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Igual que el poeta que decide trabajar en un banco...

Hoy conocí a la señorita L. Ella trabaja en una sucursal bancaria que queda muy cerca de mi casa. Después de preguntarme mi ocupación, llegamos a la conclusión de que eramos colegas, pues ella estudió lo mismo que yo y hasta en la misma escuela.

Prontonos vimos en una platica relacionada con nuestra afición por los gatos y nuestros viajes a Chiapas. Platicamos del cañón del Sumidero y de las dietas de enero.

Incluso, la señorita L. me confesó que ella sería feliz si hubiera podido estudiar otra cosa.

La señorita L. hubiera querido ser artista.

Con chispitas en los ojos, L. me contó de sus visitas a la Escuela Nacional de Artes Plásticas, donde sintió esa misma fuerza que percibí yo, esa energía que corría en los pasillos y lo rodeaba todo de un aura mágica, de creación.

La señorita L. parecía muy vivaz, con todo. Esa flama aún vive en ella.

Luego, me fui al trabajo y mi amiga Y. me invitó a una presentación de una revista literaria... Iba a negarme a ir, pero pensé en L. y en que procuraba mantener viva la llama de lo que ama.

Entonces fui... y me la pasé muy bien, incluso descubrí que el lugar donde se presentó la revista es buen sitio para una visita posterior.

Y esta entrada es para la señorita L. para agradecerle por enseñarme que la chispa puede mantenerse viva, mientras sea uno quien decide si trabajar en un banco.

D.

Ketchup y mostaza

V. me dijo que le gustaba la mostaza. Cuando lo conocí me dio una muy amplia explicación sobre por qué era mejor como aderezo y citó sus referencias gastronómicas enraizadas en el cultivo y utilización de la mostaza en las culturas europeas. Además hizo una amplia comparación entre los gustos populacheros y comerciales de su hermano R. que era un fanático de la ketchup.

Yo, que le pongo a mis hamburguesas ketchup y mostaza, sonreí por el detalle curioso... y cuando empecé a salir con V. intenté ver esa pasión por la mostaza como algo común, como hice con otras manías que tenía V. Eso se me hace normal en las relaciones...

Pero nunca le pondría mostaza a unos huevos revueltos. O al arroz. Y es que luego cometo ese error... de querer tomar por propios los gustos de otro, para agradarle.

De la auto anulación no resulta nada bueno, como resultó con el caso de V. Simplemente uno se pierde en la complacencia, se desdibuja, deja de ser...

A veces me pasa en las relaciones y a veces me pasa en el trabajo. Ya muchas veces me he dicho a mi misma que sustentaré mis opiniones, pero veo que mi discurso se vuelve amarillo mostaza con espantosa facilidad.

Quizá me convenga recordar, cuando esté por dar mi brazo a torcer, que las papas fritas saben mejor con ketchup que con mostaza... y eso puede comprobarse, aunque la ketchup no le guste a todos.

D.

Mira Mónica, ya estoy harto...

Mira Mónica
ya estoy harto
de tu maldita indecisión
vivo al borde del infarto
martes sí,
miércoles no,
jueves quien sabe...
A lo mejor debí llamarme Mónica. Ese nombre no me gusta, Matarilerileron, pero me quedaría bien la canción de Sabina.
Ayer me lo dijeron.
Y si, seguro debo parecerles bipolar que un día decido que quiero ir a conquistar el mundo y al otro día no quiero salir de cama porque me siento indispuesta a platicar con extraños. En la mañana estaba enterrando la nariz en mi propio brazo y probando posturas para improvisarme una burka con mi reboso antes de salir a la calle...
Y al rato estaba canturreando feliz una rola de Sabina.
Y es que si me voy a morir de influenza porcina, espero morir tras escuchar al maestro.
Nunca tomé pastillas para no soñar y últimamente sueño más que nunca.
Pero definitivamente sigo indecisa...
Porque en mi familia no está bien visto andar por la vida sin planes y los míos llegaban solo hasta enero y ahora se aplazaron temporamente, pero seguro en junio, a más tardar, volverán a pedirme un cronograma de los siguientes 10 años de vida, así como te piden en algunos trabajos.
- ¿Y usted como se ve de aquí a diez años?
- ¿Y que pasos dará para alcanzar sus objetivos?
El impasse de espera me hace pensar en que, en mis planes originales, estudiaba letras, me dedicaba a escribir y a los 26 años ya tenía un departamento propio y una computadora para publicar mis libros de cuentos...
Pero estoy a menos de un mes de cumplir esa edad, no tengo un departamento propio, ni una computadora propia, ni estudie letras y me han publicado un ensayo, tres entrevistas, un reportaje, dos notas y "zanseacabó".
De allí que el próximo paso sea algo más confuso, porque si en mis primeros 25 años de vida planeaba tener mi éxito profesional concretado (Aquí se escuchan risas de la amable concurrencia) en los siguientes 15 me iba a ocupar de mis relaciones personales y hasta pensaba en formar una familia...
Pero claro, estando las cosas como están, ni quien quiera animarse a planear más en el futuro, por eso le doy la razón a quien comenzó a cantarme la canción de "Mira Mónica..."
Martes si, miércoles no, jueves... quien sabe.
D.

La Pichirila, Apipilulco y otras palabras bonitas

Pues si. Siempre si fui al campamento. Estaba yo algo indecisa, pero finalmente me animé. En la mochila llevaba una bufanda, unos guantes, una chamarra (que luego fueron muy útiles), un saco de dormir (que cumplió con su cometido), un cepillo de dientes (que sólo usé una vez, cuando ya de plano me sentía una mujer lobo), un cepillo para el cabello (que igual, sólo usé una vez) y un brillo labial, que me puse en el metro, de regreso a casa, como para disimular el aire de damnificada que traía a cuestas.

Y es que, a pesar de que estabamos en una cabaña, calaba un precioso frío matinal, porque el sitio donde fuimos es una Presa y las cabañas están cercanas al agua.


Para llegar hicimos cerca de 4 horas, porque nos metimos en dos brechas desconocidas y en una casi nos desbarrancabamos... pero salimos avante gracias a las habilidades de nuestro conductor y a la temeraria fuerza de la camioneta que conducía (La Pichirila, creo que la apodaban, la verdad era un nombre curioso y no lo recuerdo bien)


Tuve ocasión de escuchar más a mis compañeros. A algunos, que yo creía casi mudos y a otros, a quienes en realidad nunca me había tomado la molestia de ir un poco más allá. Pude decir cosas de las cuales tenía ganas de expresar y vi las estrellas girando sobre mi cabeza (si, eh, bueno, podemos decir que el alcohol ayudó, pero de verdad me sentía conectada con el universo)


Vi volar a un pato.


Y aprendí que Apipilulco está en Guerrero.


Estoy muy contenta de haber ido con mis compañeritos... y estoy contenta de volver. Como siempre que salgo, recuerdo con nostalgia mi dulce cama.


Y ella me espera, en cuanto baje estas fotos para presumirles.


¡Echate un volado!

- ¿Me voy en pesera o en metro? - Me preguntó... como si yo supiera algo, algo...

Yo que he dejado a la suerte la mayor parte de las decisiones importantes de mi vida.

- Echate un volado. - Le dije... y él utilizó su razón y su entendimiento para resolver el problema.

Llovía. La ciudad se veía bonita y decidí tomar el camino largo para llegar a casa.

Luego escribí un mensaje en una esquina.

Y siguió lloviendo, mientras pensaba que el azar me ha puesto en las esquinas correctas del pañuelo.

Llegue a casa y me probé una falda azul.

De nuevo la moneda había acertado.

D.

La hora del parque

El año pasado me propuse ir diariamente a caminar al parque. Llegaron dos señoritas de la Secretaría de Salud a hacer una toma de signos vit...