Mostrando las entradas con la etiqueta Creer. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Creer. Mostrar todas las entradas

Ocùpate del alma, dijo el gordo vendedor de carne

Su vestimenta era blanca, pero encima tenía una capa morada, que lo cubría casi por completo. Su voz era clara y llenaba con facilidad todo el recinto, logrando arropar a la amplia concurrencia.

En el discurso habló de la mortificación de la carne, del sacrificio, de la paz que viene con la ligereza del alma, de la ventaja de desligarnos de las ataduras.

Y sólo me libró de aquel ensueño la certeza del tintineo de la canastilla de limosnas, que contrario a lo que uno pensaría, era ostentosa, grande, ruidosa, imposible de ignorar.

La luz entraba suave y desvanecida, como entre celdills, como si estuvieramos en un panal gigantesco donde las abejas dejaban una gota de miel, cada una, libada, lista para ser consumida con avidez por aquellas moradas y grandes, zumbantes voces, que llamaban a la paz, al perdón y la reconciliación.

Es mentira que dude de dudar.

D.

Bautismo

De los sacramentos de la iglesia católica, apostólica y romana, el único que he recibido ha sido el bautizo.

Aunque yo quería bautizarme a los 30 años, como Jesús, mi abuela tuvo otros planes y me bautizó a los ocho años, aunque mi madre puso cara de resignación y mi padre ni siquiera estuvo en la ceremonia.

Mi abuela temía que mi alma ardiera en el purgatorio por esa rara idea de mis papás de dejar que eligiera la religión o convicción espiritual que mejor me conviniera cuando tuviera uso de razón.

Mientras, mis padres me enseñaron valores que considero universales como la honestidad, el respeto y la tolerancia a las ideas de otro, el tocar la puerta antes de entrar y el usar calcetines antes de ponerme tenis (Mar dixit).

Lo cierto es que el catolicismo me parece una religión muy pintoresca y como es de las que más puedo estar en contacto, se me hace bonita, pero...

Me hubiera gustado elegir mi ropón.

En aquella ocasión, de mi bautizo, me vistieron de blanco y me hicieron caireles. Por la edad, más bien podría haber sido una primera comunión...

Recuerdo el agua bendita en mi frente. No ardió el lugar, ni olió a azufre, ni nada así. No sentí que ningún cambio verdadero se produjera en mi después de eso... Ningún espiritu demoniaco dejó mi alma... (O quizá se resistió y sigue aquí, no estoy segura).

Lo recordé hoy, que vi a una de mis sobrinas recibiendo el sacramento del bautismo. Ella, total desconocedora de que con ese ritual sus padrinos se comprometían a educarla en la fe católica, a guiar sus pasos, a protegerla en caso de que sus padres faltaran y, sobre todo, el gran compromiso: dar "el bolo" a la multitud de niños que se apiñaban afuera de la iglesia.

El ajetreo de la fiesta dejó de lado a mi sobrina y a su ropón blanco; sólo fue el pretexto perfecto para que mataran a un cochino y corriera la cerveza.

Mujeres atareadas echaban tlacoyos de frijol enormes al comal, mientras su madre corría de un lado a otro, esperando que todo estuviera a punto. Ella lloraba, sin que nadie la consolara: todos estaban ocupados.

Su papá terminaba de poner enormes bocinas, para que todos en la calle notaran que estaban de fiesta. Sus tías inflaban globos de colores y las bolsas de regalos rosas se seguían acumulando en la puerta de entrada.

Los hombres de la familia brindaban, una tras otra cerveza, hasta olvidar el motivo del festejo. La religiosidad se perdió en el fondo y después sólo se escucharon canciones profanas, multitud de dimes y diretes, chismes al por mayor, apreciaciones sobre las condiciones de la casa y la fiesta de los anfitriones.

Recuerdo que, al terminar mi bautismo, mi abuela me regaló un agua de horchata y nos fuimos a su casa a ver la tele. Hace poco mi abuelo me dijo "oye, encontré entre los documentos de tu abuelita tu fe de bautismo, ¿cuando vienes a recogerla?"

Aún no sé si iré... Mis padres me educaron para que no azotara las puertas, pero aún no decido si unirme a las filas católicas, apostólicas y romanas. Esas fiestas siempre me dejan demasiado que pensar.

D.

Inexacta

Para olvidar este absurdo sueño de parir quimeras,
quiero recordar esa nostalgia...
Sueño con las serpientes rojasque una vez rodearon tus manos,
atrapando, eso que llamabas vida o muerte.

Cuando creías que vivir era eso,
eso de hacer fluir tu sangre,
eso de sentir latir la herida...

Ahora que el frío te cala los huesos
y mis quimeras surcan los mares,
creo que he cumplido mi designio
de ser la madre de sueños y pesadillas.

A veces me quedo helada frente a los autos
y sus luces me sorprenden como a un conejo:
quisiera que todo instinto de sobrevivir desapareciera,
que de una vez se lleve la muerte mis deseos.

Sólo el deseo me mantiene aquí,
me mueve de un sitio a otro,
vil marioneta de mi propio hedonismo.

Atada a este absurda vocaciónde saberme soñadora irredenta...
Esto de idear escenarios fantásticos, con café, leche, galletas,
en mundo de besos sin filas,
donde no tienes que esperar para que llegue el por siempre.

Donde amar no cuesta la vida,
donde vivir no mata,
donde la sangre fluye sin cesar
y no quedan cicatrices en las heridas.

Soy un conejo en medio de la carretera
deslumbrada por las luces altas
y si me preguntas como me va sin tí,
te diré... muy bien,
sigo siendo como era,
inexacta.

D.

Sería fantástico...

Para mi amiga Mitzi, por lo mismo de siempre:
los recuerdos...
Y para Mar... por la malteada que le debo.

Sería fantástico...

Que las personas no nos decepcionara, que la fila del banco fuera corta, que el corte de cabello siempre nos sentara bien y que los primeros zapatos que te prueban fueran los de cenicienta.

Sería hermoso encontrar el amor verdadero y que las verdades que creíamos de niñas fueran ciertas... como cuando salíamos a comprar esquimos en el mercado y nos escapabamos de pinta con el propio director de la escuela.

Hace poco pasé por el mercado de la Romero, como a las 11 de la noche. Pensé...
Inevitablemente, como siempre, pensé en ti.

Pasé en la bicicleta de un amigo frente a la Secundaria.

Me di una vuelta equivocada en la Avenida Neza... pensé también en Hervin y en que muchos de los sueños que tenía entonces no se cumplieron, pero he soñado nuevas cosas desde entonces.

Sería fantástico que nuestros sueños se cumplieran, pero si no se cumplen, nos queda la esperanza de seguir soñando, cosas nuevas, siempre cosas nuevas.

Las personas nos descepcionan, pero sólo porque nosotros permitimos que lo hagan... quizá a veces esperamos demasiado.

Yo creo que todo tiene que ver con el deseo... con lo que deseamos y lo que creemos desear... lo que pensamos que nos hará felices y cuando lo abrazamos, era un sueño.

Pensé que terminar la tesis me haría feliz, ahora sólo creo que era un escalón más en el camino, no la cima de una montaña.

Creía que tener un trabajo sería fuente de prosperidad y es fuente de preocupaciones distintas, diversas, de nuevas formas de relacionarme, de nuevas formas de descepcionarme. Pensé que amar...

Bueno, amar, como yo lo entiendo... Es una forma de postergar el deleite de verse, por breve tiempo, para torturarse por el mayor tiempo posible, en el que no ves al otro, pero presientes su cercanía en cosas cotidianas...

¿Qué es de mi vida, preguntas? Deseo incumplido y ansia de vivir mañana, para seguir soñando. Te mando un abrazo,

D.

Los oscuros rincones de la fe

Este blog se llama "El templo del morbo", aunque el nombre es más bien simbólico... porque a mi eso de la religiosidad siempre me ha hecho mucho ruido. Mis papás dejaron que eligiera la religión que me pareciera mejor, pero hasta el momento esa sigue siendo de las cosas que he decidido postergar antes de decidir.
Los templos para mi suelen ser lugares de gran importancia arquitectónica, cultural, artística... Y me deleíta también el sentir el frío de las piedras o el silencio que los envuelve (en ciertos casos, porque también hay templos que se llenan de olor a humano, cantos, calor, flores, adornos coloridos)
Sin embargo eso de los milagros, la fe, la aceptación del dogma y las otras cosas que son necesarias para incorporarse a la mayoría de las religiones es algo que se me escapa, que no me cabe en la cabeza, ya demasiado endurecida por los procesos racionales.
Siempre he pensado que debe de ser muy consolador encomendarse a algun santo, o dar gracias a dios cuando las cosas salen bien... (Je, eso me recuerda una ocasión muy divertida en que el señor Ladahir me dijo: - ¿No que eras atea?)
Siguiendo con mi metáfora arborícora, creo que mi religiosidad y mi fe está en un rincón oscuro del bosque... un sitio que aún no exploro.
D.

Fe y caracoles

¿De dónde y a dónde va ese canto?
¿De dónde y para quien es esa danza?
¿De dónde tu piel, de donde y para qué?

Yo, que aún no descubro ni como nacen los árboles
y para mí que ningún misterio de vida ha sido revelado
me encuentro subitamente esperando al halcón,
al patrocinador de mis sueños,
a la voz que se alza ubicua en el universo
y explicar cada pequeño enigma:
el sol,
la luna,
el viento.

Yo, pantéica irresoluble,
encuentro belleza indómita
el el espíritu de todas las cosas:
la sal,
el pan,
el lecho.

Incluso la tersura de las patas de araña
o el brillo de las alas de mosca.

He de confesar
que mi religión es un amasijo oscuro de mitos
e ideas viejas...
y mi fe
una titilante flama mecida por el viento nocturno,
a veces alimentada con la belleza reconfortante de la esperanza infundada...

Y las más de las veces sofocada,
por esta falta de oxígeno propio de las ciudades,
de la desesperanza,
del tedio,
del miedo,
del horror
y la muerte.

Yo que duermo en un lecho de hojas secas,
donde su crepitar vela mi sueño,
aprendí a ver hadas en las cortinas
y a creer en milagros como la simetría de los caracoles:
perfectas bestias invertebradas y blandas
como el corazón de mi fe.

La hora del parque

El año pasado me propuse ir diariamente a caminar al parque. Llegaron dos señoritas de la Secretaría de Salud a hacer una toma de signos vit...