A diario, debo transbordar para tomar otra línea del metrobus, que me lleva de Insurgentes hacia el rincón del mundo donde vivo.
Lo cierto es que, pensando en Sliding Doors, a veces me quedo viendo como pasan los autobuses y los dejo pasar...
Porque quien sabe si el amor de mi vida vendrá en el siguiente.
O si encontraré un billete de $500.00 que compense la cartera que me robaron hace dos semanas.
O quizá alguien me ceda el asiento en el siguiente autobus.
Cierto, a veces sólo pierdo el tiempo por no tener ganas de llegar a casa.
O porque acusar al transporte público de llegar tarde a la oficina es un deporte nacional que me gusta practicar.
A veces creo que esta ciudad ya es inoperante y debería de ser dinamitada, con todo y sus líneas de metrobus y sus transbordos.
Otras veces agradezco los transbordos, porque me dan tiempo de soñar como sería todo, si fuera distinto.
D.
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