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Laberinto

Estoy segura de que en otra vida fue arquitecto, pues forjaba en su boca un auténtico laberinto donde mi lengua se perdía, donde mis labios vagaban por horas, días, años, entre las paredes duras y los retos imposibles de cruzar charcos y mares llenos de humedades y salivas.

Creo que nunca quiso darme la llave de su encanto, ni abrirme un pasaje hacia sus sueños. Siempre guardó secreto y vigiló como un cancerbero sus más profundos pensamientos, sus más sigilosas intenciones.

Fue, sin embargo, un amante discreto y se atrevió a perderme el respeto en más de una ocasión...

¿Qué pude darle yo, en mis torpezas, sino esa muda compañía que doy, esa sonrisa torcida, ese suspiro que no es palabra, ni duda, ni reclamo, sino todo lo contrario?

Nada.

Soy una mala amante, mala novia, mala amiga, mala lo que sea y aún así, creo que parte de todo ello es porque soy muy buena y no se pelear.

Y todos saben que, en el fondo todos buscan un buen contrincante.

Sea en el ajedrez, en el baile, en cualquier juego de azar... Y yo nunca he sabido resolver el laberinto, ni jugar a las vencidas, ni elegir el color de las paredes.

Me pierdo entre la duda si esa será la salida del laberinto o sólo otro beso...

Por ello, en días como hoy, que recuerdo su boca, que siento que en sus brazos pude vislumbrar un pedazo de infinito me dan ganas de haber sido más valiente y cruzar a nado ese espacio en el que sólo me dejé flotar, hasta alejarme de la costa que era la salida...

Quizá hacia otro laberinto, más profundo, en su corazón.

D.

En falta

Cuando notamos la falta de alguien o algo en nuestra vida, podemos percibir que es cubrir esta falta lo que nos haría felices. Sin embargo, al no haber algo que nos falte, el sentimiento de la desazón es increíble y permanente, puesto que no hay causa aparente de la dolencia y el vacío.

Es entonces que tenemos que reconocer que este vacío nace de nuestra propia insuficiencia, de nuestra propia insignificancia como seres humanos imperfectos y solitarios.

Cuando nos enamoramos y tenemos a la idea alcanzar el amor de esa otra persona, enfocamos todo nuestro interés y nuestra fuerza en lograr nuestro objetivo… Si no se realiza, o se realiza en forma en que no estemos del todo convencidos con el logro, podemos seguir luchando, peleando, soñando con el momento en que nuestro anhelo se cumpla.

¿Pero si nuestro anhelo se viera realizado…? Si el amor tocara a nuestra puerta y le abriéramos, sólo para que se instalara en nuestro corazón, como un alien que se deposita en el centro de nuestro pecho, sin poder sacarlo, sabiendo que nos consume y nos ata.

El sentimiento de peso dentro del cuerpo, la certeza de que el amor que vive en nosotros es ahora un huésped permanente, que sólo podrá salir cuando estalle nuestro pecho en un montón de vísceras sanguiñolentas.

Sigue uno nadando, sigue uno viviendo, sin saber si realmente esta vivo o lo que vive en ti te ha poseído. Vas día a día intentando nadar, sabiendo que vas a hundirte… Porque nada te falta, nada te alienta a seguir adelante.

La hora del parque

El año pasado me propuse ir diariamente a caminar al parque. Llegaron dos señoritas de la Secretaría de Salud a hacer una toma de signos vit...