La resistencia

21 septiembre, 2018
Más o menos desde que empecé a hacer Home office tengo una cafetera individual.

Me explico: mi papá, consciente de que esas pausas para café derivan en un vaivén imparable de visitas a la cocina, me compró una cafetera Taurus de una sola taza.

Quien sabe que es una cafetera, sabrá que gran parte de su chiste es tener una resistencia que se calienta y sirve para que el agua esté lo suficientemente caliente para extraer lo mejor del café.

Bueno, esta resistencia sirve, en mi caso, sobre todo para ponerme agua para té y café.

De hecho nunca pensaría en mudarme a algún lugar sin mi cafetera.

Este año que mi cafetera ha rolado no a uno, a dos, sino a tres lugares (porque tuve que cambiarme de donde estaba yo muy feliz y muy cómoda) he notado que la cafetera tira mucha agua.

La razón por la que el agua se tira no la sé, pero el 70% del tiempo la cafetera funciona sin problemas, así que he resistido con la resistencia.

Lo cierto es que no siempre es igual de eficiente, así que solo queda achacarle las fallas al paso del tiempo.

Pero yo estoy contenta en mi nuevo hogar y me resisto a volver con mis padres, del todo.

Medio vuelvo, pero medio no vuelvo, porque volver con el alma marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien...

No, no por eso.

Si no por la paz mental que está en el fondo de meter la pata y saber que te harás cargo de ello.

Esa es mi propia resistencia y está bien.

D.

Abrazar la incomodidad

02 agosto, 2018
Han sido días muy incómodos.

Desde que mi muela empezó a molestar, no he parado de sentirme viva.

Ese dolor punzante te lo recuerda.

Ese vacío en el hueco de la mandíbula te lo recuerda.

Idas a médico, el olor a medicina en la boca, el despertar a media noche te lo recuerda.

Y aún así lo agradeces: porque sabes que sí estás haciendo algo.

Porque cambias tu alimentación para sentirte mejor. Porque cobras conciencia de lo que antes hacías de manera automática.

Porque ahora ves lo que comes, sientes lo que masticas y miras más y mejor cada paso que das para no arruinar tu inversión tropezando de boca contra la banqueta.

Esa incomodidad te mantiene alerta. La abrazas y la mantienes cerca, para que te recuerde:

- Que debes irte por la sombra
- Que no olvides cepillarte bien los dientes
- Que cuides lo que comes
- Que tomes tus medicinas a tus horas

Ya luego vendrá el olvido y el descuido y el desenfreno. (Siempre llegan)

Pero hoy abrazas la incomodidad y sabes que eso está bien.

Asomarse al pozo

21 julio, 2018
Alguna vez Y. citó esa frase en la que decía que "Cuando te asomas al abismo, el abismo te devuelve la mirada".

El otro día platicaba con D. que la terapia me parecía algo así: asomarse a la oscuridad y que esa oscuridad interior te devolviera la mirada.

La verdad creo que es un trabajo que uno debe hacer cuando esté listo. (Cuando el alumno está listo, aparece el maestro).

Así que empecé a ir a terapia. He sido una experiencia interesante. Me dejan tarea. La tarea me gusta, en general.

¿Qué tipo de tarea?

Casi siempre es hacerse preguntas. Estas me las encontré, pero es el tipo de cosas que me preguntaría:

1. ¿Dónde estabas emocionalmente hace un año?

Tenía muchas expectativas respecto a la posibilidad de irme a vivir a Guananjuato un mes. Me sentía optimista por mi equipo de trabajo nuevo y mi recién estrenado liderazgo. Estaba muy orgullosa de empezar a dar clases la la U.S.

2. Algo para agradecer y dejar ir

Quizá sea tarde, pero creo que ya debo de despedirme de la aventura Cervantina; pasé un gran rato persiguiendo molinos de viento.

3. Menciona cinco actividades que te relajan

1. Escribir (el sonido sobre el teclado me gusta mucho)
2. Bañarme con agua tibiecita y con perfumes, aceites o sales de baño
3. Ordenar o tener un sistema para dejar las cosas organizadas, por colores o con algún otro sistema
4. Romper papeles usados por los dos lados
5. Yoga

4. Describe la última vez que te divertiste y te hizo sonreír por días

Una clase para aprender a hacer pasta

5. Algo para mantener que te hace verdaderamente feliz

Mi gata  =<^.^>=

D.




Isla de perros

21 junio, 2018
Fui a ver la más reciente película de Wes Anderson y me pareció mágica y maravillosa por muchas razones, pero acá algunas de las que más me impactaron.

1. Es una película en Stop Motion: la técnica elegida por el director para contar esta historia es una de las más caras, detalladas y artesanales del mundo. La cantidad de fotogramas moviendo pequeñas piezas que se tienen que animar es ridícula, pero el resultado es muy bello.

2. Los personajes principales: niños y perros son un combo ganador, porque crean una gran empatía en la audiencia.

3. Los villanos son adoradores de gatos. Por lo cuál hay muchos gatos malignos. Siempre suma un gato maligno, porque tiene más personalidad.

4. En tiempos donde todos contra todos: En tiempos egoístas y mezquinos una película animada que habla sobre el triunfo de las fake news y la rivalidad del conservadurismo contra la ciencia es una gran temática.

5. Los colores, especialmente en el cuartel científico, son muy a lo Wes Anderson y los amé.

6. Los contrastes de blancos y negros: Son una maravilla y los escenarios apocalípticos en isla basura son geniales.

7. La manada: creo que una de las cosas que este año atinó a decirme Honeystarla fue que algo que me faltaba en la vida era la presencia de un grupo que pudiera llamar manada. Y sí, mientras reflexionaba en las venturas y desventuras de la manada en Isla de perros me daba cuenta que cada uno aportaba un sabor distinto al grupo. Admiré la manada.

Y bueno, hay quien critica que los personajes de la pelìcula hayan sido blanqueados para el gusto gringo o que las voces principales las hagan estrella sde Hollywood, pero hoy en día no se le da gusto a todos... La verdad es una película muy hermosa, conmovedora y tiene un sentido del humor negro y torcido que me agradó mucho.

Le daré 5 estrellitas y un beso de nariz perruno.

D.

It`s my party and I cry if I want to

Después de un mes de rumiarlo, ya puedo aceptar que mi cumpleaños fue muy trágico y decepcionante para mí; pero todo surge de tener expectativas sobre las cosas.

Resulta que yo quería planear una fiesta de karaoke con mis amigos, pero entre la mudanza y el viaje del que hablé acá, en realidad no me dio tiempo de planear nada.

Así que llegó el día de mi cumpleaños y mis papás me invitaron a desayunar; mi hermana no fue y eso me entristeció un poco, pero bueno, imaginé que partiríamos un pastel por la tarde.

Me fui a hacer compras para la semana y sobrevivir en el departamento, pero mis papás me pidieron que volviera a casa para la breve celebración familiar.

Regresé, efectivamente, pero como cada quien andaba en sus asuntos, en realidad sentí que no me prestaban atención y volví de muy mala gana a casa.

Luego tembló.

Hubo un debate de los candidatos a la presidencia.

También logré hacer funcionar el cable HDMI en la tele que me prestaron.

Lo que se gana. Lo que se pierde.

La verdad sigo con ganas de reunirme a festejar, tengo una de esas hambres de abrazos que no se calman tan fácil, pero en estos días en que un abrazo sincero no se encuentra tan fácil me siento un poco descolocada.

¿Qué fue de mi primer mes en esta nueva vuelta a la tierra? Mucho trabajo, aprender a separar porciones para cinco días de la semana, por fin me decidí a ir al dentista (me quitarán las muelas del juicio en una semana) y ya tendré (más) tiempo de quejarme.

D.

Sao Paulo: aquí se respira lucha

07 junio, 2018
Hace dos años quería conocer Argentina. Saqué mi pasaporte con la finalidad de planear mi viaje y comprar un boleto para fin de año.

Pero mi trabajo dejó de motivarme, empecé a buscar nuevas cosas que hacer y me sentía muy intranquila, así que al final no compré boleto, ni hice nada por viajar.

Después, el año pasado, decidí tramitar mi Visa americana: tener el pasaporte vigente ayudó a librarme de un trámite adicional, pero nuevamente no viajé, porque se movió de fecha el evento que iba a ir a cubrir.

Finalmente, este año regresé a un medio y nos invitaron a cubrir. Yo quería que fuera uno de mis editores, que no ha salido del país, pero le faltaba el pasaporte así que me propuse a ir en su lugar, porque esa alguna vez fue mi fuente.

Bueno, toda esta introducción para decir que mi pasaporte estaba en blanco desde hace dos años y podría haber seguido así... pero no.

Llegar a Sao Paulo fue una odisea porque son muchas horas de vuelo y me tocó un bebé que lloraba. Lloraba mucho. Se retorcía. Yo creo que le dolía algo porque eso no es normal. En uno de esos arranques demoniacos llegó a pegarle a su padre en la nariz y le causó tremenda hemorragia. Mira que los cabezasos son una cosa diabólica.

Además de horas y horas de llanto, vi un par de películas y luego medio dormí.

A ciencia cierta no sé cuanto dormí, pero creo que poco porque me la pasé comiendo en el avión.

Mi viaje en Sao Paulo también fue un poco accidentado: salvo el primer día que escapé con una colega mexicana y una chilena a un parque muy lindo ("QuesepareceaChapultepec" porque yo todo lo quiero comparar con Chapultepec) me la pasé trabajando en el Centro de Convenciones y lidiando con el trafico de Sao Paulo, que es una cosa tremenda. (Se parece al de la ciudad de México). No conocí el centro, ni sé los lugares turísticos, ni podría llegar sola al lugar donde me hospedé sin ayuda de Google Maps. Además Sao Paulo es una ciudad gigantesca, realmente enorme, como México...

Con la diferencia, quizá de que las calles que pasamos no son tan coloridas o pintorescas como las de acá. Se nota abundancia en muchos sitios y una pobreza lacerante y punzante en otros, como Latinoamérica es, pues... contrastante, diversa. Pero muchas construcciones me parecían grises, sin chiste, como cortadas con molde y pintadas a destajo. Incluso desde el avión, al despegar, me daba esa sensación. Todos me dijeron que debía conocer Río de Janeiro.

La gente fue amable y las personas en Brasil son bellas. Me asombraba las combinaciones genéticas que premiaron al país con gente tan guapa. Es un deleite a los ojos.

En cuanto a la comida estuvo bien, comí Sushi delicioso y un filete bueno (pero extrané ponerle salsa o comerlo en tortillas, no tengo remedio), el pan de queso es rico, pero no me enloqueció, como decían. Quizá me faltó probar más cocina regional.

Me quedé con ganas de conocer más ciudades de Latinoamérica, sentir ecos de lo que se siente cercano y distante, encontrarse y reconocerse en unas cosas, alejarse en otras. Fue bonito, pero corto. Duró 3 días.

El regreso fue mucho más tranquilo, escogí un lugar junto a la ventana y volé de día. Mientras aterrizábamos pude cantarle mi poema de amor y esperanza a esta ciudad que llamo mía.

Efraín Huerta/Declaración de amor/Fragmento 


"Ciudad que llevas dentro
mi corazón, mi pena,
la desgracia verdosa
de los hombres del alba,
mil voces descompuestas
por el frío y el hambre.

Ciudad que lloras, mía,
maternal, dolorosa,
bella como camelia
y triste como lágrima,
mírame con tus ojos
de tezontle y granito,
caminar por tus calles
como sombra o neblina.

Soy el llanto invisible
de millares de hombres.

Soy la ronca miseria,
la gris melancolía,
el fastidio hecho carne.
Yo soy mi corazón desamparado y negro. 


D.

La balada del autocuidado

A un mes de vivir sola puedo decir varias cosas:

- No tiene uno tanto tiempo libre como se imaginaría, aún viviendo a unos pasos del trabajo, hay muchos detalles que debe uno arreglar como ir por comida, cocinar, llevar la ropa a la tintorería, comprar cosas ridículas como una mopa... y al final el tiempo libre queda cortito.

- Los vecinos acá aún no los conozco, son super discretos. Si no fuera por pequeños indicios diría que vivo en un edificio vacío.

- Una vez me quedé afuera del cuarto por un lío con las llaves y la vecina de enfrente me ayudó a entrar así que ya la conocí, hasta en bata. (Me da ternura, me recuerda a mi tía).

- No se me dan para nada los arreglos domésticos, ya me estuve peleando con un sencillo clavo para poner mi espejo y con la plomería del lavabo.

- Eso sí, ya aprendí a usar la lavadora de acá y toda mi ropa huele a suavizante sin tener que parecer húngara en plena mudanza acarreando ropa sucia por toda la ciudad.

- Aún no tengo un protocolo para recibir a las visitas: un día hice sándwiches y otro palomitas, pero la verdad siempre me siento inadecuada e incómoda.

- Mis papás no han venido a pararse por acá desde que me dejaron con mi computadora y yo solita puse los tornillos de mi tele, lo que me dio un pequeño sentimiento de logro. Luego le pedí prestado al jefe un tablero de corcho y allí pongo la lista de compras y las postales de Brasil. (Porque me fui a Brasil, pero ese es otro cuento que debo contar en otro día, porque acá va de mi primer mes viviendo sola).

- Hice drama en mi cumpleaños y eso también da para otro post, pero mi abuelita me regaló una postal que resume en forma muy ideal lo que siento en mi interior en esta etapa de mi vida y no creo que sea para nada malo, al contrario. La postal tiene flores y una bicicleta, en una de esas la subo y luego habrá postales de Brasil y estamos hechos.´



D.