Amas a una mujer de barro, de piel nutricia, de viente fecundo, de calido vaho de tierra forjada a golpe del canto de la mano...
Amas a una mujer de barro, que te abrigó en sus dedos de terracota, con sus labios lodosos llevó tu boca a un extremo impensado...
Amas a una mujer firme, cuyos pies de piedra se mantienen inamovibles cuando de tomar decisiones se trata...
Amas a esa mujer... y yo no puedo ser ella.
Porque mis besos son lluvia, a veces fríos y dispersos... porque mis caricias son viento, a veces quietas y otras furiosas... porque mis miradas son fuego, brillante algun día y otras veces apagadas...
Amas a esa mujer.
Y yo lo entiendo.
D.
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