Ayer estaba desvelándome y, antes de dormir, revisé mi correo...
¿Cuál fue mi sorpresa?
Encontrar un comentario de Santiago Álvarez Tostado, un cineasta de la Universidad Latinoamericana, en donde me compartía la dirección donde podía ver de nuevo un corto que reseñé en Abril, pues un accidente feliz me hizo poner atención a su obra: http://www.vimeo.com/6830500
Este tipo de hallazgos siempre me emocionan, pues me hacen pensar que el mundo es pequeñito y se toca en sus esquinas... Como cuando David Pedraza, de Serpiente Elástica, encontró otra reseña que hice de su también muy sabrosa obra blusera.
Aquí está la entrada que trajo a Santiago hasta el blog...
Así que si algún día reseño algo de Oscar de la Borbolla y él llega a dejarme un abrazo, me daré por bien servida... Jo, jo.
D.
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Capitán invierno
Entregada a rasgar las vestiduras de los paños negros
no sé que hacer con este tiempo de soledades, silencios, muertes.
No sé en donde resguardarme de las flores secas que llueven sobre los balcones.
Deben ser millones de recuerdos, agolpandose.
En esas noches que llamamos azúcar y thé.
En esas noches negras que llamamos misterio.
En esas madrugadas que te parten el sueño mientras recuerdas...
la luna sobre la plaza de Zacatecas y sus torres.
Y el murmullo de voces de duendes en Mérida.
Cuando la noche era blanca y te rodée en mi seno.
Pues sólo mi paz pudo guardarte de los fantásmas...
que cruzaron un país entero para perseguirte...
Duendes de colas rojas, rodeandote, entre pesadillas...
Tomando fiestas paganas para hacerte arder en llamas rojas.
Yo nunca salvé a nadie de la muerte.
Ni redimí con besos la saliva sanadora de tus labios.
Ven.
Vamos a buscar las cosas que nos quedan por romper.
Más lienzos negros, más noches oscuras, más tempestades.
A veces me imaginaba cruzando el cielo en cometas silenciosos,
en noches como está, cuando pensaba que tu carne era menos importante que tu alma.
En noches como esta, que me equivocaba.
Porque aún sin tener tu carne, sin tener tu alma,
sin tener un cometa para cruzar el cielo...
siento que mis tijeras desgarran el velo de la noche
dejan un agujero imposible de parchar...
un siete en el cielo, sin zurcido...
Y te miro alejandote de todo lo que era trino, cenzonte, primavera.
Pues serás el capitán invierno que cruce el país...
que dejé desoladas las sierras
y que haga que las faldas de las mujeres sean trocados por pantalones.
Porque eres el capitán invierno que invade Mérida, que cruza Chihuahua.
Porque eres el hielo de la barranca de cobre y de la cima del Orizaba.
Porque eres la escarcha de mi corazón, me matas.
D.
no sé que hacer con este tiempo de soledades, silencios, muertes.
No sé en donde resguardarme de las flores secas que llueven sobre los balcones.
Deben ser millones de recuerdos, agolpandose.
En esas noches que llamamos azúcar y thé.
En esas noches negras que llamamos misterio.
En esas madrugadas que te parten el sueño mientras recuerdas...
la luna sobre la plaza de Zacatecas y sus torres.
Y el murmullo de voces de duendes en Mérida.
Cuando la noche era blanca y te rodée en mi seno.
Pues sólo mi paz pudo guardarte de los fantásmas...
que cruzaron un país entero para perseguirte...
Duendes de colas rojas, rodeandote, entre pesadillas...
Tomando fiestas paganas para hacerte arder en llamas rojas.
Yo nunca salvé a nadie de la muerte.
Ni redimí con besos la saliva sanadora de tus labios.
Ven.
Vamos a buscar las cosas que nos quedan por romper.
Más lienzos negros, más noches oscuras, más tempestades.
A veces me imaginaba cruzando el cielo en cometas silenciosos,
en noches como está, cuando pensaba que tu carne era menos importante que tu alma.
En noches como esta, que me equivocaba.
Porque aún sin tener tu carne, sin tener tu alma,
sin tener un cometa para cruzar el cielo...
siento que mis tijeras desgarran el velo de la noche
dejan un agujero imposible de parchar...
un siete en el cielo, sin zurcido...
Y te miro alejandote de todo lo que era trino, cenzonte, primavera.
Pues serás el capitán invierno que cruce el país...
que dejé desoladas las sierras
y que haga que las faldas de las mujeres sean trocados por pantalones.
Porque eres el capitán invierno que invade Mérida, que cruza Chihuahua.
Porque eres el hielo de la barranca de cobre y de la cima del Orizaba.
Porque eres la escarcha de mi corazón, me matas.
D.
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