Tiro al blanco
Uno comienza en un grito y suele irse en un estertor apagado.
Pero en el camino no dejará uno de saltar, de correr, de volar, de arrastrarse, esconderse, emboscar.
Suelo recordar las veces en que me preparé para un gran cambio: a veces el cambio no resultaba tan drástico como pensaba y la planeación quedaba grande...
Otras veces el cambio era más grande de lo previsto: la revolción que se gestaba me superaba y me sentía arrastrada por una ola.
A veces las revoluciones más grandes, los cambios más intensos llegaban sin aviso. Cuando acordaba, una nueva D. me miraba desde el espejo, desafiando a encontrar rastros de la antigua.
Tirando hacia mi propia imagen, mis ojos trataban de dar con el blanco falso, descubrirme en ese laberinto de espejos, reencontrarme, reconocerme: dar con las huellas de mí.
Alguna vez llegaré a tocarme, ser de nuevo la que quise, reconquistando esa imágen del espejo antes de disparar y que todo saltara de nuevo, echo pedazos.
Supongo que hoy no será de esas noches.
D.
Un libro en la fuente
Pero más que nada, lo que me atraía era la idea de dejar la historia sin final. De saber que ese final existía, pero quedaba ambiguo, inalcanzable, inexorablemente perdido.
Cuando pienso de manera abstracta en el suicidio también pienso en eso: en la cantidad de especulaciones que hace la gente cuando mueres. Todos tienen una versión de por qué, pero en realidad el único que sabe yace en una caja. Apagó la luz, se quedó dormido, ya no despertó.
Se hundió en las posibilidades, en los mundos imaginarios, en el sendero de los caminos que se bifurcan; se cubrió de arena, de polvo, de tierra, de lodo, de agua. Se colgó de un puente, se tiró a algún río, se pegó un tiro, bailó con la más fea, expiró.
La muerte, inexorable llegó y lavó la tinta de su historia, sin que alcanzaramos a leer el final, sin saber si sería feliz, desdichado o pasaría el resto de la vida cantando canciones de Gardel, recordando a aquella mujer, pensando en el camino que recorrieron juntos, en el hijo que nunca tuvieron, en el cuarto de hotel que daba al reloj de Pachuca o la chamarra amarilla que se perdió en una calle... Esas historias no llegó a contarlas, porque no cabían en la nota suicida.
Nadie contará nunca esas historias. Nadie sabría el final de la novela si la hubiera tirado al agua...
Pero no lo hice.
Porque a veces siento que continúo viva por la morbosa curiosidad de saber... ¿Que viene en la página siguiente?
D.
El brocal del pozo
Una de mis mejores amigas de la Prepa me preguntó eso hace unos momentos...
Me extendí un poco, platicando con ella del materialismo ramplón en el que hemos caído, en como los valores de la amistad, la lealtad, la honorabilidad, el valor... poco o nada importan frente a el dinero, la influencia, la popularidad, el "éxito", la gloria instantanea, la belleza (la pondría entre comillas, pero bueno la belleza es belleza donde sea).
- ¡Es que es tan triste!- Replicó mi amiga...
Y si, lo es. Pero poco o nada podemos contra los valores impuestos por el mundo. Poco o nada podemos cambiarlos. Sólo podemos vivir rectamente, ser lo más feliz que se pueda, conducirse con rectitud y honorabilidad. Ser responsable de nuestros actos... y buscar la paz mental, tan dificil de encontrar.
He encontrado mucha gente vacía en el mundo. A veces quisiera decirles algo, pero sé que es como gritar en el brocal de un pozo.
Quizá la mejor forma de llegar a ellos sea tirando una piedrita, aunque sea la más pequeña de ellas, que dibuje un círculo en el agua...
D.
México me atormenta Vol. IV
tambache por todas las calles de la gran ciudad.
El señor Tlacuache compra cachivaches, y
para comprarlos suele pregonar.
¡Botellas que vendan! zapatos usados!
¡Sombreros estropeados, pantalones
remendados! Cambio, vendo y compro por igual
Francisco Gabilondo Soler, Cri Cri
Canción infantil
Y es que ninguna ciudad ha logrado crecer sin tener un correcto manejo de sus deshechos, tanto la basura orgánica como la inorgánica... porque los seres humanos hemos probado ser una constante fuente de desperdicios, más que cualquier otra especie en el planeta.
Acerca del manejo de desperdicios, los romanos tenían historias interesantes y métidos bastante ingeniosos para disponer de su basura y sus deshechos... Incluso socializaban mientras iban a las letrinas juntos, cosa que podría ser como ir a bolearse los zapatos en cierta época... (esa también se vuelve una escena que se pierde, pero en la facultad de Derecho aún hay como 10 cajones de bolero puestos en fila)
Lo cierto es que la ciudad de México no ha sabido resolver su problema... o lo ha resuelto a medias, porque la basura en la calle, los drenajes desbordados o a cielo abierto y los tiraderos que representan un peligro público, aún forman parte del paisaje urbano.
Debo decir que, bien empleado, el recoger y separar la basura es un negocio, cuestión que algunos han sabido explotar con mayor o menor éxito... No puedo dejar de pensar en el señor bigotón que recoge la basura de aquí cerca...
También pienso en el constante olor a podrido que emana el río de la Piedad, que ahora se usa como drenaje.
Cuando vivía en una unidad habitacional, compartíamos la salida del drenaje con los vecinos, por lo que no era raro que el registro de agua se tapara y mi padre pasara el día sacando cabezas de pollo de la tubería...
¿Cómo es que los vecinos metían una cabeza de pollo a la tubería? No tengo ni idea.
Silvia Segarra comentó en su conferencia de hace una semana (que rápido se pasó la semana!) que originalmente las aguas negras de la ciudad de México se descargaban en Huehuetoca...
Actualmente vivimos rodeados de aguas negras, al igual que muchas ciudades... No podía dejar de citar a Kundera, cuando reflexiona sobre los kilometros y kilometros de tuberías con deshechos que nos rodean...
Algo parecido pasa con la basura. Quizá nos hemos acostumbrado tanto, que no vemos toda la mugre que amenaza con aplastarnos en vida.
D.
Lunas rotas
Como esferas quebradas al pie del árbol
dejaste lunas rotas en mis pies...
esas que bajabas cada noche
y decidiste un día dejarlas caer.
Como lunas rotas dejaste los cristales
de mil anteojos que me vieron pasar...
mil fragmentos que cortaron esperanzas
mil mentiras que no vuelvo a contar.
Apagué la radio, descorrí la cortina...
saqué los cristales de estrella a asolear,
tomé una moneda, pagué un pasaje,
me perdí mirando luces de ciudad.
El amor no resiste la prueba del fuego
todo cristal se rompe ante la fuerza de gravedad
este corazón no pasó el control de calidad.
No le dejé un chaleco antibalas
ni hubo daga, metralla, ni fusil...
Este corazón no es prueba de impactos
se rompe, se rasga, se corta, ya no da más.
Es una cuestión de tensión superficial.
Soy una luna rota al pie del árbol de navidad.
Esconde los pedazos, barre bajo la alfombra
tira la basura, deja de llorar.
D.
¡Echate un volado!
Yo que he dejado a la suerte la mayor parte de las decisiones importantes de mi vida.
- Echate un volado. - Le dije... y él utilizó su razón y su entendimiento para resolver el problema.
Llovía. La ciudad se veía bonita y decidí tomar el camino largo para llegar a casa.
Luego escribí un mensaje en una esquina.
Y siguió lloviendo, mientras pensaba que el azar me ha puesto en las esquinas correctas del pañuelo.
Llegue a casa y me probé una falda azul.
De nuevo la moneda había acertado.
D.
La hora del parque
El año pasado me propuse ir diariamente a caminar al parque. Llegaron dos señoritas de la Secretaría de Salud a hacer una toma de signos vit...
Acerca de mí
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Cuando empecé la idea de llevar un blog, con otra dirección, lo llamé "Calle melancolía" y allí sí explicaba la razón del título d...
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