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La sonata del diablo

La inspiración o las musas, son un bien esquivo. En mi familia tenemos esa mala costumbre de postergar las cosas hasta que llega el momento de la inspiración...

Pero ayer escuché una historia (que ya conocía, pero ahora escuché la anécdota completa) que me hizo pensar en el origen de esta inspiración...

Es la anécdota que cuenta el origen de "Il Trillo del Diavolo", de Giuseppe Tartini, un violinista y compositor del siglo XVII, que era reconocido por su virtuosismo musical.

Tartini soñó un día que el diablo se rendía a sus pies y empezaba por cumplirle todos sus caprichos: no había una petición que satanás no cumpliera. Lo tenía en la palma de la mano.

Entonces, a Giuseppe Tartini se le ocurrió pedirle al mismo Luzbel: "Toca para mí una melodía de amor".

Entonces el diablo tocó una melodía... la más hermosa que Tartini hubiera escuchado en su vida. Al terminar la música, Tartini despertó sobresaltado e intentó volver a escribir lo que había escuchado en sueños... sin éxito. "Hubiera querido romper allí mismo mi violín, de la frustración. Sé que nunca podré replicar la belleza de esa melodía que escuché en sueños.

La pieza que compuso lo hizo famoso y la historia hizo que la pieza cobrara un significado especial...

Sin embargo, el saber que nunca podemos tocar lo que soñamos, es una frustración humana que he sentido... me encantaría que al amanecer, las bellas historias que sueño estuvieran a un lado de la cama, mecanografiadas, con esos colores, tramas, texturas que se pierde en la vigilia.

Y aquí, para su disfrute, la sonata:

Los quince minutos del despertador

Afortunadamente sólo dos días a la semana entro a las 9:00 a la oficina.

Esos días uso el despertador.

El despertador es uno de esos inventos muy útiles que ha creado el hombre para odiarlo cordialmente y llegar a sus compromisos.

Yo lo programo quince minutos antes de la hora en que debo de levantarme, porque siempre lo apago y me recuerdo a mi misma: sólo tienes 15 minutos más para estar en la cama, aprovechalos.

A veces tomo esos quince minutos y hago algo inusual, como maquillarme o tomarme la molestia de hacer un omelette de champignones.

Otras veces me vuelvo a dormir (eso no siempre resulta bien, una vez me desperté de nuevo cinco minutos antes de la hora en que debía salir de casa)

A veces estoy despierta, tomando conciencia de los ruidos de afuera: si alguien entró al baño, si alguien ya está despierto preparando el desayuno.

Esos quince minutos son una oportunidad.

Son un regalo, cortesía de mi desesperado despertador.

Un momento antes de saltar a la realidad y hundirme en el día tomo aire.

Quince minutos de aire para todo el día.

D.

La hora del parque

El año pasado me propuse ir diariamente a caminar al parque. Llegaron dos señoritas de la Secretaría de Salud a hacer una toma de signos vit...