Darina con alas

Luz

11 octubre, 2016
Un texto mío fue seleccionado para participar en una antología contra las violencias machistas. El PDF se puede descargar acá.

Este mes también estuve a cargo de la entrevista de portada, terminaré de dar la tercera edición del curso de redes sociales en el Claustro, comienzo un nuevo ciclo y empezaré una versión parecida (pero ligeramente distinta) en el Centro Cultural Helénico. 

Mucho trabajo, pues. 

Y como es lógico, en este cubo Rubick que es la vida, mientras una de las caras parece cuadrarse muy bien, las otras se descomponen y quedan como un cuadro de Kandinsky.  

Internamente siento que mi cabeza es un huevo revuelto (con sal, pero sin pimienta).

O más que en la cabeza, en ese espacio inexacto y metafórico que es el corazón.

A principio de año escribí muy convencida que quería saber lo que quería hacer (en mis propósitos 2016, que usted puede leer acá). 

Ahora sólo sé que quiero seguir pagando Netflix. 

La dentista, por otro lado, determinó que muy probablemente tendrá que sacarme los terceros molares, así que no tendré muelas del juicio. 

Eso es una metáfora que también me pesa. (Ya no podré ser tan juiciosa como me encomendaba mi ex jefe colombiano)

Son las 7:30 y sigo contestando llamadas de la chamba. 

También creo, por otro lado, que las opciones de cosas por hacer no son tan prometedoras. ¿Es el workoholismo una droga de nuestros tiempos?

A veces me pregunto si el tan mencionado equilibrio es posible.

Quisiera saber si ese atisbo de luz es una salida o es solo el láser que usan para distraer a los gatos.

D. 

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