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Regalos

Desde que empecé a trabajar cada año que empieza compro regalos para mi familia; hay pocas cosas que me hagan más feliz que el poder ofrecerles un poquito de alegría y bienestar. 

Este año dedicaré el día de mañana a envolver los regalos y he estado pensando en el significado de los envoltorios: el sentido de anticipación que acompaña el descubrimiento del regalo bajo el árbol. La sonrisa de cuando uno atina al regalo correcto.

También hay veces en que no le atino.

Que este año esté lleno de regalos, que la vida le atine a su talla. 

Que valga la pena la espera.

D. 

Cloud Atlas: siguiendo el cometa entre las nubes

Llegué a ver Cloud Atlas sin ideas preconcebidas. En primer lugar no había visto cortos, en segundo lugar el título no me decía nada y en tercer lugar: pensé que el protagonista era Tom Cruise y no Tom Hanks.

Fue una sorpresa.

No me refiero sólo a la aparición de Tom Hanks en lugar de la cara de Tom Cruise. Sino las historias que integran la película, las caracterizaciones y el espíritu fresco que se desprende de la experiencia de ver la primera cinta del 2013 en el cine.

Tengo ganas de la trivia del Oscar que organiza Ale Séptimo Sentido, pero sobre todo tengo ganas de regresar al cine, así que fue una excelente forma de empezar el año.

Para mí, Cloud Atlas tiene todo lo que necesita una película: personajes entrañables, amor, acción, te deja pensando, te hace reír... y visualmente está muy bien pensada.

Debo admitir que en momentos de la cinta casi me gana el llanto, pero es que ese día en particular andaba con el oído sensible para escuchar algunas cosas que se escuchan entre líneas: ¿Qué caso tiene pelear, cuando todo parece ir en contra, cuando incluso el mismo destino parece ponerte contra la pared? ¿Tienen nuestras acciones un eco, alguien escucha las pequeñas decisiones que tomamos a diario, los pequeños actos de bondad que acompañan nuestros días?

Yo creo que esta película nos llena de esperanza y nos recuerda que, aunque temporalmente el cielo esté cubierto de nubes, más allá de lo que vemos existen grandes montañas que permanecen fijas y bellos cometas que nunca dejan de moverse.

El que no veas algo, no quiere decir que no esté allí, en algún momento y podrías encontrarlo... a la vuelta de la esquina.

Cinco estrellitas. 

D. 


De Bodas y esperas

Esperó muchos años para esta noche. La noche antes de su boda. Y mañana, todas esas consejas familiares se habrían cumplido. Tanta espera, tanta anticipación, tanto buscar. Y esta era la noche antes de firnar "El papelito". Compromiso de por medio, con Epístola de Melchor Ocampo y todo. Los alcatraces ya esperan en la sala y el pastel será comprado apenas unas horas antes. Las bodas me ponen triste y feliz, pero más bien triste; quien sabe si eso del amor verdadero exista o si sea una invención lejana e imposible de asir con un papelito y un arreglo de alcatraces. Hoy pasé el día viendo estadísticas del deterioro de poder adquisitivo en México, las negras perspectivas de las elecciones del 2012 y una que otra alusión a que la esperanza, el trabajo y la buena voluntad nos sacarán adelante. No sé que pensar al respecto, pero... mañana hay una boda en la familia y estamos en la espera. D.

El camión de la basura

En Twitter, donde la principal ocupación es conceder estrellitas por ocurrencias de menos de 140 caracteres, mi frase más celebrada es una metáfora sobre el amor.

"El amor es como el camión de la basura: pasas demasiado tiempo esperándolo, se va demasiado rápido y cuando llega sueles estar en chanclas".

Quizá esto le parezca extraño a quien goce de un servicio eficiente de recolección de basura, pero para mi, que no tengo ni uno ni lo otro, resulta evidente que... no puede uno confiarse.

Sin embargo yo ya estoy harta de perseguir al camión de la basura (y al amor, de paso) en chanclas.

Ojalá pudiera uno hacer algo con esta acumulación de besos que se le están pudriendo a uno en la boca, sin tener a quien entregárselos.

Estoy muy cansada, cansada. Como si llevara varias cuadras persiguiendo al camión de la basura, con el calzado inadecuado.

Me voy a sentar en la banqueta, ya me cansé de correr.

D.

La historia de Filiberto

No sé de dónde venía Filiberto, pero yo me lo encontré en la parada del metrobus.

Filiberto se había sentido seducido por la bata blanca de una mujer que, de acuerdo al estampado de su bata es podóloga o trabaja en una clínica de podología.

Ya había visto antes a esta mujer en particular, pero nunca había visto a nadie como Filiberto y aunque quise tomarle una foto, la verdad creo que desaproveché el momento.

Espero poder describir a Filiberto, aunque la verdad creo que su belleza me dejó impactada y no podría hacerlo bien...

Sus pequeños ojitos amarillos parecían hacerme guiños coquetos y el reborde de su cuerpo era rojizo, mientras que su piel y sus patitas eran verde claro, simulando una hermosa y brillante hojita nueva. También su cuerpo tenía forma de hoja, una hoja perfecta y alveólada, como un corazón móvil, verde, tierno y maravilloso.

Claro, eso no lo noté hasta después, porque de reojo sólo vi un bichito.

Y quise treparlo a mi mano, por lo que sin mucho tacto puse mi dedo en la bata de la señorita (o señora o seño, para no errar) y ella volteó, preocupada:

- Es que tiene un  bichito en la bata...- Dije, tratando de poner gesto de persona amable, para que no me reprochara mi terrible inclinación hacia los bichos.

Una vez transferido a mi dedo, Filiberto se portó amable, pero recordé que no había zonas verdes dentro de la estación y se me hacía una descortesía terrible depositarlo en la banqueta del metrobus, condenado a una muerte segura.

Igual la muerte de Filiberto estaba predicha desde antes, pues como todo ser vivo los bichos con forma de hoja van a morir y antes tendrían que alcanzar su forma adulta, reproducirse y asegurar que habrá más bichos en forma de hoja...

Pero como era muy temprano para pensar en dilemas existenciales, decidí mover mis pies hasta el parque más cercano, que quedaba exactamente a unos 300 metros de distancia, en línea casi recta, pero para eso había que salir de la estación del metrobus.

Debido a que ahora soy más pobre que una cucaracha (sin agraviar a los parientes de Filiberto) me dio algo de remordimiento salirme del metrobus ya habiendo pagado mi pasaje... pero bueno, finalmente me decidí a empujar el torniquete.

Estuve tentada a decirle al policía "¿me deja entrar en un momento? sólo voy a devolver a este bichito al parque y vuelvo", pero se me hizo que sería sumamente sospechoso, además de que no es de mi agrado hablar con figuras de autoridad.

Caminé (confieso) con poco cuidado por la calle y crucé el pasacebras sin mirar el semáforo, ocupada sólo en darle vuelta a mi mano con rapidez suficiente como para que Filiberto no se cayera.

Pero él no tenía intención en caerse, porque parecía encontrarse muy entretenido en contar las pecas de mi mano. (Dichoso él, que las encuentra entretenidas)

Tardé un poco en llegar hasta el parque, porque iba pensando en que seguramente no encontraría al amor de su vida en ese lugar y moriría sólo, abandonado, estéril, lejos del lugar donde nació.

En esto pensaba hasta que me di cuenta de que estaba ya frente al parquecito aquel, de columpios desvencijados y rejita verde que veo diario, pero dónde nunca me detengo por estar demasiado lejos de mi parada del metrobus.

Bajé mi mano para dejar a Filiberto en el pasto y vi como se alejaba despacito, reconociendo su nuevo entorno.

Al dejarlo allí sabía que no lo volvería a ver nunca, que quizá lo condenaba a otro tipo de muerte, ya no aplastado, pero quizá si comido. Cual fuera, sería una muerte distinta, entre árboles y hojas, entre arañas y hormigas, quizá digerido en el estómago de un pájaro. No lo sé, nunca lo sabré.

Regresé pensando en los reducidos espacios que tiene la naturaleza para crecer en esta ciudad, en los dilemas de la vida y la muerte, en el karma, en la imposibilidad de encontrar el amor, en que quizá Filiberto se encantó con la novedad de una bata blanca y se alejó demasiado de casa.

Regresé pensando en que soy pobre como un ratón y hasta gastar 5 pesos me apura.

Regresé contenta y triste, porque miles de las cosas que quisiera resolver no se pueden y miles de las soluciones que se me ocurren no sirven de nada.

Regresé, pero parte de mi se queda contigo, Filiberto, pequeño bichito color hoja, dulce pedazo de mi alma que viviste sólo para hacer nacer en mi la ternura de un instante efímero.

Te quise mucho, Filiberto.

D.

Neptuno

Marmol café
Granito gris
El Nescafé exacto
para lograr la mezcla perfecta.

Felino

No permita la Virgen que tengas poder
sobre lágrimas, pozos, heridas...

Vacíos enormes que crecen alimentándose de pequeños vacíos.

Silencios que se comen otros silencios

y aterrizan en un páramo muerto,

de tristeza aséptica en cada rincón.

De - Sol - HAdos

Mu - Dos.

Tan azul como la voz del rey del mar.

D.

Harry Potter o la dificil transición hacia la gran pantalla

Siempre que tomaba clases de apreciación cinematográfica en algún momento se planteaba la duda de ¿es posible llevar un libro a la pantalla grande de forma exitosa?

Los ejemplos de desastres eran muchos...

Los de éxitos muy pocos...

Y aún así, como parte de los retos de nuestro mundo alocado, esta práctica es cada vez más común...

Y en uno de esos experimentos Harry Potter...

El último libro de la saga de J. K. Rowling era un reto por donde se viera: después de tantas entregas el furor de los fanáticos que han leído y no la novela se tenía que desbordar.

La decisión fue partir la última entrega en dos...

Y esta primera parte intenta reflejar la desesperación que cunde en el reino mágico al desatarse la fuerza de los poderes maléficos: cuando el hastío de los héroes y su impotencia se muestra al máximo, pues están en un marasmo que los aisla además de sus seres queridos.

Es difícil retratar 120 páginas de inacción en 20 minutos de pantalla...

El mediano éxito de esto se expresa en la primera parte de la última película de HP: Las Reliquias de la muerte...

¿Mi parte favorita? Donde Hermione cuenta la historia de los tres hermanos y las Reliquias de la muerte... Un gran trabajo.

Cuatro estrellitas por hacer el intento... y a ver que pasa en la siguiente.

D.

Reflexiones desde el café de la Sirenita

Hoy pasé cerca de una hora enfrente de uno de esos cafés de la conocida marca que tiene una sirena... Esperaba a una amiga y pensaba en los muchos temas de los que quiero escribir algún día. Los iba anotando en mi teléfono celular, mientras tenía paciencia.

Luego se me acabó la paciencia y me puse a pensar en algo que últimamente es inevitable para mí. ¿Cómo he llegado a fastidiar todas las relaciones humanas que me parecen importantes?

Bueno, no todas. Las románticas, principalmente. Las amistosas también, tampoco soy miss simpatía. Pero sobre todo me molesta que nunca sé actuar de manera correcta. Me siento en medio de una paradoja de Bart Simpson. "Malo si lo haces, malo si no lo haces".

Al final mi amiga si llegó, elegantemente tarde y me la encontré en el metrobus, cuando ya subía yo, derrotada por los demonios de la impaciencia.

Y en cuanto llegó empezó a decirme que su vida emocional también estaba devastada.  Aunque profesionalmente está muy contenta y cosecha éxitos diarios, sigue sin entender que rayos pasa...

Ella me contó que está leyendo ese libro de "Los hombres son de marte y las mujeres de venus" y que a diario le sirve para torturarse, pensando en todas las cosas que hizo mal en su relación anterior.

No le dije que yo pienso que esos libros son una terrible perdida de tiempo... pero bueno, mientras hablaba me acordé en la frase de Sartre, "nunca se ha creído en tanto, como ahora que no creemos en nada".

Así que, ante la duda, pongo a su consideración amable lector...

¿Debería leer yo ese libro? ¿Le gustaría a usted encontrar una reseña de mis andanzas en la tierra de la autoayuda? ¿O mejor sigo trabajando en los seis temas que anoté en mi celular antes de sacar mi látigo de autoflagelación?

Duda existencial, como de costumbre.

D.

La sonata del diablo

La inspiración o las musas, son un bien esquivo. En mi familia tenemos esa mala costumbre de postergar las cosas hasta que llega el momento de la inspiración...

Pero ayer escuché una historia (que ya conocía, pero ahora escuché la anécdota completa) que me hizo pensar en el origen de esta inspiración...

Es la anécdota que cuenta el origen de "Il Trillo del Diavolo", de Giuseppe Tartini, un violinista y compositor del siglo XVII, que era reconocido por su virtuosismo musical.

Tartini soñó un día que el diablo se rendía a sus pies y empezaba por cumplirle todos sus caprichos: no había una petición que satanás no cumpliera. Lo tenía en la palma de la mano.

Entonces, a Giuseppe Tartini se le ocurrió pedirle al mismo Luzbel: "Toca para mí una melodía de amor".

Entonces el diablo tocó una melodía... la más hermosa que Tartini hubiera escuchado en su vida. Al terminar la música, Tartini despertó sobresaltado e intentó volver a escribir lo que había escuchado en sueños... sin éxito. "Hubiera querido romper allí mismo mi violín, de la frustración. Sé que nunca podré replicar la belleza de esa melodía que escuché en sueños.

La pieza que compuso lo hizo famoso y la historia hizo que la pieza cobrara un significado especial...

Sin embargo, el saber que nunca podemos tocar lo que soñamos, es una frustración humana que he sentido... me encantaría que al amanecer, las bellas historias que sueño estuvieran a un lado de la cama, mecanografiadas, con esos colores, tramas, texturas que se pierde en la vigilia.

Y aquí, para su disfrute, la sonata:

Lilia Carrillo: una ventana a la abstracción lirica

Este lunes tuve ocasión de asistir a una conferencia en Casa Lamm de la maestra Gloria Hernández, donde expuso parte de su extensa investigación sobre la vida y obra de la pintora mexicana Lilia Carrillo.

Algo interesante del planteamiento de Gloria Hernández respecto a Lilia Carrillo es que la toma como punto de partida para la reflexión sobre los temas que a ella le interesan; por ello no es de extrañar que la pintura abstracta de Carrillo sea el eje del cual se desprenden una serie de afirmaciones propias de la maestra Gloria Hernández sobre el significado de la propia existencia.

Como pintora, Lilia Carrillo no ha sido tan reconocida como otras luminarias del arte pictórico del siglo XX en México; en parte porque su obra es mayoritariamente abstracta, por lo que se requiere un poco más de disposición de parte del espectador para acceder a la obra. No resulta igual que mirar una casita con un arbolito...

Sin embargo, bajo una mirada más minuciosa de los cuadros de Lilia Carrillo, surgen reflexiones interesantes, puesto que son obras que te invitan a que aportes tu granito de arena para reconstruirlas; más allá del titulo, que a veces suele dar pistas de por donde entrar a la obra (como en el caso que da título a esta entrada, "La ventana", que tuve el gusto de ver y hasta analizar con lupa).

Creo que al terminar la conferencia todos nos quedamos con más dudas que respuestas, pero eso es una señal positiva, creo yo, porque el ponente que sabe despertar la duda y la curiosidad en sus escuchas, es una persona inteligente y provocadora, justo como deben ser los artistas...

Al menos eso creo yo, pero claro, este blog también es una obra abierta.

D.

Personas del pasado

En un rato iré a ver a quien fuera mi asesora de tesis... Desde mi examen profesional no la he visto. Supongo que me enrolé en un montón de cosas que nada tienen que ver con la academia y descuidé lo poco o mucho que pude haber avanzado en esa relación.

Me siento un poco nerviosa al respecto. Finalmente la nuestra es una amistad más bien profesional; lo cual implica que hay muchas cosas que me reservo; quizá por eso me sentía a gusto trabajando con ella.

Es una mujer muy inteligente y admiro muchas facetas de su personalidad, pero algunos de los caminos que sigue no son compatibles con mi forma de pensar... Por un lado, tengo la esperanza de que en estos dos años sin vernos haya tomado algunas decisiones trascendentales, que estaban pendientes para ella... me entristecería que no fuera así.

Por otro lado, también me inquietan sus preguntas... seguro querrá saber que he hecho durante estos dos años desde que soy "licenciada"; me pregunto si sabré responder, si habrá algo en la forma en que mueve la cabeza o sonríe que me diga que piensa al respecto más allá de lo que en realidad dirá...

¿Habré cambiado mucho en dos años? ¿Habrá cambiado ella? Mi cabello es más largo... me pregunto si mis ideas serán más cortas...

D.

Escrito en un mantel de restaurante

Domeñar el olvido y buscar desconcierto
orientar el sigilo a los mundos más raros.

Aguzar los sentidos y sentir lo imperfecto
arañar sólo el ruido del misterio de lo incierto.

Afanarse del todo en burlar la distancia
olvidar hasta el modo de vencer la nostalgia.

Arrullar el camino que trazó el desamparo
y vigilar los motivos que me hicieron trazarlo.

Arriesgar los papeles y quemar toda nave
fisgonear en los libros y urgar en las sabanas...

Encontrar al intruso en la sopa de letras
rasguñar lo difuso y salir a volar cometas.

Arribar al olvido y dormir en lo muerto
arroparse en las sombras de los bosques desiertos.

Reseñar cada hoja de los árboles de otoño
murmurar disculpas en los lagos más hondos.

Ir rezando responsos en las esquinas del cuaderno
y olvidarse del otro en la boca del infierno.

Esperar para siempre como si no hubieras vuelto,
arruinar el espacio que compartiste en mi cuerpo.

Clausurar cada voz y tragarme las vocales
olvidarse, olvidarte y olvidar que termino...

Recoger las papeletas y buscar en las esquinas
la mirada secreta del papel con llovizna.

D.


Influenza: una razón para anticiparme a mi cumpleaños

En realidad espero seguir viva para el 20 de mayo, día de mi cumpleaños.

Pero quien sabe.

También espero que ustedes sigan vivos.

Y todos mis amigos y familiares... incluso espero que la gente que nada más conozco siga viva para ese día.

Pero quien sabe....

¿Cómo va a preveer uno esas cosas?

Igual y un carro acaba con nuestras vidas antes o resulta que la influenza nos alcanza.

Por si acaso, no estaría mal que me fueran dando mis regalos de cumpleaños, no vaya a ser...

Ya después no podré detenerme a oler las rosas.

Por lo menos, si alguno de ustedes va a realizar sus compras de pánico, podría aprovechar el viaje para comprarme un regalito (no digamos algo ostentoso, podría ser una caja de chocolates, un cerdito de peluche, un tapabocas de diseñador, no sé... algo bonito)

Yo creo que si fue mérito sobrevivir a este año, porque en junio del año pasado tuve una super crisis personal, en diciembre casi me despiden, en enero me di de baja yo sola en la oficina y ahora vivo en estrés constante por los resultados del examen de maestría...

Pero he sobrevivido.

Y si merezco regalos de cumpleaños, por lo que si usted tiene dudas sobre las cosas que puede regalarme, consulte la siguiente lista, super útil:

- Libros (esos nunca fallan conmigo, cualquiera que sea estaré feliz... No les garantizo que seré feliz al terminar de leerlo, pero si lo leeré)
- Discos: películas, series, música (pueden fallar, pero aunque sea así son fáciles de envolver y útiles en caso de alerta epidemiológica)
- Invitación a tomar un café (en cuanto los abran de nuevo)
- Invitación al cine, teatro, concierto (en cuanto reanuden actividades)
- Recargas electrónicas para mi teléfono. (El crédito se me acaba el domingo y me aburro mucho en casa, con epidemia y sin mandar mensajes)
- Una recomendación para laborar en algo, aunque sea un voluntariado, tampoco me pongo tan exigente. (si, ya me estoy aburriendo, Erich Fromm tenía razón "El miedo a la libertad")
- Un poema, postal o correo enviado por correo electrónico para felicitarme. (Ya de perdis, pero con buenas intenciones, de esas veces en que se nota que la persona se acordó)
- Una entrada en su blog, cantandome las mañanitas y deseando que el año que empieza para mí sea menos accidentado.

Debido a que el año pasado hice una fiesta que terminó en un caos... (Un muermazo, según los Sims) esta vez no me arriesgaré (además de que, por ser un acto publico, podría ser declarado zona de riesgo).

Pero si se les ocurra alguna cosa que no ponga en peligro nuestras vidas, me apunto.

D.

El hundimiento del Banana Split

Hoy llegué a un conocido restaurante, donde me encontraría con una de mis amigas.

Pedí un Banana Split, mientras esperaba, con la esperanza de mantenerme entretenida...

El Banana Split es una de esas obras de la ingeniería repostera que, pese a su simpleza técnica, tiene un par de retos.

Por un lado... ¿Cómo se hace para partir el platano sin desparramar el helado?

¿Cómo se evita que los tres sabores de helado se mezclen?

Y finalmente, pero no menos importante... ¿Cómo esperar que uno se quiera comer aquello, si se ve tan bonito?

El caso es que, mientras esperaba, me puse a enviar un par de mensajes de texto, con la esperanza de poder comer mientras mi amiga platicaba algún episodio de su vida, de esos que te hacen reir o llorar, pero que definitivamente cambian con la presencia de helado de chocolate...

Pero mi amiga no llegaba.

Le quité una fresa al decorado, con la finalida de cerciorarme de ese dicho, de que no hay nada más snob que comer fresas en invierno...

Y mi amiga no llegaba...

Le di un cucharazo a mi helado de vainilla, porque le creo a la Baby Malibú cuando afirma que todos nuestros problemas pueden ser olvidados con ese remedio mágico...

Y mi amiga no se presentó.

Así que ya con un poco de más mal humor, comprobé que en el tiempo que esperé parte del helado de chocolate se había derretido y derramado del platoncillo de cristal con forma de barco. (Nota mental: cuando sea ama de casa desesperada debo comprar platoncillos en forma de barco, se ven lindisimos)

El celular de mi amiga fue robado hace poco, así que hasta el momento no sé donde ande, ni cual fue el motivo que le impidió ir a compartir el Banana Split conmigo (y la cuenta).

Pero el hundimiento de tan bonito postre me hizo pensar en la fragilidad de algunas cosas...

Las amistades, así como los helados, requieren atención constante.

D.

Final de temporada

Acaba de terminar mi serie favorita, pero como me llamaron a la mitad para un drama de la vida real, ni me pude concentrar y tuve que sorber unos cuantos mocos, en la intención de que mi madre no se me quedara viendo, pero aún así se me quedo viendo.


Fue el final de la temporada.

Después de todo, en los finales de temporada hay revelaciones emocionantes, cosas que uno no se esperaban, posibilidades morbidas...

Hoy es noche de San Juan y dice mi amiga Veritos que hay que quemar las cosas viejas (yo me adelanté un poquito) pero ojalá en verdad pudiera deshacerme del pasado. (La mierda que arrastramos sin remedio, dice Sabina)

Ahora, me imagino que habrá que esperar un rato antes de que empiece la nueva temporada (suele ser así) para que veamos las nuevas caras, los rostros familiares, los hermanos mellizos que salen del closet al mismo tiempo... yo que sé.

Me choca esperar. Pero ahora está bien. Sé que la nueva temporada traerá otraos misterios misteriosos a mi vida.

D.

La historia de la espada...

Para Yareli, of course.


Ella fue a buscar un disco: Candy de The Jesus and the Mary Chain.

Él la siguió.

Ella revolvió entre sus cosas.

Él le dijo: - Tengo que hablar contigo...

Ella lo miró con ojos abiertos, como esperando algun discurso.

- Quisiera que fueras más dificil conmigo. Siempre te has entregado entera. ¿Recuerdas aquel libro de "El Peregrino" en donde le entregan la espada y él la toma? Entonces le dicen que se equivocó, que nunca debió tomarla, porque aún no la merecía. Así me siento. Siento que aún no te merezco. Que necesito ganarte, que necesito que estés orgullosa de mí. Si eres para mí, si realmente lo eres, estarás allí. Tengo que pensar que estarás allí. ¿Me esperarás?

Ella tomó el disco y lo puso.

Le gustaba The Jesus and The Mary Chain.

Nunca había leído a Pablo Cohelo.

D.

La serenata de los perritos

En Veracruz hay una especie de lagartijas amarillas a las que la gente les dice "Perritos", en otras partes se les conoce como Tlaconetes. Esos perritos hacen un ruido muy gracioso, como un pitido continuo, que te arruya en las noches.

Dicen las leyendas que una mujer embarazada no debe dormir en un cuarto con perritos, porque se te meten al vientre y tu hijo sale con los ojos amarillos, como de espanto.

También dicen que los perritos les roban el alma a los niños.

Lo cierto es que si los tocas su piel es irritante, pues tiene una sustancia tóxica.

Algunas veces me quedaba en la casa de mi abuela escuchando el canto de los perritos, pensando en donde estarían escondidos para escapar de las escobas. En mayo son muy frecuentes y para los meses de Junio, los ves en las paredes blancas, estirando sus patitas, en un esfuerzo por sacarse el calor del cuerpo.

Sus ojitos son negros y brillantes. Me gustan mucho.

Siempre estuve esperando enamorarme de alguien allá, para que me llevara serenata en las noches calientes y recibirlo con una bata blanca muy transparente.

Pero nunca me enamoré de nadie, ni nadie se enamoró de mi.

Y la única serenata que recibí fue la de los perritos.

D.

Fumigar

Estan fumigando la oficina. No sé si exista alguna regla sobre la fumigación en viernes, pero ya terminé lo que tenía pendiente, así que si por mi fuera, ya estaría viendo el atardecer desde la comodidad de alguna terraza... como la del Majestic, por ejemplo, tomando chocolate de quince pesos con una vista inmejorable...

Pero no, estoy acá, escribiendoles esta entrada, sobre la percepción laboral originada de que mi tercer cheque será expedido hasta la próxima semana...

También considero las inquietudes que me provoca este escozor que sube por mi garganta, una especie de nausea dolorosamente presente, cada vez que resoplo una bocanada más de aire, mientras intento mantenerme conciente, mientras trato de seguir hilando palabras, mientras jalo aire... halo... sorbo, aspiro, como si en respirar se me fuera el alma, como si el aire que me rodeara no contuviera veneno...

Si, quizá intentan desmoralizarme, pero me resisto a ello, dice uno de mis compañeros que debo de ser extraterrestre... lo cierto es que ya no salto de felicidad cuando llega alguien a entrevista:

- ¡Antes aplaudías, Mayra!

Ja.

Bueno, ya no aplaudo. Ahora me limito a caminar, como cuando caminas por la cuerda floja, hasta llegar a la siguiente quincena o hasta la otra orilla...

¿Dónde estará la otra orilla?

D.

Crónica de un desencuentro

Sé que le prometí a Anel que pondría la "Crónica del viaje que nunca hice". De hecho la corregí para su publicación. Pero por el momento me la saltaré y pondré primero esta otra.

Crónica de un desencuentro

Confieso que cometí un error al no pedirle al Maestro Jorge su número telefónico.
Francamente no lo pensé, hasta que llevaba un rato esperandolo...
Pero segura de la calidad literaria del material de lectura que llevaba, me dejé llevar de la mano de Giovanni Sartori por un mar de críticas bien asestadas a la cabeza del hommo videns. Era una deuda histórica por saldar: tantos años en la carrera de Ciencias de la Comunicación sin haber leído completa la crítica a "La sociedad teledirigida"... Semestres enteros simulando, haciendo creer al amable auditorio (profesores, compañeros de clase... incluso amigos) que ya había pasado lo que ellos consideraban "Bibliografía básica..." Pero no.
No fue hasta ayer que decidí abrir el libro que reposaba en mi estante... desde hace más de un año, cuidadosamente envuelto en celofán. Y hoy, al salir de la clase, una vez instalada junto a las puertas de la biblioteca lo abrí, como quien busca las revelaciones en los papiros del mar muerto... No encontré eso... pero me entretuve un rato, hasta que noté que ya iba en el capítulo seis y no se veía ni rastro del Maestro.
¿Me había equivocado de lugar, de día, de hora, de facultad, de ciudad, de planeta? ¿Era que estabamos destinados a nunca encontrarnos, entre las mil, dos mil, tres mil, enésimas mil posibilidades que nos ponía el destino en las narices? ¿Acaso tendría yo un repelente a los jugadores de squash o él un radar que lo hacía evitar comunicólogas que no tenían en su conocimiento la bibliografía básica del curso?
Todo eso pensé, con la velocidad misma del pensamiento y sabrá dios que habría seguido pensando si no hubiera llegado mi amiga Laura, a quien no esperaba encontrarme a esa hora y tampoco en ese lugar... a quien ya me imaginaba empapelada en su escritorio tristisimo, pauperrimo y escondido de TV UNAM donde labora como becaria.
- ¿Qué haciendo a estas horas? - Preguntó ella, con la familiaridad de quien ya sabe mi nombre y no anda a ciegas por el mundo, preguntandose si seré la escultural morena de curvas peligrosas o la sencilla y carismática chica con cara de bibliotecaria...
- Pues aquí... - Y relaté la historia que ya es conocida por mi lector.
- ¡Ah! Pero ya son las 12... - Pues sí...- Y con mi pausada y ecuánime voz, que ha marcado estilo le dejé un recado al Maestro en la puerta amarilla de la biblioteca, con letras rojas y caligrafía mixta:
Jorge: Te esperé hasta las 12, pero tuve que irme. Luego platicamos.
D. S.

La hora del parque

El año pasado me propuse ir diariamente a caminar al parque. Llegaron dos señoritas de la Secretaría de Salud a hacer una toma de signos vit...