Se pierde uno muchos colores, se baja el volumen de las cosas, se asusta uno de todo. Hasta temes las palabras de quien no conoces y te quedas los domingos mirando el techo, mientras todos marchan.

Quiero que haya más primeras veces en mi vida, aunque me den miedo, ya que.

D.


3 comentarios:

Jesús Hernández Saure dijo...

mientras no sea la primera vez que dejes de escribir.
:D

Darina Silverstone dijo...

Pues a decir verdad, Jesús, ya escribo en este blog mucho menos que antes, pero luego me da por contar la historia larga, así que creo que es como juntar gotitas en un balde, en estos tiempos de sequía involuntaria y luego dejar caer el chaparrón.

Gracias por tomarte el tiempo de leer en estas épocas de los snaps de 10 segundos, un abrazo.

Ana Marinera dijo...

Te dijeron feminazi porque ya no les es permitido decir "mujer" y acompañarlo de un insulto. Te lo dicen porque pueden, y quizá no te "ha tocado" la violencia de género pero por eso negarla es como triste. Ahora te toca ver si quieres aceptar pasivamente el insulto o responder de la manera que quieras, no tiene que ser violenta, pero definitivamente para que valga la pena esta vida, no debe ser pasiva.