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Tres reseñas a libros de autoayuda que quisiera leer

Terminó el Mundial de Escritura y en esta ocasión esta fue mi consigna favorita: "Escribe el título de tres libros de autoayuda que quisieras leer y lo que dicen los títulos de sus autores". 

***

 "¿Cómo salir a caminar en la lluvia con lentes en tiempos de pandemia?", de Christina Glass


Los gafapastas nunca lo han tenido fácil: entre las burlas de la escuela, los apodos de cuatro ojos, los accidentes con pelotas que cruzan el patio del colegio o incluso la hazaña que para algunos consiste entre tener una doble vida con lentes de contacto en los que juegan a ser Superman vs. su personalidad de Clark Kent... pero a estos desafíos se han sumado los retos del paño de humedad que se acrecenta con la mascarilla/barbijo/cubrebocas.


Esas tardes de lluvia en medio del tráfico, la bruma, la lluvia y con los lentes empañados se acabarán con este libro que ofrece herramientas prácticas para terminar con los lentes empañados.


En este libro Christina Glass nos enseña a lidiar con la adversidad, especialmente cuando llueve, pero nos lleva por un viaje hacia la claridad interior y nos ofrece una nueva perspectiva de la vida.


"Clarificado"

New York Times


"Esclarecedor y brillante"

Washington Post


"Siempre supe que esa chica iba a triunfar"

Antonina Michell, maestra de quinto grado de Christina Glass


***


"Gatos: aprende a soltar después de 9 vidas juntos", de Noellia Katsugary


Si alguna vez has tenido un gato sabrás que los momentos memorables junto a ellos son muchos: desde la forma en que se quedan dormidos de las formas más raras del mundo hasta esos actos acrobáticos que encuentra uno dignos de la mejor gimnasta del mundo.


"Los gatos no deberían morir", reconoció en entrevista Mario Esparza, con una lágrima en el ojo que no se atrevía a salir por no desafiar la masculinidad tóxica que le impedía llorar.


Ante el desafío de soportar el duelo de un gato, Noellia Katsugary elaboró un manual sobre el luto que aborda la vida de un gato: desde los pequeños pasos de sus deditos esponjosos, sus bostezos perezosos o esos momentos de desespero en que afilan las uñas en tu sillón favorito.


Sin importar si eres o no un fanático de los gatos, esta emotiva historia te llevará a conocer las historias de grandes amantes de los gatos y ver como han acompañado a sus dueños en lutos que van desde un divorcio hasta la pérdida de la esperanza, para surgir de nuevo al sol.


"Purrrfecto"

Oxford Journal


"Pocas veces se ha visto tanto filo y esponjosidad en un mismo texto, definitivamente un imperdible"

Soledad Misifus


***


¿Cómo lidiar con Relacionistas Públicos sin perder la fe en el mundo? Guía práctica


De Franchesca Tortoise


La periodista internacional Franchesca Tortoise lleva años descifrando lo que quieren decir los Relacionistas Públicos en sus gacetillas y boletines; desde su experiencia con cientos de agencias y miles de Relacionistas Públicos ofrece una divertida, pero útil experiencia sobre cómo solicitar de manera diplomática una mejor foto o ser amable para deshechar una "nota" que en realidad es un descarado comercial.


La experiencia de Tortoise, sin tener que machacar el ego de los relacionistas públicos, explica la necesidad de contar con libertad editorial y a la vez, ser un buen aliado de este tipo de profesional, que busca la libertad financiera en sus habilidades de comunicación, aunque a veces no les salga tan bien y tengan más talento en beber mimosas y tomarse fotos en la playa.


Franchesca se dirige a un público de periodistas, sin embargo esta información puede ser valiosa para quien se mueve en este apasionante mundo de influencers, marcas, medios, relacionistas públicas y claro, fotógrafos y reporteros.


"Si eres un corrector de estilo o un editor, este es el libro que necesitas. A nosotros nos ha cambiado la vida"


Akron Manazza, Le Monde


"Un relámpago en la oscuridad"

Le Figaro


"Conozco desde hace años a Franchesca y me parece que su visión es única y esclarecedora: si estudian periodismo, comunicación o marketing, es un imperdible"


Ana Peñaloza, Relacionista Pública

Tecnopolítica y periodismo alternativo

Estoy tomando un taller de Tecnopolítica y periodismo alternativo que me está devolviendo la fe en la humanidad (poquito, pues, pero algo es algo).

A veces se me hace difícil reconectar con el idealismo de la carrera; han pasado tantas cosas desde entonces. Pero creo que sí tengo una vocación por comunicar, sólo que a veces queda enterrada bajo los 300 correos por leer.

Ayer escuchaba la retroalimentación de cinco meses de trabajo en un Taller Literario en el que participo y además de varias cosas que debo corregir de allá, me acordé que realmente esto es algo que amo hacer (que me pagan por ello y como me pagan a veces olvido que lo disfruto). 

Y eso está bien. Es lo que uno quiere, que te paguen por hacer lo que te gusta, ¿no?

Pero también a veces es bonito solo dejarse llevar y que fluya. Ser uno porque sí.

Dejarse adormecer por el vaivén de las teclas como quien escucha el mar.

Extraño el mar, por cierto.

Extraño escribir sin límites de caracteres o deadlines.


A veces me extraño. 


D. 

 


Locuras de enero

Tras arrancarle todas las hojitas al calendario de enero, recapacité en que el mes se fue muy rápido por mi dedicación a machacar las horas como quien se ensaña con un tallo de apio y lo deja reducido a un puñito de fibra verde, sin alma.

Así, cada día de este mes estuvo dedicada a mil cosas y al final llegaba a la cama exahusta y convencida de que el día siguiente sería igual.

Hoy, mientras borro y reagendo, mientras coloco papelitos en la bandeja de lo "terminado" y rayo mis propias letras, con un gesto de reapropiación del tiempo, veo que esta locura de agenda continuará todavía durante febrero.

Como no decido si colgarme de una lámpara o seguir escribiendo notas, he decidido venir al blog a hacer ejercicios dactilares. (¿Más?)

Me regalaron un mapita del valle de Silicón. Pero eso es otro cuento. Yo solo quería decir que es muy difícil ser la strong and independent woman que quiero ser. Ya luego me da por no querer ser nada, pero eso no tendría chiste. (Creo)

A veces tengo fantasías en que llevo a un niño al kinder y regreso a ver recetas de sopa de zanahoria con variaciones entre la sopa con jengibre y la sopa con una cucharadita de crema agria.

También pienso en el futuro prometedor de programadora o de literata, o de fotógrafa de plantitas que no concreto por ningún lado, porque esas cosas (oh, tristeza) cuentan como hobby en el panorama actual.

D.


Actos de magia

No sabía bien como escribir esta entrada.

Supongo que todo debería de empezar... por el principio, cuando conocí a O.

O. me hizo pensar que me quedaban algunos trucos bajo la manga y me hizo replantearme, ¿hay suficiente magia en mis días?

Y es que ante un horizonte gris y desolado de boletines de prensa (el entra y cuchillo, salen las tripas de las tareas cotidianas en la redacción) no sonaba mal retomar ese emocionante gozo de escribir.

De vivir, también.

Pensaba yo en eso, hace un momento lo pensaba.

Hasta que O. como en cualquier acto de magia, desapareció sin dejar huella. O dejando una huella, pues, pero también una sensación de vacío que me hizo mirar detrás de la cortina, ver el entramado de alambres, luces y cuerdas con el que se ha estado sosteniendo este escenario.

El teatrito que es todo.

Salir a escena, ejecutar tres pases (siempre los mismos) y evitar las preguntas, porque ¡qué incómodo, qué triste, que vacío! Descubrir que no hay magia, ni sombrero con conejo, ni nada.

O. desapareció y me dejó un enero muy triste, muy vacío, extrañador, que remató con la invitación de mis compañeros de generación para reunirnos y recordar los "viejos buenos tiempos de la universidad" (?).

Bueno, yo no tuve de esos. Tuve muchos sueños que iban volando todos directito a Guanajuato, donde me imaginaba mi vida idílica. Pero todo ha ido saliendo de forma diferente a como lo pensé, con tropezones y golpes de suerte, sin que ninguno de esos eventos mágicos se cumplieran.

Así que ya puestos a explorar en los sacos de arena, los contrapesos que nos mueven, las poleas que nos hacen girar y disminuyen la fuerza, estoy acá diseccionando el corazón para ver en qué momento me he perdido el truco.

No quiero pensar que esos diez años se desaparecieron, pero tampoco los explico bien, están  desestructurados. Quisiera contarlos como actos, como crecimiento, como evolución.

Ya los ordené por "trabajos" y "relaciones"; solo me falta ordenarlos por color y por palo de la baraja".

Supongo que sí tuve unos años de corazones y otros años de diamantes. No sé distinguir mis años de trébol y mis años de pica.

¿Y ahora?

Ahora tengo un cajón en donde los pies me salen por la cabeza y la cabeza por donde debían estar los pies. También tengo la lengua en un nudo.

Imagino que O. no quería nada de eso. Sólo quería sacar flores de la manga o a lo mucho un pañuelo de colores de la nariz.

Necesito un libro para desentrañar estos secretos que se me embrollan. O quizá unas vacaciones junto al mar.

Cualquier cosa estuviera bien. Todo sea para no seguir en la caja de la mujer dividida, con los pies en la cabeza y un puño en el corazón.

D.

Compota de palabras (1)

Salgo del restarante. Afuera, un hombre siniestro me sigue con paso descompuesto. Su olor a vino es evidente. Se acerca a mi por detrás y su garganta ofrece una voz apagada: ¡Callate, pendeja! Clavo mis uñas, horrorizada, en su mano que me tapa la boca, para impedir mi grito.

Aprovecho que sus reflejos son torpes y dando un paso atrás lo piso. Mi reacción no es la que esperaba: se desconcierta. Me suelta un instante. Corro, huyendo hacia la noche.
Aún  estoy aterrada y mi corazón no se detiene en su marcha acelerada. Ya he pasado muchas cuadras y sigo corriendo, hasta que el dolor en mis piernas me vence. ¿Dónde estoy? Ni siquiera reconozco esa calle.

1. A. me regaló un frasco con palabras magnéticas. Para hacer ejercicios tiré varias sobre la mesa para articular un relato.

Esto salió.

24 cartas de despedida

Soy mala para despedirme. Siempre pienso que hice demasiados aspavientos o que por el contrario, me quedé corta y no alcancé a reflejar la magnitud de la pérdida.

Nuestra vida está tan llena de adioses, incluso parece que desde que nacemos ya empezamos ese largo largo sollozo que es dirigirse hacia la muerte.

Y luego todo se vuelve tiempo de golondrinas y lágrimas.

No hay nada que no llegue a un término.

Por eso, mientras trataba de buscar materiales para darme a conocer con un colega a través de un recuento de mi material escrito me topé con las 24 cartas de despedida que le escribí a G.

Resulta que me despedía cada mes de G. porque ante mi incapacidad de decirle como me sentía, cada mes tomaba un día o un tiempo para dedicarle cartas de amor y desesperanza.

No sé si son 24, la verdad sólo vi un montón de artículos en una carpeta que decía el inocente nombre de "Cartas" y noté que todas eran para él.

Tampoco me animé a abrirlas.

Son recuerdos agridulces, quizá sea mejor que se pierdan o que queden para los biógrafos (Ja) o que simplemente se queden allí, donde no le hacen daño a nadie.

Ya no me despedí de G. Simplemente cambió nuestra relación. Cambiamos nosotros.

Ahora puedo hablarle sin que me duela. Y ya ni siquiera me despido de él.

Finalmente todos nos despediremos de manera definitiva y abrupta en algún momento.

Tantas cartas de despedida que nunca llegarán.

Y tantas que ni siquiera son necesarias, porque el cariño permanecerá o se desvanecerá más allá de nuestros intentos de ponerlos en palabras, de darle cierre o carpetazo.

También ayer A. me pidió que borrara un comentario y por casualidad comencé a leer algunos de los que han pasado por este blog. Claro, me encontré la entrada de Y. Aunque tuvimos una despedida fue tan amarga que me hubiera gustado borrarla.

Ahora no, la dejé allí.

Porque cambié, cambiamos. E incluso esas despedidas que nos dejaron marcados y que representaron en realidad el fin de una época no se pueden llamar "definitivas" porque nos queda vida.

24 cartas de despedida. Tantos pretextos para seguir escribiendo. Sólo porque el tema del adios parece inagotable, como el dolor, el mar, las lágrimas, la muerte, las migraciones de las golondrinas.

D.

Propósitos 2015

Como el año pasado estuvo bastante bien correteando los propósitos, vamos a enlistarlos para que no sea flaca la voluntad y esquiva la memoria. (¿Por qué, por qué, te muestras tan esquiva...?)

1. Retomar el yoga. Me hacía muy feliz.
2. Practicar con la cámara Reflex.
3. Volver a escribir cuentos, cuentitos y cuentotes.
4. Participar en talleres, para que más gente lea y critique los materiales.
5. Enviar los cuentos a concursos.
6. Regresar a colaborar en otros medios.
7. Terminar la maestría.
8. Mejorar mi inglés.
9. Retomar el francés.
10. Terminar de leer los libros que tengo pendientes.

Se ven realistas, no pongo más porque se vuelven tremendas historias sin fin. El año que viene voy a renovar lentes, sí o sí.

*Se echa porras*

¡Tengan un feliz año 2015!

D.

Telarañas

Había una vez una telaraña que no quería romperse nunca. El objetivo de la telaraña era ser feliz para siempre y pasearse por años y años en todos los marcos de las puertas, de las ventanas, detrás de los muebles...

La telaraña quería conquistar el mundo, por desgracia, el mundo era un lugar peligroso y amenazante, lleno de horribles escobas y malvados niños que amenazaba la vida de la inocente telaraña (era megalómana, pero aún así bastante inocente). De allí que una niña buscara alojar a la telaraña en su cuarto, con la finalidad de protegerla de esas malvadas escobas.

P. D. Siempre que abro el sitio de http://writtenkitten.net/ termino por escribir historias cortas como esta.

¿Ya la probaron alguna vez? Les dan una foto de gatito, perrito o conejito por cada 100 palabras.

El vampiro de la colonia Roma, de Luis Zapata

Como periodista uno busca en ocasiones un personaje que pueda ayudarte a contar la historia. Tiene que ser una voz representativa del lugar y el tiempo que quieres reflejar... Alguna vez hubo problemas por periodistas que, abusando de su capacidad de síntesis, conjuntaban la experiencia de varias personas reales en la voz de un personaje creado, para hacer parecer que una sola persona era la protagonista de la historia que deseaban contar... Ya fueran historias de abuso, abandono, guerra... Estos personajes no existían, pero la pretención de hacerlos parecer reales fue lo que condenó a los periodistas al descrédito.

Si este libro fuera realmente un artículo periodístico, podríamos decir que el ejercicio de síntesis fue logrado de manera estupenda... Como se trata de una obra de ficción, no puede uno más que entristecer y querer a Adonis, el protagonista de "El vampiro de la colonia Roma".

Y es que, con crudeza y gracia, "El vampiro de la colonia Roma" revela el mundo de la homosexualidad en la ciudad de México, con diversos y variados casos que parecen sacados de la vida real. En sus páginas desfilan sexo servidores, padrotes, travestis, homosexuales de closet y hasta uno que otro buga.

Me divertí mucho leyendo "El vampiro de la colonia Roma", por su lenguaje fácil y su estructura de entrevista es muy rápido terminarlo. Diría que tiene algunas fallas, pues el personaje en ocasiones se sale de su discurso y tiene un lenguaje rebuscado o unos arrebatos filosóficos donde se cuela el autor...

Pero en general es una novela disfrutable y me encantaron las referencias a las novelas de la picaresca como género.

Tres estrellitas y media. Eso sí, es para amplio criterio y no recomendable para menores de 15 años.

D.

Envidia de Vian

Mi biblioteca necesita ser re ordenada.

Mi closet escupe prendas con desagrado, como si ya nada le pareciera, como si todo me quedara grande, pequeño, amplio, untado.

Como si las estaciones del año se hubieran vuelto locas y ya nada me acomodara y ningún sombrero fuera del tamaño de mi cabeza y ningún zapato de mi número.

A veces quiero renunciar a todos mis trabajos (a mis tres trabajos, haciendo el recuento) y tomarme un mes (¿o un año? ¿para cuanto dará el presupuesto?) sabático.

Cada que me paro por mi blog y veo que Vian escribe me da una envidia bárbara, por la constancia de su prosa, por la agudeza de su estilo y recuerdo las palabras de Raúl, que me decía que había que escribir YA!

Porque no nos hacemos más jóvenes y el lenguaje ya no es el mismo objeto brillante con el que unos se entretenía antes.

Yo suelo detenerme a mirar el reflejo del cielo en los charcos y me pregunto por esa realidad tan distorsionada que intenta uno plasmar en una hoja; tan lejano de la simpleza con la que parece reflejar el agua las cosas.

Me gustaría dedicarle más tiempo a escribir, pero realmente escribir me consume tanto que no puedo dedicarle tiempo a escribir de lo que me gusta. Y paso tanto tiempo leyendo... que igualmente poco tiempo le dedico a la lectura.

Contradicciones del ser humano...

Y envidia, tan propia del ser humano.

D.

Volver a casa

Quisiera volver a casa, pero a ese lugar que habita mi alma, donde crece la hierba y canta un grillo. Yo que sé si es un lugar real o lo estoy inventando; sólo sé que es un lugar que extraño.

A veces se puede extrañar hasta el espacio donde habitó el alma, pero ahora está destruìdo. ¿Viene la noche para contar sus secretos cuando no estoy en casa?

He incendiado la noche para ver el camino de regreso a casa, pero me confunde el humo y el crepitar de las llamas. He tratado de convertir tus manos en palomas rojas que escapen mostrandome un camino, pero creo que se han ido volando hacia el cielo y se han convertido en estrellas.

He intentado por tantos medios volver a casa: soplando dientes de león para que me lleven colgando, del viento; apretando desde el final la pasta de dientes para que su camino rayado me guíe.

Voy brincando en ladrillos amarillos en busca de esa señal blanca, roja, verde que me diga "a casa".

Y ya casi empiezo a buscar en los manuales de medicina, con el objetivo de saber si no es tu corazón mi hogar.

D.

Del impulso de escribir

He estado pensando en la profesión de escritor. A veces creo que pienso más en el tema de lo que realmente escribo.

Lo cierto es que pienso en ello...

¿El escritor nace o se hace?

¿Escribimos para alguien, para nadie, para nosotros?

¿Cual es la forma "correcta" de ser escritor? ¿Se puede hablar de la corrección al escribir?

Las editoriales, los distribuidores, las nuevas tecnologís, los bajos niveles de lectura en el país...

Algunos días si me la creo: hay que escribir, pese a todo, pesele a quien le pese, en cualquier lugar,  en las esquinas de los libros, en las servilletas, en el vaho de las ventanas. Hay que escribir como vocación, por latido, sin hablarle a nadie de ello, con la convicción de que hoy pondré 6 mil caracteres y mañana también, que hoy voy a leer 30, mil caracteres y mañana también...

A veces creo que cualquier historia es buena y a veces creo que todos los personajes merecen una voz...

Otras veces me gana la desesperanza y siento que es inútil, que nunca llegaré a los tres mil caracteres, ni podré publicar algo más que una cuartilla de tinta en un periódico que envolverá papayas.

Hay días grises aunque el sol brille allá afuera, donde el demonio de la desesperanza me grita que nadie lee nunca nada, que la soledad que nos abarca es tan enorme que no vale la pena intentar hacer contacto con cualquier otro ser humano, que el silencio es lo único que permanece en el espacio.

Me resulta dificil decidir las respuestas. Hoy no las tengo y sólo tengo el impulso de escribir.

D.

Neptuno

Marmol café
Granito gris
El Nescafé exacto
para lograr la mezcla perfecta.

Felino

No permita la Virgen que tengas poder
sobre lágrimas, pozos, heridas...

Vacíos enormes que crecen alimentándose de pequeños vacíos.

Silencios que se comen otros silencios

y aterrizan en un páramo muerto,

de tristeza aséptica en cada rincón.

De - Sol - HAdos

Mu - Dos.

Tan azul como la voz del rey del mar.

D.

... tú sólo sirves para escribir.

De las muchas cosas que dijo Mario Vargas Llosa en su aceptación del premio Nóbel de Literatura (sobre los méritos de este premio no voy a discutir aquí), lo que más me conmovió fue aquello que menciona en relación a su esposa, la mujer que le soluciona la vida.

En este discurso, Vargas Llosa asegura que su mujer, riñiéndolo por su incapacidad para ocuparse de los asuntos prácticos, le dice:

- ¡Ay, Mario, tú sólo sirves para escribir!

Esto, la absoluta certeza de que alguien tiene una auténtica vocación, que provoca que otras áreas de su vida queden deslucidas y trastocadas, del orden de lo usualmente establecido, es lo que siempre he querido...

Por eso, no pude más que sentirme conmovida, cuando a mi correo llegó un elogioso comentario, que tengo que compartirles, porque de verdad he estado pensando en estas palabras y quisiera agradecerle publicamente a Daniel Barbosa, lector de este blog, por su comentario:

"me transportas por un momento fuera de la razón, dónde disfruto de la magia que tienen las palabras, Darina, tus palabras hacen que me sienta enamorado de la vida, me arrancan un hondo suspiro y me siento feliz de disfrutar por un momento de lo que logran las palabras, queria que lo supieras para que no se te acaben las ganas por escribir, leerte es delicioso es magico es paz,

 dicen que un sabio ni adula ni critica pero yo no soy un sabio."





En realidad yo tampoco soy escritora, pero nunca me he propuesto dejar de escribir, todo lo contrario, mi intención es seguir haciéndolo.

Tengan una hermosa semana, nos escribimos y nos leemos...

D.

Deliciosos enredos románticos

Ayer fui a tomar un café con una de mis amigas de la infancia y, mientras ella me enseñaba fotos de unos tulipanes que le regaló su "casi novio" yo pensaba en lo lejano que me parecían esos deliciosos enredos románticos...

Y todo porque, en alguna ocasión, cuando tenía cerca de 12 años y decidí que quería vivir cosas "Maravillosas, Terribles y Extraordinarias" no sabía que después de los 17, cuando viviría una década completa de ellas, tendría tiempo para pensar en mi decisión...

Ahora, casi diez años después, no hay más deliciosos enredos románticos en mi vida.

Los extraño un poco, aunque no extraño la desazón y el temor de no saber que pasaría al día siguiente: es una consecuencia inevitable de los deliciosos enredos románticos.

Tampoco extraño el corazón roto.

Pero, por si los reyes magos tienen ocasión de leer esto...

Quisiera que este año, si me trajeran un par de deliciosos enredos románticos.

Para variar.

D.

Intermitencias

Tengo música errante en las orejas
y toda ella me habla de ti:
me dice que te mande un beso,
que esta noche lo necesitas

Pienso en ti de manera intermitente,
como si mi mente fuera una luz descompuesta
en un callejón oscuro
y entre las sombras aparece tu nombre.

¿Dónde van tus besos cuando no me besas?
¿Dónde caen cuando se escapan de tu boca
y no caen en la mía, que fue forjada para recibirlos?
¿Se pierden como lágrimas en la lluvia? Dime.

Me dejaste una tarde melancólica
y un montón de dudas entre las manos
¿qué hacer, donde ir, dónde vaciar,
estas ganas que no acaban de quemarnos?
¿Dónde ponerlas?

D.

Descarrilamientos

Hoy fui a visitar a un amigo que vive cerca de una vía del tren.

El sitio está vuelto casi un basurero, pero aún se distinguen los rieles.

Me gusta caminar sobre ellos y pensar en esos animales mitológicos, los trenes que te llevaban a lugares extraños, a sitios inimaginables y desconocidos.

Mi primer tren mitológico nació en la maqueta de mi abuelo: ese escenario virtual donde rara vez tenía permitido subir contaba historias de viajes que aún tenía por hacer.

Luego me subí en el Oriente Express y Agatha Christhie me enseñó que un tren puede ser un lugar magnífico para cometer un asesinato...

El primer viaje en tren que recuerdo, lo hice a Zacatecas: la comida del vagón comedor era deliciosa y recuerdo con claridad el sonido del tren mientras pedíamos la cena... era irreal y maravilloso.

Ahora que quedan tan lejos las estaciones y que sólo me asomo a ellas en las películas, recuerdo como en un sueño la estación de trenes de Barcelona, donde tomé un café muy amargo y un cuernito de queso... recuerdo el gran reloj redondo y el sonido del AVE al llegar al andén.

Recuerdo muchas cosas y todas se mezclan, como un millón de locomotoras silbando a un mismo tiempo, elevandose en el aire, hacia el futuro, como en esa mítica película donde el pasado y el presente se mezclan.

Ahora que el país se descarrila y los trenes ya no pueden salvarnos de nosotros mismos; ahora que todos miramos la realidad en la televisión, porque de cerca corta, duele, lacera, lastima y se nos clava en los pies como un clavo de ferrocarril ardiendo, miro los rieles como una ruta para regresar a ese tiempo donde teníamos un destino.

D.

Suave Patria...

Hoy, aniversario de 200 del comienzo por la lucha de la independencia, el pueblo de México amaneció con tremenda resaca, porque, como dice el señor Rinobod, "no les alcanza para libar más finos licores..."

Yo desperté sin resaca (porque bebí muy poco en el festejo familiar) y prendí el radio.

La voz de Teresa Aviña (Tere Aviña, pa´los cuates) recitaba una de las poesías más bellas que se han compuesto para México...

Más allá de las chapuzas que hicieron ayer Sergio Sepúlveda y Jorge Zarza en su zafio intento de recitar, la voz de doña Tere me sonó maravillosa.

Y es que, para quien no conozca la poesía de don Ramón  (¿sería coincidencia que el Tequila que tomé ayer se llamara igual) López Velarde, "Suave Patria" está llena de hermosas imágenes... muchas de ellas de un México que ya no existe y otras tantas, de uno que está lejos de esta urbe de innegables contradicciones.

Pero esta tarde, sentada en una banca verde del parque, trataba de entrar en contacto con mi patria, con esa que aún rescato...

Suave Patria

(fragmentos)

Suave Patria: permite que te envuelva
en la más honda música de selva
con que me modelaste por entero
al golpe cadencioso de las hachas,
entre risas y gritos de muchachas
y pájaros de oficio carpintero.

PRIMER ACTO

Patria: tu superficie es el maíz,
tus minas el palacio del Rey de Oros,
y tu cielo, las garzas en desliz
y el relámpago verde de los loros.

Patria: tu mutilado territorio
se viste de percal y de abalorio.

Suave Patria: tu casa todavía
es tan grande, que el tren va por la vía
como aguinaldo de juguetería.

Y en el barullo de las estaciones,
con tu mirada de mestiza, pones
la inmensidad sobre los corazones.

¿Quién, en la noche que asusta a la rana,
no miró, antes de saber del vicio,
del brazo de su novia, la galana
pólvora de los juegos de artificio?

Tu barro suena a plata, y en tu puño
su sonora miseria es alcancía;
y por las madrugadas del terruño,
en calles como espejos se vacía
el santo olor de la panadería.

Cuando nacemos, nos regalas notas,
después, un paraíso de compotas,
y luego te regalas toda entera
suave Patria, alacena y pajarera.

Al triste y al feliz dices que sí,
que en tu lengua de amor prueben de ti
la picadura del ajonjolí.

Trueno de nuestras nubes, que nos baña
de locura, enloquece a la montaña,
requiebra a la mujer, sana al lunático,
incorpora a los muertos, pide el Viático,
y al fin derrumba las madererías
de Dios, sobre las tierras labrantías.

Trueno del temporal: oigo en tus quejas
crujir los esqueletos en parejas,
oigo lo que se fue, lo que aún no toco
y la hora actual con su vientre de coco.
Y oigo en el brinco de tu ida y venida,
oh trueno, la ruleta de mi vida.

SEGUNDO ACTO

Suave Patria: tú vales por el río
de las virtudes de tu mujerío.
Tus hijas atraviesan como hadas,
o destilando un invisible alcohol,
vestidas con las redes de tu sol,
cruzan como botellas alambradas.

Suave Patria: te amo no cual mito,
sino por tu verdad de pan bendito;
como a niña que asoma por la reja
con la blusa corrida hasta la oreja
y la falda bajada hasta el huesito.

Tu imagen, el Palacio Nacional,
con tu misma grandeza y con tu igual
estatura de niño y de dedal.

Suave Patria, vendedora de chía:
quiero raptarte en la cuaresma opaca,
sobre un garañón, y con matraca,
y entre los tiros de la policía.

Si me ahogo en tus julios, a mí baja
desde el vergel de tu peinado denso
frescura de rebozo y de tinaja,
y si tirito, dejas que me arrope
en tu respiración azul de incienso
y en tus carnosos labios de rompope.

Patria, te doy de tu dicha la clave:
sé siempre igual, fiel a tu espejo diario;
cincuenta veces es igual el AVE
taladrada en el hilo del rosario,
y es más feliz que tú, Patria suave.

...

Tomo un respiro. Mañana será otro día, sin excusas bicentenarias y habrá que pensar como construir los siguientes 100 años de esta patria.

D.

Tarea para el fin de semana

Me voy de fin de semana con mis padres.

Pero ya me dejé tarea.

Hacer una par de largas planas que digan...

"Mi vida no es una película de Charlie Kauffman"

Hasta que yo misma me la crea.

Ando en racha.


D.

Carta abierta a un músico chiapaneco

Por la mañana escuchaba la canción compuso y que escuché por primera vez a principios de año. Me saltó la frase "Es tan sólo mi forma de ser, soy un nudo de inciertos". Dejé constancia en el Twitter (si, tremendo invento) de que venía pensando en ella...

Raro, como invocándolo, recibí por la tarde su correo.

Y entonces me fue inevitable recorrer, de regreso a casa, y como por descuido, aquellas calles que usted ha hecho suyas de tanto recorrerlas: me quedé mirando las calles de Tacubaya, como quien desea perderse, como quien está en busca de algo igual de incierto, pero igual de prometedor.

Y es que no puedo evitarlo... me da nostalgia pensar en todos los acordes de guitarra que nunca aprenderé a tocar, en todos los libros que no voy a leer, en todas las bocas que no me están predestinadas.

También, claro, le guardo su espacio entre piedras a las que si me han tocado en suerte (¿o en desgracia, se dice?) Cada gran amor conlleva su pequeña gran tragedia.

Y, curiosamente, una de mis tragedias pasa por Tacubaya: por el parque Lira, para ser más exacta, donde un día me perdí  para llorar una pena de amor y lloré tanto que sentí que me quedaría seca por dentro, sin más lágrimas, sin más suspiros, porque nunca amaría igual...

Incluso le guardaba rencor a aquel, porque llegué a decirme: "Si hoy murieran mis abuelos él ya me habría dejado sin lagrimas y ya no tendría ni una sola para llorarles".

Que maneras más curiosas de recordar tiene uno...

Señor poeta, a veces también recuerdo Motozintla, recuerdo esas calles que no conozco. ¿Raro? Ni tanto, uno vive tantas muertes, tantas vidas... y todas se van traslapando.

Por eso a veces se sorprende uno que dos amigos vayan pensando en una misma canción y luego escriban al respecto. Pero en realidad no es tan raro, ¿no cree? si todos hemos sido hechos de la misma materia de barro y sueños.

Una combinación que da que pensar, porque el barro es agua y tierra y los sueños fuego y aire.

¿Qué quiere que le diga?

Mis pensamientos vuelan hacia usted con la rapidez de una saeta.

Mis pies se mantienen pesados y, afortunadamente me he equivocado...

Aún me quedan lagrimas. Aún me queda mucha lluvia para llover besos.

Señor músico, quisiera decirle que mi plagio a su frase, "soy un nudo de inciertos" no fue alevosa. Más bien fue un tributo, aunque digan que esa es una forma muy vil de excusarse... Pero es cierto, nunca me he sentido tan bien descrita.

Ahora que me cuenta el origen de la frase, creo que en verdad mi vida en este momento no está tan anudada... más bien temo que sea la cuerda que se me escape de las manos, quemándome.

Hoy he visto un par de fotos mías y me he asombrado. No sé como decirlo, me veo cambiada. Me ve otra y me reconozco diferente. No se lo digo para que usted aclare mi desconcierto... si acaso lo digo para compartirle el hallazgo.

Hace tiempo que no recibo correos, los extrañaba. Es siempre un gusto saber de usted, mientras anda por aquellas tierras tan lejanas le envío un abrazo que se extiende y abarca a todos esos amigos a los que no les he escrito. Reciba usted ese aprecio de mi parte.

D.

La hora del parque

El año pasado me propuse ir diariamente a caminar al parque. Llegaron dos señoritas de la Secretaría de Salud a hacer una toma de signos vit...