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Un cargamento de camisas a rayas

Mi abuela tiene una obsesión por las camisas a rayas. Le gustan en todos los colores y frecuentemente me envía...

No discrimina entre rayas gruesas y rayas delgadas...

No le importan las combinaciones de colores y suele ser atrevida en sus elecciones.

Pero suelen ser camisas a rayas... y yo me las pongo.

Porque sé que para ella es importante que uses lo que ella te regala, porque sé que no sabemos cuantos años más podremos estar con ella `y porque a veces es mejor ponerse una camisa a rayas que andar pensando "que me pongo".

Mi hermana me hace burla cuando llega un nuevo cargamento de camisas a rayas; pero me gusta pensar en todas las pequeñas cosas que una blusa simboliza.

D.

En mi pasado

Así que vas a entrar en mi pasado...
y ser sólo una sombra
y ser sólo un instante...

Y dormirás por las noches a tu hijo
(¿se llama Pablito, Pepito, Astor, Emiliano...)
y le cantarás canciones de cuna
con esos labios que he besado...

Así que vas a entrar en mi pasado
y tus manos tocarán otros rostros
y murmurarán palabras dulces,
voces que se escuchan, resonando
esas voces que llaman al deseo, al amor, a los milagros.

Así que recorrerás calles, avenidas
y ya ninguna de ellas tendrá mis pasos:
mi nombre se ahogará en ese mar de rostros, de nombres
de quien te ha tocado y ha consumido en ti sus besos...

Así que vas a entrar en mi pasado
en ese laberinto incierto
que se forma en el hueco entre una de mis orejas y la otra
ese matorral, este desierto, este pantano
de calles que susurran, de lobos que aullan...

Ya no habrá especulaciones de mi parte
de si algo te habrá pasado, si tus llamadas se espacían
si extraño el roce de tus manos...
Es lo bueno de entrar en mi pasado:
todos los bordes se suavizan, todos los recuerdos se filtran
y nos quedamos sólo con lo grato.

Así que vas a entrar en mi pasado,
en ese recinto exacto donde guardo
un puñado de canicas de colores,
dos mil nombres que recuerdo, casi exactos,
ciento veinte lugares preferidos
y cuarenta lugares poco gratos...

Así que vas a perderte entre las sombras
y a ser un eco, una sombra, un milagro
de esos que cuelgan en las iglesias
sin que el resto de la gente sepa que ha cambiado...

Pero aunque entres en mi pasado
debería agradecerte lo que has transformado:
una huella que en la playa no se borra,
un beso que queda en los labios, fraguado a fuego,
imborrable, intenso, mágico.

Así que entras a la lista de canciones de mi Ipod
y a las lágrimas que derramo por las noches
y guardo en un frasco, para beberlas los días de calor,
porque no hay que ser desperdiciado...

Así que te borras de mi vida
y te distancias, sabiamente, de esta loca
que no puede distinguir un beso de un hasta pronto...
Pero aunque entres en mi pasado
y te alejes...
Aunque sea lo que es...
te escribo esto.

D.

Un mundo de papel

Ayer, mientras iba en el metrobus, miraba por la ventana las calles...

Los nombres se iban sucediendo y volví de nuevo los ojos a mi libro de Bolaño.

Pensaba en como las calles que él describía se habían transformado, hasta que de ese espíritu que él plasmaba en letras no quedaba casi nada...

O quizá si, ese mundo de papel, de alas delicadas, mariposa disecada para el estudio de unos cuantos.

Hace poco leí que dos o tres intelectuales decían que el arte en México seguía siendo elitista...

Elitista.

Que curiosa palabra.

Me pregunto si es una palabra para los desterrados o realmente un halago.

La gente que tiene acceso a los mundos de papel, a veces se pierde de esos otros mundos...

Justo eso pensaba ayer, mientras le rascaba la panza a tres gatos (casi simultaneamente, aunque eso es dificil).

Vivo en un mundo de papel, con un montón de palabras que saltan (como gatos) y se enroscan.

Hay ropa en la tina de la lavadora... y yo sigo oliendo el perfume de mis flores de papel, en este miundo que he construído a modo, para sentarme en cómodas sillas decoradas con trazos de grafittis urbanos. Mundos inventados en bits y bytes. Mundos de acceso cerrado, elitistas, pero solitarios.

A veces me siento la Rampunzel de la Torre de Papel.

No ha llovido y pienso en que en algún momento quedaré varada en un montón de papel maché, mojado y turbio, con trazos de tinta...

De vez en cuando pesco una conversación de esas que están en el mundo real. Estibadores que regresan a casa y recuerdan borracheras. Mujeres que discuten con sus novios por teléfono. Aquella amiga que quiere adoptar un bebé de su prima, que se embarazó a las 14 años.

Historias que me dan ganas de manipular, hasta volver algo manejable. Fragmentos de la realidad que no puedo digerir sin inventar de nuevo.

Elitista...

Me pregunto si elitista será una de esas palabras eufemísticas, para los que no podemos lidiar con el mundo y tenemos que inventarnos otros.

¿Eso es el arte, me pregunto?

¿Eso era?

Manejar el dolor, el ácido de la vida con unos guantes...

Los ojos me queman, me escoce la piel la realidad y el tiempo.

Quisiera encontrar las palabras justas para decir las cosas buenas: te quiero, te amo, eres mi verdad, mi todo. Pero también me da miedo, porque esas palabras, en el mundo real, también son frágiles y se quiebran.

D.

El hombre que no eres

Amo al hombre que no eres, cuando me dices las palabras que nunca escucho.

Disfruto la suavidad de las caricias que no me das, en esas noches sin sueño que no paso a tu lado: cuando la luna no llega al cuarto y el reflejo de tu cuerpo desnudo no se encuentra en mi espejo de la mesa de noche.

He llegado a disfrutar de manera constante el hueco de tu respiración, cuando no exhalas más sonido que el murmullo de tus labios, susurrando "duerme".

Luego despierto y el hombre que no eres está preparandome el desayuno: ha puesto pan a tostar y saca un frasco de mermelada de esa que no tengo en la alacena que no es mía...

Para que recuerde, con desdén, que me aguarda el café de la oficina y salgo sin que la sombra del hombre que no eres me mande un beso, volado, desde lejos...

Porque no tengo reloj en la oficina y tampoco quien me prepare el desayuno. Ni cocina, ni tostadora, ni besos volados.

Llego tarde pensando en que no estarás, en el lugar de siempre, cuando tu silencio me corte y me retrase, mientras archivo, acomodo, reviso el correo y hago llamadas de siempre; cuando no seas cortés, ni te despidas, ni saludes, ni me mires, ni me beses, ni me extrañes, ni me pienses, ni me escuches, ni me leas, ni me respires, ni me sientas.

Cuando simplemente no seas todo lo que eres, todo por lo que te amo, eso que no eres.

Y cuando no pases a buscarme a la oficina y no me digas: ¿Que tal, amor, te ha ido bien, te doy un masaje, te llevo a casa, te invito al cine, te llevo a cenar, vamos a un hotel? Te ves muy linda, que guapa estás, la noche es corta... "

La noche es corta, más corta si no estás, cuando no eres, que no seas no me duele. Lo que duele es amar siempre al hombre que no eres. Amar siempre al hombre que no es.

Amar es lo que duele.

D.

Tomar por asalto el paraíso

A veces me decido a saltar las rejas.

Camino por los bordes de las banquetas con e- qui - li - brio.

La precisión es mi ayuda.

Vine a tomar por asalto el paraíso y no haré concesiones.

¿Para quien habría de hacerlas?

¿Para quienes me dijeron que ningún sueño se realiza?
¿Para quienes me miran de reojo?
Nunca supe ensartar las cuentas claras...
y nunca dejé el chocolate espeso.

A veces miro las vidrieras y junto con los dedos las gotas de agua.


Quedan sucios los cristales, pero no el alma.

Me siento opaca algunas noches, y sacudo las sábanas para dejar volar a los ácaros en nubes de polvo.

Pa

ra

ca

ídas...

¿A quien debo pedirle perdón si he venido a tomar el cielo por asalto?

Me lo gané a pulsos. (Si, jugando a las vencidas con un marinero y un capitán)

Ahora bailemos hasta el amanecer.

D.

Sería fantástico...

Para mi amiga Mitzi, por lo mismo de siempre:
los recuerdos...
Y para Mar... por la malteada que le debo.

Sería fantástico...

Que las personas no nos decepcionara, que la fila del banco fuera corta, que el corte de cabello siempre nos sentara bien y que los primeros zapatos que te prueban fueran los de cenicienta.

Sería hermoso encontrar el amor verdadero y que las verdades que creíamos de niñas fueran ciertas... como cuando salíamos a comprar esquimos en el mercado y nos escapabamos de pinta con el propio director de la escuela.

Hace poco pasé por el mercado de la Romero, como a las 11 de la noche. Pensé...
Inevitablemente, como siempre, pensé en ti.

Pasé en la bicicleta de un amigo frente a la Secundaria.

Me di una vuelta equivocada en la Avenida Neza... pensé también en Hervin y en que muchos de los sueños que tenía entonces no se cumplieron, pero he soñado nuevas cosas desde entonces.

Sería fantástico que nuestros sueños se cumplieran, pero si no se cumplen, nos queda la esperanza de seguir soñando, cosas nuevas, siempre cosas nuevas.

Las personas nos descepcionan, pero sólo porque nosotros permitimos que lo hagan... quizá a veces esperamos demasiado.

Yo creo que todo tiene que ver con el deseo... con lo que deseamos y lo que creemos desear... lo que pensamos que nos hará felices y cuando lo abrazamos, era un sueño.

Pensé que terminar la tesis me haría feliz, ahora sólo creo que era un escalón más en el camino, no la cima de una montaña.

Creía que tener un trabajo sería fuente de prosperidad y es fuente de preocupaciones distintas, diversas, de nuevas formas de relacionarme, de nuevas formas de descepcionarme. Pensé que amar...

Bueno, amar, como yo lo entiendo... Es una forma de postergar el deleite de verse, por breve tiempo, para torturarse por el mayor tiempo posible, en el que no ves al otro, pero presientes su cercanía en cosas cotidianas...

¿Qué es de mi vida, preguntas? Deseo incumplido y ansia de vivir mañana, para seguir soñando. Te mando un abrazo,

D.

Del vacío en la boca del estómago...

Quisiera hablarles del vacío en la boca del estómago, de las nostalgias, de las derivas, de los fracasos, de los naufragios, de las salidas, del ir y venir de los cuerpos, del sudor, la sal y la saliva...

Quisiera hablaros de la distancia, del ardor, de la tierra mojada, la lluvia, las plantas que crecen en las banquetas, pese a todo, y me conmueven.

Quisiera que supieran de mi rabia, de mi desdicha, del dolor que tengo, de la astilla, de la espina, del carbón que arde dentro de mi cuerpo, consumiendome como leña tibia, que aún no muestra llama, pero se quema.

Pero no hay forma de sacar eso a palabras... No hay forma. Ya me puse contra la pared fría y me torturé con un lazo punzante, como queriendo exprimirme entre la sangre esa pus negra que llevo dentro, ese veneno asqueroso que tiene mi cuerpo, llenandome de tristeza el alma. Yo quise, de verdad, mudarme de barrio, ser otra...

Simplemente tengo miedo, ¿saben? El miedo debería de poder olerse. A veces siento que la gente lo huele y eso es lo que les repugna y atrae. A veces siento que es eso lo que hacen que me miren con infinita compasión o lástima. A veces hace que me hagan un mimo como a un venado con la pata coja... a uno de esos caballos con la pata torcida, quizá... a los que hay que darles un tiro en lugar de mirar sus ojos acuosos.

A veces creo que alguien debería tener esa misericordia conmigo. Pero la gente se detiene a mirarme con un poco de lástima...

- Es que no te sabes comprometer...

- Es que no sabes lo que quieres...

- Es que desperdicias tu talento...

Y ya me canso de escuchar mis propias excusas. Si ellos no saben que tengo un demonio dentro. El demonio del miedo. Si ellos no saben de la tristeza sin razón que me invade a veces, ¿que se puede hacer con la nostalgia cuando ya es un mal crónico y sin motivo aparente?

¿Que otra cosa se puede tener en este mundo aparte de miedo? Fe, esperanza, caridad... todas las virtudes teologales recitadas a dedillo para salvarnos, como si fueran una tabla, una llanta de hule inflada y amarilla en medio de la tormenta...

No, no es nada... no me tiren por la borda. Dejenme que pase la noche, ya mañana veremos si me sigue este dolor en la boca del estómago.

No, no me hagas caso... es que ya sabes como soy cuando desvarío. Además estas lejos y te extraño.

D.

La hora del parque

El año pasado me propuse ir diariamente a caminar al parque. Llegaron dos señoritas de la Secretaría de Salud a hacer una toma de signos vit...