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La teoría de las velas

Las abuelas, en su infinita sabiduría, decían que hay que tener varias veladoras encendidas: "para que, si se apaga una, haya al menos un par que se quede prendida".

Esto lo decían, claro, en relación a los altares, porque hay que alumbrar a los santitos de manera permanente... y es malo dejar un altar sin veladoras.

Claro, como metáfora, también aplica a otras cosas...

a) En el caso de un trabajo, hay que tener otras opciones, es decir, continuar con el contacto profesional con personas que puedan colocarte, en el caso de que deje de gustarte tu actual empleo.

b) En el caso de una relación, puedes tener varias opciones de amistades "con posibilidades", para que, en el caso de terminar la relación "principal", no te quedes sin compañía...

c) Seguramente algunos otros, pero voy a tratar los primeros dos.

La verdad es que yo nunca he pensado en guardar contactos con fines profesionales. La gente que me agrada, me agrada y ya. Quizá les pediría que me consideraran para un empleo, pero no lo haría con insistencia, pues mis padres me educaron en la lógica del esfuerzo propio.

Mal por ellos, porque muchos empleos de importancia se mueven a través de las relaciones públicas y otros por medio de las relaciones púbicas: todos esos empleos me están vedados.

Y, en el caso de las relaciones, el otro día platicaba con el desparpajado R. sobre la teoría de las dos velas, que ocupan muchas personas (iba a decir muchos hombres, pero la verdad es que es algo que sucede en los dos géneros).

R. aseguraba que esa teoría era muy sabia, pues aunque él tiene novia, dice que no le disgustaría tener algunas amigovias, porque una novia no siempre tiene tiempo de pasar tiempo con él. "Incluso si ella quisiera tener otras relaciones, estaría bien".

En el concepto de "relación abierta" funciona esto de las veladoras... Pero por lo general uno vive en el engaño hasta que sopla una rafaga de viento, que, de pronto, hace patente las otras luces del cuarto.

D.

El hotel, la casa, el amor

Hoy, mientras hacia la limpieza de la casa, pensaba en el tema de discusión que sacó ayer S. sobre las relaciones de una sola noche.

Alguna vez ya había platicado con J. al respecto, por la serie de Californication. Aunque en nuestro país ocurre con relativa frecuencia, creo que en muchas ciudades ya es muy conocido que algunas veces las personas prefieren tener relaciones de una sola noche para evitar las molestas complicaciones de una relación.

Te conozco, la pasamos rico y ya.

Es como la diferencia entre hacer una fiesta en casa y tener una fiesta privada en un hotel.

Al final no tienes que quedarte a limpiar el desastre.

Y es que mantener una relación, es casi como tener una casa en orden, pulcra y habitable. A veces requiere mantenimiento preventivo para evitar que las paredes se nos caigan encima.

Claro, es bonito y confortable tener un hogar donde volver, unos brazos que te esperen... pero si requiere mucho trabajo, mucho esfuerzo y al final del día acabas molida.

Ir decorando una relación con pequeños recuerdos, con momentos que cuelgan de las paredes, vacaciones juntos, palabras clave que son como muebles hermosos y rincones propios, es un deleite...

Pero está el cochambre del diario, reclamos innecesarios, celos, plantones, compromisos no cumplidos, música estridente...

Y el aire frío, colandose en las esquinas, resquebrajando el cemento de la relación, provocando su hundimiento innevitable.

Y luego las despedidas, las mudanzas, el dolor de ver la casa vacía, los focos rotos, los posters que colgamos con amor, despedazados sobre la mesa.

Y se va uno huérfano de amores, con una caja de cartón y todas las pertencias, a buscar cobijo en cualquier esquina, que no se nos caiga a soplidos.

D.

Viento a favor

Acerca de las noticias que recibí el día de ayer, sólo tengo una cosa que decir y ya la dijo Bunbury:

Si ya no puede ir peor,
haz un último esfuerzo,
espera a que sople el viento,
a favor.

Ya sólo puede ir mejor
y está cerca el momento,
espera a que sople el viento,
a favor.

Otra vez te has vuelto a equivocar,
siempre piensas la culpa es de los demás,
y no tienes más remedio,
que de nuevo, empezar.

Otra vez la has vuelto a fastidiar,
siempre tienes que quedarte atrás,
todavía te queda un buen trecho
y les tienes, que alcanzar.

Si ya no puede ir peor,
haz un último esfuerzo,
espera a que sople el viento,
a favor.

Ya sólo puede ir mejor,
y está cerca el momento,
espera a que sople el viento,
a favor.

Otra vez fuera de lugar,
siempre estás donde no debes estar,
muy cerca o muy lejos,
no estás atento y se vuelve a escapar.

Otra vez perdiste tu oportunidad,
siempre enfrentándote y al final,
vencido por el miedo,
caes al suelo y te dejas pisar.

Si ya no puede ir peor,
haz un último esfuerzo,
espera a que sople el viento,
a favor.

Ya sólo puede ir mejor,
y está cerca el momento,
espera a que sople el viento,
a favor.

Si ya no puede ir peor,
haz un último esfuerzo,
espera a que sople el viento,
a favor.

Ya sólo puede ir mejor,
y está cerca el momento,
espera a que sople el viento,
a favor.

Recibí un correo que me hizo sonreír y luego me hizo poner muy triste, por todas sus implicaciones. Sólo sé que nadie debería seguir vivo contra su voluntad, por eso siempre me he pronunciado a favor de la eutanasia... sólo que no puedes evitar extrañar algunas cosas que sabes que desaparecerán para siempre.

Ayer soñé que estaba metida en un juego de realidad virtual donde mi misión era destripar a motociclistas gordos que montaban Choppers. Al despanzurrarlos quedaban como mermelada de zarzamora, con todo y los grumitos.

También soñé con Edith, una niña que conocí en la secundaria y que era bonita. Tenía pecas.

Sólo la traté un año y ni siquiera era muy amiga mía. La verdad no sé por qué soñé esas cosas. Quizá mi cerebro sólo me hizo caso en no querer soñar lo que me daba miedo y se fue a otros rumbos en mi memoria.

No tuve las pesadillas que creía, ni me dio insomnio. A las dos de la mañana desperté porque mi padre se percató de que el apagón que nos dejó ayer sin luz era producto de un corto circuito. La mitad de la casa está en penumbras y la otra mitad puede iluminarse.

Casi como mi alma.

D.

Detenerse a soplar

Estoy muy contenta. Ha llovido en la ciudad. Hoy vi una película mala y no me importó porque me reí mucho. Hace tiempo que no me reía tanto en una película de terror. Me compré Casablanca y no la he visto, pero ya sé que es muy bonita y la tengo allí, para un día que deba recordar que siempre tendré París...

Hoy fue mi primera quincena y compartí la exaltación de mis compañeritos al ir cobrar, y luego me enojé como ellos al ver los descuentos y luego me volví a emocionar...

Pero ayer, creo, fue el día más bonito porque me encontré un Diente de León y aunque iba deprisa rumbo al trabajo me detuve a soplarlo. Mientras se alejaba di gracias por todas las cosa buenas de mi vida, que son muchas... De hecho todavía no acabo de agradecerlas todas, así que aprovecho este espacio para dar las gracias, otra vez, por un montón de bendiciones nuevas.

Uno no sabe donde va a saltar la liebre, ni en donde van a caer las semillas del diente de león, pero siempre que puedan deben detenerse a soplar.

D.

La hora del parque

El año pasado me propuse ir diariamente a caminar al parque. Llegaron dos señoritas de la Secretaría de Salud a hacer una toma de signos vit...