A veces insistimos en ponerlo todo de nuevo en la misma casilla de la ruleta.
Joaquín Sabina lo dice en su rola con Estopa.
A veces insistimos en apostarlo todo al dos de corazones.
Joaquín Sabina sabe que podemos perder de nuevo.
Incluso sabe que el corazón que sangra por una herida puede sangrar por muchos otros sitos.
Tengo un gatito en el regazo.
A veces creo que nunca me cansaré de apostarle al dos de corazones.
A veces creo que sí.
Hoy iba a ponerme un vestido negro, pero por la mañana decidí que hacía frío.
Menos mal que tengo un gatito en el regazo.
D.
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Ganar - Perder
El día de ayer no podía dormir. Pensaba que había perdido mi memoria USB en la Sala del examen, entre tanto lío que hubo con los cables...
Me desperté y pensaba en el futuro incierto, en las arenas movedizas en las que me encuentro parada, en que los cuestionamientos de mis padres por fin me alcanzaron, en que sólo tenía planes hasta el día 7... y ya era ocho.
Me puse a leer el libro que me regalaron Tomás y Diana, "El ojo" de Vladimir Nabokov...
También el libro que Gloria me dio. "Tiempo de arena" de Jaime Torres Bodet.
Recuerdo cuando conocí a Jaime. Fue en la Biblioteca México, un día que buscaba... No sé, a dios o sentido a la vida, muchas veces me perdía y leía sin sentido.
Esa vez me atrapó la Garza.
Me gustaron sus referencias orientales y el aire cosmopolita que provenía de sus versos.
Incluso asocio su poesía con el bambú y los ríos de aguas mansas que por momentos se tornan caudalosos...
Tiempo de arena es un texto autobiográfico... en donde Jaime se pregunta sobre los nombres de los fantasmas...
Esa necedad, necesidad, deseo, fuerza, que nos insta a darle forma a las sombras y ponerle nombre a los fantasmas.
Todos sabemos que para ganar algo hay que dejar ir otras cosas... pero nosotros queremos detenerlo todo, aprisionarlo, como si hubiera espacio para más arena entre las manos...
Y no, no es así...
En el reloj de arena tenemos que dejar ir, para cobrar conciencia del paso del tiempo.
Esa apuesta es vivir.
D.
Las relaciones y la bolsa de valores
Arriesgar para ganar. El que no arriesga no gana. El que no ama no es amado... ¿Será así?
¡Compra! ¡Vende!
Las voces de la bolsa de valores son estas dos...
Oferta y demanda, las leyes del mercado fríamente aplicadas a las relaciones humanas. ¿Cuando debemos invertir en una relación, cuando una persona realmente nos dará dividendos, beneficios, aumentará el capital de nuestro tiempo y lo multiplicará en besos?
El sistema mercantilista aplicado a las relaciones me hace pensar... ¿Es tan variable el amor como la bolsa de valores? ¿Puede que un día esté a la baja el amor hacia alguien? ¿Es acaso la amistad un capital fijo, a largo plazo, que genera intereses y dividendos seguros?
El amor... que elusivo concepto.
Todos hemos terminado alguna vez con el corazón roto, que es una especie de bancarrota del terreno amoroso: por más que hemos invertido (tiempo, confianza e incluso dinero) fluctuaciones no predecibles acaban por desfondar nuestra esperanza.
Aún no encuentro la formula secreta para invertir, ni tampoco para amar, pero mis aproximaciones me han enseñado que el riesgo de quedar con el corazón roto son más altas mientras más te interese una relación. Ergo, la única forma de evitar el dolor es no amar, o no amar demasiado... Lo cual es un escenario bien triste y equivale a decir "para no perder el dinero, no lo gane, es más ni se esfuerce por él"
Al igual que al tener dinero, cuando más tienes más despilfarras y creas "necesidades" que antes no existías... Es malo admitirlo, pero cuando tienes alguien que te procura demasiado existe una cierta tendencia a decir "Ah, es mi guardadito, siempre estará allí..." Y no. No siempre... el amor tiende a evaporarse más rápido aún que el alcohol o el dinero.
Yo me he declarado en bancarrota, me he auto exiliado en paraísos emocionales creados a la medida de mis pies y también he tenido épocas de bonanza y derroche de besos... Mis estados emocionales han fluctuado más que mis finanzas y pero he de decir que es el amar es el único capital al que realmente podría apostar...
Porque el que no apuesta, no pierde, pero tampoco gana.
Y cuando de amar se trata, es en la inversión en la que más me gustaría ganar.
D.
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