He escuchado que a veces lo que nos "Choca, nos checa" y que el temor también llama a las cosas.
Resulta que entre mis múltiples confrontaciones ideológicas, está la paradoja dinero-frivolidad-felicidad.
De acuerdo a lo que me han enseñado toda la vida, el dinero no hace la felicidad, ni tampoco las frivolidades y comodidades que pueden adquirirse con dinero.
La felicidad, por otra parte, es un concepto más elusivo, que tiene que ver con la realización de objetivos concretos, con instantes en que te das cuenta de que todo está fluyendo con armonía.
Y últimamente no logro hacer que las cosas fluyan, pues me he enredado en lagunas mentales sobre que será mejor; he dejado de hacer, pero también me he puesto nuevos objetivos, que se están materializando.
No estoy muy segura de conocer esta nueva que soy. Me siento acosada por los demonios de lo que alguna vez renegué, por cierta frivolidad que criticaba.
Cómoda, sí, pero no del todo; realizada, sí... en algunas cosas y en otras en proceso. Estudiando y aprendiendo cosas nuevas, sí... pero no convencida de que sean las que quiero para llegar a mis objetivos. ¿O será necesario plantearse nuevos objetivos?
Ayer me confrontaron directamente y mirándome a los ojos me preguntaron: ¿Pero no estás negada a aprender más de esto?
Y yo dije que no. Que me parecía interesante.
Y es cierto.
Sólo que esta que soy, esta a la que le parece interesante, no es la misma de hace un año y me siento extraña, acomodándome a mi nueva piel.
Aún así creo que no tengo una respuesta definitiva, pues la felicidad (tan esquiva) sólo se alcanza con el equílibrio y aún estoy lejos de eso, acosada por mis demonios y peleando contra mis fantasmas.
Mostrando las entradas con la etiqueta Pelear. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Pelear. Mostrar todas las entradas
Laberinto
Estoy segura de que en otra vida fue arquitecto, pues forjaba en su boca un auténtico laberinto donde mi lengua se perdía, donde mis labios vagaban por horas, días, años, entre las paredes duras y los retos imposibles de cruzar charcos y mares llenos de humedades y salivas.
Creo que nunca quiso darme la llave de su encanto, ni abrirme un pasaje hacia sus sueños. Siempre guardó secreto y vigiló como un cancerbero sus más profundos pensamientos, sus más sigilosas intenciones.
Fue, sin embargo, un amante discreto y se atrevió a perderme el respeto en más de una ocasión...
¿Qué pude darle yo, en mis torpezas, sino esa muda compañía que doy, esa sonrisa torcida, ese suspiro que no es palabra, ni duda, ni reclamo, sino todo lo contrario?
Nada.
Soy una mala amante, mala novia, mala amiga, mala lo que sea y aún así, creo que parte de todo ello es porque soy muy buena y no se pelear.
Y todos saben que, en el fondo todos buscan un buen contrincante.
Sea en el ajedrez, en el baile, en cualquier juego de azar... Y yo nunca he sabido resolver el laberinto, ni jugar a las vencidas, ni elegir el color de las paredes.
Me pierdo entre la duda si esa será la salida del laberinto o sólo otro beso...
Por ello, en días como hoy, que recuerdo su boca, que siento que en sus brazos pude vislumbrar un pedazo de infinito me dan ganas de haber sido más valiente y cruzar a nado ese espacio en el que sólo me dejé flotar, hasta alejarme de la costa que era la salida...
Quizá hacia otro laberinto, más profundo, en su corazón.
D.
Creo que nunca quiso darme la llave de su encanto, ni abrirme un pasaje hacia sus sueños. Siempre guardó secreto y vigiló como un cancerbero sus más profundos pensamientos, sus más sigilosas intenciones.
Fue, sin embargo, un amante discreto y se atrevió a perderme el respeto en más de una ocasión...
¿Qué pude darle yo, en mis torpezas, sino esa muda compañía que doy, esa sonrisa torcida, ese suspiro que no es palabra, ni duda, ni reclamo, sino todo lo contrario?
Nada.
Soy una mala amante, mala novia, mala amiga, mala lo que sea y aún así, creo que parte de todo ello es porque soy muy buena y no se pelear.
Y todos saben que, en el fondo todos buscan un buen contrincante.
Sea en el ajedrez, en el baile, en cualquier juego de azar... Y yo nunca he sabido resolver el laberinto, ni jugar a las vencidas, ni elegir el color de las paredes.
Me pierdo entre la duda si esa será la salida del laberinto o sólo otro beso...
Por ello, en días como hoy, que recuerdo su boca, que siento que en sus brazos pude vislumbrar un pedazo de infinito me dan ganas de haber sido más valiente y cruzar a nado ese espacio en el que sólo me dejé flotar, hasta alejarme de la costa que era la salida...
Quizá hacia otro laberinto, más profundo, en su corazón.
D.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
La hora del parque
El año pasado me propuse ir diariamente a caminar al parque. Llegaron dos señoritas de la Secretaría de Salud a hacer una toma de signos vit...
Acerca de mí
-
Cuando empecé la idea de llevar un blog, con otra dirección, lo llamé "Calle melancolía" y allí sí explicaba la razón del título d...
-
Debería de existir una regla de las tres citas Que a la tercera se defina y dejen de jugar al "veremos" O. M. La regla de las tr...
-
Hace rato escuchaba a Nina Simone y mi papá salió a reclamar que pusiera música de mariachis, porque es la conmemoración del comienzo de la ...
