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Recuento 2016

Este año fue atípico. No digo que fue malo, tuvo muchas cosas buenas, empezando por mi regreso a la docencia. Pero las cosas buenas no me las esperaba y lo que esperaba... pues simplemente no ha pasado.

Van acá los Top 5 conceptos que marcaron mi año

1. Docencia

Cada día me cuesta menos trabajo pararme allí enfrente, dirigir al grupo, mirarlos y ver las reacciones de los alumnos. Todo se lo agradezco a Arenita Soria, que me convocó de nuevo al ruedo, después de que yo me había retirado triste y cabizbaja de la academia.

Ahora en mi Hoja de vida puedo añadir que di clases en el Claustro de Sor Juana, en el Centro Cultural Helénico, en el CIDE y que tengo proyectos didácticos para 2017 que me hacen pensar que es una vertiente que no debo dejar.

La retroalimentación de los alumnos ha sido de lo más bonito, más allá de las palabras de aliento, en realidad he aprendido mucho de ellos. Incluso cuando me retan a esforzarme a cosas que no tenía pensadas, cada clase es nueva y cada momento me siento más fuerte.

2. Viajes

Si usted lee este blog sabrá que empecé el año muy triste, pero en febrero me salió una oportunidad de viajar a Cuernavaca que mejoró mi ánimo.

Igual, durante el año, en varias ocasiones mi ánimo quiso decaer pero surgió la oportunidad de hacer viajes cortos que me animaron y me despejaron la mente. Sigo pensando que estar en movimiento no es un antídoto para la tristeza, pero si sirve mirar las cosas con perspectiva, desde otro punto de vista, en otra esquina del charco.

Este año anduve en Cuernavaca, Chapingo, Tecocomulco (Hidalgo) y en el Valle de las Monjas, en la Marquesa.

No he resuelto las cosas con viajar, pero si me han llegado ideas de cómo resolver el problema.

3. Feminismo

Dudé un poco de poner esta palabra en el recuento, pero la verdad es que este año me involucré mucho más con el tema, primero por mi participación en "Antes de Eva" y luego por los muchos eventos que tuvieron que ver con mi actividad social y profesional.

Fui a reuniones a la Gozadera y vi a mis compañeras. Me distancié de uno de mis mejores y más longevos amigos (o más bien él se alejó de mí) por una diferencia de opiniones sobre las consecuencias del programa "Viajemos seguras" de Miguel Ángel Mancera.  Me publicaron en una Universidad de España un pequeño cuento en una antología con relatos sobre el tema. (Se puede descargar la antología aquí).

Todavía sigo pensando en la cosas que debo incorporar a mi discurso para ser congruente y cada que examino pasajes de mi vida encuentro machismos evidentes con los que debo lidiar y reconciliarme conmigo misma, pero también construir a futuro. No ha sido nada fácil.

4.Poesía

Este año retomé la poesía, esta vez en una modalidad diferente: Poesía en Voz alta. Tomé un curso con un escritor/poetoide que conocí en twitter y creo que su curso fue una de las mejores inversiones del año porque me despertó la curiosidad y las ganas de leer que traía algo dormidas.

De no ser porque al final del año me sobrecargué de chamba me hubiera girado más hacia escribir y leer, pero como dice el Príncipe "Uno no es lo que quiere, sino lo que puede ser".

El año que viene ya me invitaron a exponer algo de lo que escribo frente a una audiencia. A ver que tal sale. Ya les contaré.  

5. Cine

Como bien dice acá, aunque fui al teatro y a conciertos, en el lugar en donde más se me vio en el año fue en el cine. Vi algunas películas muy comerciales, pero otras me gustaron mucho y valen mucho la pena como La langosta.

Este fue el año en que también conocí la Academia mexicana del té, recibí mi título de maestría, fui al concierto de The Who y Kevin Johansen, me disfracé de Eevee para Halloween y también celebré mi cumpleaños cocinando lasagna para mis amigos, algo que tenía ganas de hacer desde hace mucho tiempo.

Eso sí: me alejé por completo de mis propósitos, pero es otra historia que creo que contaré otro día.

D.

Sororidad

La palabra se coló en mis orejas, se arrastró como un gusanito y tomó forma de signo de interrogación.

¿Sororidad?, no conozco ese pokemon.

O sí lo conozco, pero no sabía que se llamaba así.

"Solidaridad y concordia entre mujeres, que implica un reconocimiento mutuo, plural y colectivo"

Dice una definición corta.

En mi casa somos más mujeres. Desde pequeña tuve una gran cercanía con mi madre a quien considero una mujer valiente, inteligente y buena negociante. Sabía poner paz con diplomacia y elegancia. 

Luego entendí que muchas veces se quedaba con las ganas de decir cosas. Pero eso fue después.

La que nunca se quedaba con las ganas era mi hermana, de espíritu arrebatado y vivo. Hasta hace poco, que empecé a escucharla más noté que tenemos muchas cosas en común, pero en mi infancia fue el símbolo de "Aquello otro que no soy yo". ¿Y la sororidad? Bien, gracias.

Nunca fui muy sociable, pero mis amigos eran amigas. Me gustaban sus cabellos largos, su olor a shampoo y sus calcetines con adornos. Tampoco era como ellas, pero me gustaba que fueran femeninas. 

Lo femenino también me atraía, aunque no lo veía tan propio. Tuvieron que pasar años para reconciliarme con ello.

Pero tenía amigas. Las escuchaba, me escuchaban. A veces lloramos juntas, otras muchas veces nos reímos. Sobre todo nos apoyabamos. Creo que ninguna de mis amigas entendía bien a los hombres. Ellos, los otros.

Mi primera puesta en práctica de la solidaridad femenina funcionó para denunciar el abuso del que fui víctima en uno de mis primeros trabajos. Ya no me cuesta tanto hablar de eso, pero me daba vergüenza. ¿Una mujer tan fuerte que era víctima? ¿Por qué? ¿Por qué me dejé? 

Pero si encontré solidaridad en mis compañeras de trabajo, creo que pasé esa etapa oscura de mi vida y aprendí mucho sobre escuchar, dejarse cuidar, confiar en los otros y restauré un poco mi fe en las organizaciones femeninas.

Desde entonces he seguido trabajando con equipos de trabajo con mujeres en su mayoría y cada vez entiendo mejor las motivaciones que compartimos y las trampas mentales en las que caemos. 

Este año me llevó a darme cuenta que eso que ya había percibido como un vínculo tenía nombre, muchos nombres, en distintas lenguas. Que ya lo había vivido con mi hermana y que podía llamarlo por su nombre en inglés, en italiano o en español. 

Sororidad es un nombre sonoro, se hace bolita en una esquina de mi cerebro y se queda dormido, como un gatito. 

D. 

Dejar de correr

-¡Kimmi lo estropeó todo y Michael se ha puesto a perseguirla antes de responderme!
-¿Michael persigue a Kimmi?
-Sí.
-¿Y tú persigues a Michael?
-Si.
-¿Y a ti? ¿Quién te persigue? ¡NADIE! ¿Lo captas? ¡Ahí esta tu respuesta!
-¡No!
-¡Sí! 
La boda de mi mejor amigo (EU, 1997)

Escuchaba yo una edición más de un podcast. Era una edición especial dedicada al día de la mujer y sonaban solamente intérpretes femeninas.Entonces sonó una canción de Mon Laferte: "Tu falta de querer".

Al terminar la canción el conductor reflexionó un poco sobre la letra y los extremos a los que uno llega cuando uno quiere a alguien.
Es decir: cuando a pesar de que nadie está corriendo detrás de ti, tú sigues corriendo.

La reflexión me cayó como un balde de agua fría. Me quedé despierta casi toda la noche y me la pasé reflexionando en las veces en que seguí enganchada con alguien que no mostraba interés o mostraba una cortés indiferencia.

Y es que, como mi animal guía es una ardilla, eso de correr se me da muy bien y me entusiasma. Pero a veces hay que darse cuenta de que uno está jugando solo.

Supongo que si alguien está corriendo detrás de ti también es gratificante: te sientes deseado, eres cotizado. Pero deja de ser un juego y empieza a doler. 

¿Yo aún podría soportar tu tanta falta de querer? 

O mejor aún: debo dejar de correr.

(Por cierto, esta semana hubo contingencia ambiental y no hice nada de yoga. Me dediqué a revisar boletines informativos, a engordar con entrevistas mi grabadora roja y fui a cortarme el pelo el día de ayer. Incluso un par de días desperté sintiéndome bonita).

D.

Daniela está llena de puertas

Ayer fui a la fiesta de quince años de Daniela. Nunca la había visto antes de anoche y posiblemente no vuelva a verla. Me divertí mucho en su cumpleaños, al que llegué por razones de azar que no viene al cuento mencionar...

Pero me quedé pensando en mi propio cumpleaños de 15 años... que ocurrió hace ya quince años.

Mientras veía la coreografía de Samba montada por esta chica de 15 años, con un mini traje que apena la cubría  y acompañada por  su "corte de chambelanes", pensaba que muchas de las cosas que veía no se acostumbraban cuando yo pasé esos ritos de iniciación.

No podía dejar de pensar en la frase "Ya eres cancha oficial", que estaba acompañada de la mirada de atenta obsesión de algunos de los invitados.

Cuando uno es adolescente y descubre el poder de esa mirada, se ve en la difícil decisión de aprender a usar el poder de la seducción femenina... Y quince años después de mi fiesta (en donde no me veía nada sexy y según recuerdo más bien tenía peinado de niño), creo que me gusta ver hacia atrás y descubrir que abrí las puertas correctas.

¿Qué caminos se abren cuando uno llega a la adolescencia? Toma muchas decisiones importantes, quizá sin la información correcta... Y es muy sencillo equivocarse.

No conozco a Daniela, pero ya que ayer levanté mi copa no me quedaría más que dedicarle una canción. Y esta es:

El Santos Vs. La Tetona Mendoza

La primera vez que escuché el nombre de "La jornada" de manera conciente fue en cuarto año de primaria. Estaba enamorada de mi maestro y él era un Oaxaqueño, muy activo en su comunidad, que se preocupaba por luchas sociales, nos invitaba a leer el periódico y confiaba en mí.

Recuerdo perfectamente que, cuando nos tocó el tema de "La entrevista" me envió a entrevistar a un profesor de quinto año, que era periodista...

El caso es que mi profesor de primaria leía la Jornada. Y alguna vez preguntó: - ¿Alguien conoce el suplemento para niños de la jornada?

Yo levanté la mano y él sonrío. Casi siempre era yo quien levantaba la mano. Él hablaba del suplemento de los sábados, pero cuando me preguntó: ¿y cuál es tu parte favorita?, yo dije: El santos!

Y me di cuenta de que mi papá sólo compraba el periódico cuando salían las caricaturas de El santos.

Así que ahora que hicieron la película me propuse estar allí en el primer fin de semana de exhibición.

La Tetona Mendoza, los Zombies de Sahuayo, el Cabo... La experiencia completa desde mi asiento del cine. Disfruté mucho y me reí como niña. Se me antojó un taco de aguacate y viajar por el país escuchando la Rondalla de Saltillo...

Descubrí que tengo un poco de sangre zombie en mis venas y adiviné que el amor eterno duraría 3 semanas.

Vean "El santos vs. la tetona Mendoza" antes de que la quiten del cine para poner especiales Navideños. Es de 4 estrellitas y muchas risas.

D.

Bicolor

Alguna vez me han dicho que tengo más historias que contar que una persona promedio de mi edad: a veces lo creo y a veces lo pongo en duda.

Lo cierto es que mis historias pocas veces involucran borracheras épicas (como las de muchos colegas), pero tampoco puede uno etiquetar las cosas como si fuera todo blanco y negro.

Me acordaba de eso el día de ayer, en que buscando en mi memoria un abogado recordé a "Bicolor", un chico que conocí en el metro.

Bicolor comenzó por preguntarme mis gustos musicales y me hizo la plática mientras yo intentaba llegar a casa después de uno de esos días que uno sólo puede calificar de "muy largos".

Me dejé convencer por sus ojos que decían "No te vayas" y nos quedamos largo rato platicando debajo de un farol del alumbrado público. Luego, no sé por qué, le di mi número correcto.

Y llamó. Y me pidió una cita. Y salimos. Y por alguna razón ese día iba a ir a comprar zapatos y al final fui a la carrera, escogí unos muy grandes y otros muy pequeños y regresé a casa.

Nunca lo volví a ver, aunque por otro lado pienso que estuvo bien... se puede uno hacer muy adicta a los bailes de blanco y negro.

D.

Un dulce olor ausente

En ese momento su ausencia se hizo más pesada, casi tangible, como si de la nada se hubiera materializado un vacío.

Supe que hacía mucho no acudía a mis recuerdos, pero eso no evitó que su presencia se manifestara en una música especial, que guardaba entre los labios para su regreso.

¿Cómo se puede dar vuelta a la hoja, si estás esperando encontrarlo en la siguiente esquina?

La nariz sobre el cristal y los recuerdos... No tengo a quien dedicarle canciones cursis, ni en donde estrellar mis labios cansados de besar, besar y besar.

Simplemente tengo mucho sueño, ese sueño no se acaba y deja el espacio para tu nombre, para soñarte, para caminar en aceras calientes sin fijarse en las quemaduras de los pies, siempre que sea hacia tus brazos que son un bálsamo de frescura y esperanza.

Voy a navegar en tu boca de menta fresca, en tu brazos de leche y miel...

Paraíso donde la ausencia ha olvidado detener el tiempo y ahora me recibes, como ayer.

Despego el cristal de la ventana. Sólo estaba soñando. Le doy vuelta a la hoja y pongo, esta vez, el separador, para no olvidar.

D.

El frío y los viejos dolores

El otro día, a punto de dar un mal paso, nuevamente, recordé que ya pasaron más de cinco meses desde que di ese mal paso que me hizo cojear cuando menos un mes.

Recordé que hay que ser cuidadosa...

Pues a cualquier golpe de viento, las viejas heridas duelen de nuevo y las desgarraduras se refrescan en la noche.

Puedo acariciar el espacio en donde estaba la herida y lamer el hueco que dejó tu ausencia.

El frío nos recuerda viejas heridas, viejos dolores, viejas partidas y al general Invierno.

D.

Naranja agria

Como un hombre con fotofobia, que de repente es curado y puede sentir el calor del sol y despierta.

Como esos marinos que pasan meses y meses lejos de la tierra y sienten la extrañeza de la tierra...

Lo que es alejarse del vaiven de las cosas cotidianas y de ese 70% de la tierra que es mar.

Así es tocarte, costa, sol, playa.

Así es llegar a tí, esquina de mi corazón, pedazo izquierdo de mi alma.

¿Cómo te encontraré perdido en el naufragio que queda entre las rocas?

Ando buscando la enredadera para subir la barda.

Estoy encontrando las grietas para apoyar mis pies, triturando pequeños animales que viven en los escondrijos para ir a darte una mirada.

Soy la niña que trepa la cerca del vecino aleman para robarle una naranja.

Porque las naranjas de la huerta del vecino siempre son más dulces que las que puedes comprar en la tienda sin lastimarte las manos.

Porque el sabor ácido cura las heridas y puedes lamer la sangre con el jugo de la naranja, el color cambia y ese ácido, dulce, metálico, salado... ese que pruebas en el jardin robado, no lo compensa nadie.

Como las frescas tardes de verano de tu infancia que ya no vuelven y no te das cuenta de que las viviste hasta que son un turbio recuerdo.

Eso eres.

Turbo recuerdo, mar abierto, pedazo de mi alma sabor a naranja agria.

D.

Toy Story 3: el fin de la infancia

Debo ser como la peor persona ever por olvidar Toy Story 3 en mi recuento de películas anuales.

La verdad si vi esta película y tuve la clásica reacción emotiva hacia el final de la película, cuando todo parecía perdido...

Lo cierto es que Toy Story me hace pensar en mi infancia y, ahora que paso Navidad como cualquier otra cena, creo que vale la pena recordar esta película, con una mención especial.

Creo que Navidad es una de esas ocasiones en que puede uno recordar que la verdadera familia no siempre son personas como tú... pero por eso los quieres.

D.

La sorpresa de ayer

Ayer estaba desvelándome y, antes de dormir, revisé mi correo...

¿Cuál fue mi sorpresa?

Encontrar un comentario de Santiago Álvarez Tostado, un cineasta de la Universidad Latinoamericana, en donde me compartía la dirección donde podía ver de nuevo un  corto que reseñé en Abril, pues un accidente feliz me hizo poner atención a su obra: http://www.vimeo.com/6830500 


Este tipo de hallazgos siempre me emocionan, pues me hacen pensar que el mundo es pequeñito y se toca en sus esquinas... Como cuando David Pedraza, de Serpiente Elástica, encontró otra reseña que hice de su también muy sabrosa obra blusera. 


Aquí está la entrada que trajo a Santiago hasta el blog...


Así que si algún día reseño algo de Oscar de la Borbolla y él llega a dejarme un abrazo, me daré por bien servida... Jo, jo.


D. 


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Un cargamento de camisas a rayas

Mi abuela tiene una obsesión por las camisas a rayas. Le gustan en todos los colores y frecuentemente me envía...

No discrimina entre rayas gruesas y rayas delgadas...

No le importan las combinaciones de colores y suele ser atrevida en sus elecciones.

Pero suelen ser camisas a rayas... y yo me las pongo.

Porque sé que para ella es importante que uses lo que ella te regala, porque sé que no sabemos cuantos años más podremos estar con ella `y porque a veces es mejor ponerse una camisa a rayas que andar pensando "que me pongo".

Mi hermana me hace burla cuando llega un nuevo cargamento de camisas a rayas; pero me gusta pensar en todas las pequeñas cosas que una blusa simboliza.

D.

De la fuerza evocativa

Fui a echar chal con mis amigas de la Uni. Mis amigas de la universidad son chicas muy sanas, ni siquiera toman, así que cuando nos vemos tomamos cafecito y galletas; ellas planean cuando se casarán y me dicen que no tengo remedio porque les platico de mis pato aventuras y de como la búsqueda del amor verdadero me ha llevado a muy extraños páramos...

Mientras platicabamos, comenzó una rola de Dire Strait, un grupo que ya nadie recuerda, pero que a mi me encanta porque sonaba una rola de ellos cuando me dieron mi primer beso.

Eso derivó en una remembranza de los primeros besos de mis amigas y la importancia de las canciones que nos recuerdan cosas...

Pero, coincido con mi amiga J. quien dijo que los olores traen una carga evocativa más fuerte...

Y si, ya dejé de contar las veces que me tengo que detener, porque el aroma de cierta persona o de algún lugar de ciudad me transporta a otro momento y espacio...

D.

Gaby listones

Cuando estudiaba en la universidad había una chica peculiar en mi generación: además de comunicación cursaba antropología física...

Venía desde muy lejos y tenía un horario muy apretado para cubrir con su carga curricular... pero aún así, llevaba siempre listones de colores trenzados en el cabello, de colores que siempre combinaban con la ropa que llevara ese día.

A decir verdad nunca llevó ninguna ropa muy especial, pero llegó a ser conocida por sus listones en el cabello... hasta ser conocida como Gaby Listones.

En ocasiones marcar un estilo es simplemente saber quien es uno.

D.

No eres tú, ni soy yo: es el tequila

- Quisiera que estuvieras aquí para tomar unas cervezas. 
Ya no tequila, sólo cervezas. No por ti, ni por mi... 

La única vez que he estado realmente ebria fue debido a una botella de tequila que compartimos en un hotel.

Cuando la abrimos, tras los primeros caballitos, no cesaba de repetirle:

- No estoy aquí por el tequila, sólo por ti.- Se lo dije docenas de veces, se lo dije hasta que la frase dejó de tener sentido. Se lo dije hasta que ya ninguno de los dos lo creyó. Hasta que los dos estábamos bastante ebrios.

Recuerdo poco de esa noche. Sólo que al día siguiente sabía que era la última vez que estaríamos juntos.

Después (varios años después) volví a ese hotel y me dieron el mismo cuarto.

En ese entonces lo supe desde que vi el número en la llave.

Ahora ya no recuerdo el número del cuarto.

Se evaporó de mi mente, como el tequila en el sol.

D.

Un hombre y sus audífonos

En el autobús nos dieron un par de audífonos para escuchar la película. Pero las manos del hombre sentado a mi lado eran muy grandes y no podían ponerle las gomitas que protegen los oídos de las ondas sonoras...

Así que, tras ver que batallaba para ponerlas, decidí ofrecerle mi ayuda.

- Es una lata que pongan estos audífonos, ¿sabe? mi espíritu es más bullanguero, por mi estaría prendido el radio y esto sería una fiesta.

Me acostumbré mucho a las fiestas, ¿sabe? porque yo soy de Tehuantepec y allá hay fiesta todos los días... Bueno, un tiempo viví por acá, en Texcoco, porque estudié en Chapingo. Soy ingeniero agrónomo... y hasta un tiempo di clases allí.

Si me gustaba dar clases, ¿sabe? siempre andaba buscando como hacer la clase más emocionante. Creo que ya me conocían porque yo alzaba la voz y todo para que no se me durmieran. Una vez que terminé estuve allí ocho años, pero quería hacer otras cosas, salir al campo...

Y no le voy a negar, la tarea en el campo es dura, sobre todo porque hay muchas cosas que hacer pero hay tan poca planeación...

Incluso allí, en Chapingo, hay muchos terrenos que se podrían aprovechar. Y para qué le voy a decir, la universidad todavía no es autosustentable. ¡Y debería serlo! Pues vea, están los muchachos con becas...

Y cuando yo estudiaba si se podía, si era autosustentable... Pero ahora...

Y es que muchas cosas han cambiado. Ya no sabe uno si para bien o para mal.

Como yo: un tiempo trabajé en los ingenios azucareros. Y allí me iba bien, tenía un sueldo decente y estaba como técnico. En el primer escalón, digamos. Pero los ingenios eran privados y después... pues ya sabe, los vendieron y vinieron todos esos cambios.

Y bueno, como yo siempre había trabajo, pues pensé... pero la cosa se puso muy difícil. ¿Verdad? Y anduve buscando trabajo, pero ya no era yo tan joven, hasta que un muchacho que incluso fue alumno mío me llamó y me dijo: "Me encontré su curriculum y hasta dudé que fuera suyo, profesor..."

Y es que si, yo llegaba a puestos y me decían que no, que había fallado yo el examen... ¡Pero como lo iba a fallar, si era de la materia que daba yo!

No querían decirme que era por mi edad. ¿Pero sabe? Con la edad uno entiende algunas cosas, ve uno más cosas, comprende más...

Y ahora lo veo con mis hijos. Y es que a unos no les dan trabajo por ser jovenes, por carecer de experiencia... y a otros por ser mayores, por la edad.

Nota: Esta anécdota no me sucedió hoy, pero se las cuento en este día del adulto mayor. Un abrazo a mis abuelos, gracias a los cuatro (aunque me faltó conocer a mi abuela paterna) por ser un ejemplo de sabiduría, fortaleza y amor. No me alcanzan las palabras.

D.

El valor del lenguaje

Cuando me decidí a estudiar comunicación no entendía en realidad el potencial interpretativo de la realidad que da el conocer el lenguaje.

Sin embargo, conforme comencé a estudiar más la teoría semiótica y, principalmente, cuando reflexionaba con la ayuda de otros autores sobre el hecho innegable de que la razón existe gracias a que hay un lenguaje para plasmarla, me ayudó a entender un poco mejor el mundo.

Ayer, mientras platicaba con un amigo que llegó de Edimburgo, pensaba en las relaciones que había establecido E. usando otro idioma para relacionarse... No pude evitar pensar que, las estructuras de pensamiento con las que se relacionaban tenían variaciones respecto a la manera en que hablaba conmigo.

Y es que al adentrarnos en la comprensión de un idioma, nos adentramos en la cultura misma que lo utiliza.

También resulta interesante reflexionar en el hecho de que en el mundo parece haber idiomas "de primera, segunda y tercera" categoría, como si el valor de las culturas que los produce tuviera menor o mayor valor...

Al respecto, platicaba con M. que, cuando tuvo un jefe Filipino, a este le daba pena expresarse en su idioma con otros trabajadores que también lo hablaban, pues, estando en un país ajeno, sentía que hablar en su idioma natal era degradante.

Sea cual sea el idioma que utilizamos, el lenguaje nos define y nos sirve para definir, categorizar, juzgar, evaluar, medir, comunicar y tantas otras cosas que conforman la razón y hasta la emoción humana.

D.

Carta abierta a un músico chiapaneco

Por la mañana escuchaba la canción compuso y que escuché por primera vez a principios de año. Me saltó la frase "Es tan sólo mi forma de ser, soy un nudo de inciertos". Dejé constancia en el Twitter (si, tremendo invento) de que venía pensando en ella...

Raro, como invocándolo, recibí por la tarde su correo.

Y entonces me fue inevitable recorrer, de regreso a casa, y como por descuido, aquellas calles que usted ha hecho suyas de tanto recorrerlas: me quedé mirando las calles de Tacubaya, como quien desea perderse, como quien está en busca de algo igual de incierto, pero igual de prometedor.

Y es que no puedo evitarlo... me da nostalgia pensar en todos los acordes de guitarra que nunca aprenderé a tocar, en todos los libros que no voy a leer, en todas las bocas que no me están predestinadas.

También, claro, le guardo su espacio entre piedras a las que si me han tocado en suerte (¿o en desgracia, se dice?) Cada gran amor conlleva su pequeña gran tragedia.

Y, curiosamente, una de mis tragedias pasa por Tacubaya: por el parque Lira, para ser más exacta, donde un día me perdí  para llorar una pena de amor y lloré tanto que sentí que me quedaría seca por dentro, sin más lágrimas, sin más suspiros, porque nunca amaría igual...

Incluso le guardaba rencor a aquel, porque llegué a decirme: "Si hoy murieran mis abuelos él ya me habría dejado sin lagrimas y ya no tendría ni una sola para llorarles".

Que maneras más curiosas de recordar tiene uno...

Señor poeta, a veces también recuerdo Motozintla, recuerdo esas calles que no conozco. ¿Raro? Ni tanto, uno vive tantas muertes, tantas vidas... y todas se van traslapando.

Por eso a veces se sorprende uno que dos amigos vayan pensando en una misma canción y luego escriban al respecto. Pero en realidad no es tan raro, ¿no cree? si todos hemos sido hechos de la misma materia de barro y sueños.

Una combinación que da que pensar, porque el barro es agua y tierra y los sueños fuego y aire.

¿Qué quiere que le diga?

Mis pensamientos vuelan hacia usted con la rapidez de una saeta.

Mis pies se mantienen pesados y, afortunadamente me he equivocado...

Aún me quedan lagrimas. Aún me queda mucha lluvia para llover besos.

Señor músico, quisiera decirle que mi plagio a su frase, "soy un nudo de inciertos" no fue alevosa. Más bien fue un tributo, aunque digan que esa es una forma muy vil de excusarse... Pero es cierto, nunca me he sentido tan bien descrita.

Ahora que me cuenta el origen de la frase, creo que en verdad mi vida en este momento no está tan anudada... más bien temo que sea la cuerda que se me escape de las manos, quemándome.

Hoy he visto un par de fotos mías y me he asombrado. No sé como decirlo, me veo cambiada. Me ve otra y me reconozco diferente. No se lo digo para que usted aclare mi desconcierto... si acaso lo digo para compartirle el hallazgo.

Hace tiempo que no recibo correos, los extrañaba. Es siempre un gusto saber de usted, mientras anda por aquellas tierras tan lejanas le envío un abrazo que se extiende y abarca a todos esos amigos a los que no les he escrito. Reciba usted ese aprecio de mi parte.

D.

Oaxaca

Cuando la palabrita Ixtepec se me metió en los ojos, se me quedó entre ceja y ceja... y le pregunté a mi mamá por el paradero de este lugar, como uno de esos tantos pueblos que se quedan en la memoria.

Y ella, que en su infinita sabiduría maternal ha caminado por este país lleno de dioses y demonios, me dijo que Ixtepec estaba en Oaxaca.

Y mientras imagino tus pasos caminando por la plaza, recuerdo mis andanzas en Huatulco y mis pasos en Puerto Escondido... y rememoro el sabor del chocolate de agua y el pan de huevo... Y pongo, por pura nostalgia Nayla...

Mientras te miro charlar con un hombre oaxaqueño, pongo la Sandunga, y miro rebozos, desde la comodidad tibiecita de mi cuarto...

¿Hará calor, hará frío?, ¿ a estas alturas de la noche dormirás o estarás despierto?, ¿te tomaste el mezcal un mezcal a mi salud o habrás olvidado con el alcohol todo, hasta tu nombre?

Mientras contemplo las fotos de la plaza, pienso en mis corredurías por Santa María del Tule y las carreteras de Oaxaca, curvas y curvas, que dejan ver pedacitos de un paraíso de sabores y tradiciones.

Recuerdo el naranjazo que me tocó en una fiesta que imitaba la guelaguetza y te imagino pelando una fruta, para hacerte el camino más alivianado...

Que ganas de comerse el mundo a gajos, de exprimirle el jugo a la vida, de recorrer los caminos que un día fueron del ferrocarril...

Me pregunto si habrás podido ver el manantial de Nizanda o si el trabajo te llevó a estar entre muros de adobe...

Creo que me he enfermado de nostalgia, contagiada por un aire de oaxaca que traías entre tus ropas.

D.

Abuelos

Hoy fui a casa de mis abuelos después del trabajo...

A diario paso por la calle en donde viven, de regreso a casa, pero casi nunca los visito.

Esta visita ya la tenía planeada, porque mi abuela quería enviarnos unos mangos...

Pero esta visita resultó particularmente emotiva, porque por la mañana me encontré a mi mejor amiga de la secundaria y me contó que su abuelo murió.

Su abuelo y su abuela eran danzoneros y tenían dos roperos llenos de ropa para ir a bailar...

Sombreros y corbatas de colores... zapatos de charol... y esa verdad que sólo otorga el tiempo.

Mi amiga pasa a diario por la funeraria donde se llevó a cabo el funeral...

Y cuando el metrobus pasó por enfrente, ella no pudo evitar mirar con impotencia el cristal.

Así que ahora que pasé por casa de mis abuelos, agradecí esa maravillosa oportunidad de poder abrazar a mis abuelos, de ayudarle a mi abuelo con la llave Allen, de cumplir el encargo de mi abuela de llevar mangos a casa...

Agradecí cada momento y aunque sólo iba a un encargo rápido, me quedé a platicar más tiempo con ellos.

Sirva esta breve entrada para agradecer a la vida por el privilegio de conocerlos, por la oportunidad de haber gozado de sus experiencias, historias, hasta inventos...

Estoy triste, pero contenta... pensativa, pero feliz. Y si, sé que mis abuelos no serán eternos. Ahora, justo ahora, tengo más claridad que nunca respecto a ello.

D.

La hora del parque

El año pasado me propuse ir diariamente a caminar al parque. Llegaron dos señoritas de la Secretaría de Salud a hacer una toma de signos vit...