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El mundo es un teatro y nosotros sus actores...

Creo que no lo he conmentado aquí... pero cuando tenía 15 años tomaba clases de teatro.

Yo siempre he sido un poco introvertida, pero recuerdo esas ocasiones como jubilosas oportunidades de ser quien no era, decir parlamentos ajenos a mi vida y explayarme...

Ahora, lo veo como algo ya muy lejano y sé que en realidad nunca tuve ese talento natural que se requiere para las tablas histriónicas..

Pero alguna vez mi maestro de teatro nos recordó esa frase de Shakespeare, en Enrique Tercero: El mundo es un teatro y nosotros somos sus actores...

Generalmente, cuando salía a escena, el miedo propio de sentir el peso de los ojos del publico era un aliciente, me sentía ligeramente intimidada, pero luego, el pensar que me observaban me hacía sentir importante...

- ¡Pero mamá! Te he dicho miles de veces que sólo voy al cine con Eugenia... - Era una de mis líneas.

Tenía 15 años y siempre hacia el papel de la adolescente, de la pastora, de la joven ingenua, de la criada respondona...

Recuerdo aún algunos de mis parlamentos y antes de decirlos tenía que detenerme un momento a pensar...

¿Con que intención digo esto? ¿Que me van a decir después? ¿Y bajo que circunstancias debe ser esto dicho?

Claro, en el teatro no había problema... lo podías repetir una y otra vez, hasta que cada una de las palabras tuviera el peso que deseabas darle... el tono, la significación, el gesto, la modulación. Hasta que te parabas en la esquina correcta del mundo para decir lo que querías decir...

Pero cuando vas en un tren en movimiento, como es la vida, cuando los oídos que te escuchan están a centimetros de ti y los ojos que te miran parecen clavarse en tu alma...

¿Como se puede uno concentrar en los parlamentos? Como puede uno decir lo que tenía pensado decir...?

Lo he pensado... Incluso he buscado las palabras exactas que dirían exactamente lo que pienso, en el entendido de que es siempre mejor decir las cosas que guardarlas, hasta que se te hagan herrumbre sobre el alma...

Sólo que a veces se me complica decir los parlamentos.

D.

El peso específico de las palabras

Desde niña me han gustado las palabras. Creo que fueron de mis primeros juguetes, a falta de algo más mordisqueable, esponjoso, jugoso, deleitable...

Me gustaba como crujían con el verbo crujir y como murmuraban, borboteaban o gorjeaban en mi boca, según fueran apareciendo.

Aún me gusta dejar que tomen significados nuevos y se escapen.

Mi tío dice que una vez, a los cinco años, le inventé una historia con marcianos verdes. Yo no me acuerdo de nada de eso, pero dicen que siempre he cantado y recordado canciones con bastante facilidad, con la facilidad de una rocola ¿quizá?

Con el tiempo me dijeron que ese juego que tenía yo con las palabras era peligroso, que cada palabra tenía un peso específico, una densidad, número atómico, Mol y otras específicaciones técnicas... Me dijeron... Hay palabras que estallan, hay palabras que hacen daño, hay palabras rebuscadas en las que te pierdes, como por ejemplo... Intríncado.

Hay palabras que provocan guerras y otras que hieren en el ego, hasta que el alma se desangra presa de algun misterio.

Y yo les hice caso y reduje mi vocabulario a un par de palabras y dejé mis experimentos con ellas por un rato... Y estudie comunicación para aprender a domeñar las palabras, para saber como hacerlas brincar por un aro, para domesticarlas como se domaría a un tigre pequeño, a una fiera que ha sido despojada de la ternura de su madre y es llevada entre barrotes, donde no sabe nada, nada... No conoce nada, nada... Y no sabe que hay una selva de letras allá afuera.

Pude haber estudiado Letras.

La verdad es que me dio miedo y me sentí incapaz de contravenir la opinión de mis padres que me advirtieron del peligro de buscarse "profesiones sin futuro"

Antes hacía poesía. Bueno, intentaba... la verdad la poesía es algo muy complicado de entender, sólo sentía que era como dejar volar a un elefante... O permitirle bailar ballet, para recurrir a una imagen de Fantasía...

Lo bonito de estudiar comunicación fue... la posibilidad de vivir una vida doble, en el límite de las cosas, entre las palabras químicamente puras que se combinaban en una mezcla exacta, como H2O... Y las posibles explosiones a las que me arriesgaba a diario...

Combinando Bromuro con Clepsidra, o Dromedario con Astrolabio...

Esas mezclas explotaban en mi boca y me hacían pensar en ese mundo que vislumbro a girones, quizá un mundo menos predecible, pero también deseable.

Yo pienso... pienso muchas cosas, pero hasta el momento no he podido dejar de caminar en el borde entre los dos mundos, el ordenado y el caótico. También en eso había pensado y también lo olvidé alguna vez...

D.

La hora del parque

El año pasado me propuse ir diariamente a caminar al parque. Llegaron dos señoritas de la Secretaría de Salud a hacer una toma de signos vit...