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La tercera es la vencida

Hoy es mi tercera mudanza del año; ha sido un año agotador.

Ayer falleció mi abuelo. También llevaba años diciendo que se iba a morir, pero en agosto se despidió con mucha seriedad de nosotros y creo que varios pensábamos que de verdad estaba hablando en serio.

Estoy triste, pero en calma, porque siento que vivió una vida muy plena, hizo lo que quiso y vivió en sus términos. No creo que haya dejado cosas pendientes. Habló de lo que quería y en voz alta.

Deja seis hijos, seis nietos, muchos libros y una colección de trenes que seguro nadie sabrá que hacer con ella.

También deja un montó de recuerdos en gente que lo quería mucho.

Hay que viajar ligero. Cuando uno se muda o cuando uno se muere, todo estorba. Al final este cuerpo material que tanto atesoramos y del cuál nos avergonzamos termina siendo algo de lo que se debe "disponer".

Según estudios, mi generación (los famosos Millennials) somos más resistentes a adquirir de verdad una casa (¿en esta economía?) porque además si un día hay que mudarse o salir de allí por unas y otras siempre es más sencillo echarse una mochila a la espalda.

Así un  poco la muerte: mientras más acumules más complicas todo para los demás.

Esas casas abandonadas llenas de cosas que tardan meses en limpiarse...

Esas mudanzas que, igualmente, toman horas y horas de aliento y cuidado.

Creo que la muerte de mi abuelo está relacionada con el interés que me ha surgido en deshacerme de muchas cosas. No es un impulso suicida, es un deseo de vivir en libertad.

D. 

Entre la desnutrición y la indulgencia

Por fin sucedió.

Después de años de soñar, visualizar y trabajar por este momento por fin vivo sola y a unas cuadras de la oficina. Una persona que es tan hogareña pasa por una serie de dilemas (que en mi caso han durado años) antes de tomar esta decisión. Pero al ver que ya era intolerable el translado, horrible el viaje y francamente insostenible la situación, me animé a mudarme.

Hubo otras cosas que me animaron, como que pareció ocurrir en un momento adecuado, ya que el anterior inquilino debía moverse y ya conocía a mi roomie de antes. (Mucho antes)

Diría que esta zona me llama desde hace mucho y las cosas se fueron acomodando para que este fuera mi acomodo final.

Me siento lejos de casa, pero extrañamente también siento que el tiempo en el Cervantino me entrenó bastante para la seriedad espartana que se me requiere.

El espacio es tan limpio, ordenado y agradable que ni yo me lo creo: definitivamente es un avance muy positivo.

Pedí consejos en Twitter para estos primeros días en que estoy ajustando mi presupuesto y mis hábitos para comer "bien" aún sin la guía que me había acompañado siempre. *cof, cof* Día de la madre en puerta, *Cof, cof*

Los consejos que me dieron, poco más, poco menos, fueron los siguientes:

- Buscar mercados y tianguis, para comprar a mejores precios y cosas frescas
- Encontrar los lugares de comida corrida, para recordar el sazón casero por no tanto dinero
- Preparar cosas con antelación: sopas de verdura que se congele, licuados, guisos que puedan tener variaciones (el picadillo puede ser tacos, tostadas... la carne molida puede ser albondigas, hamburguesas...)
- Comparar precios, aprovechar promociones, ser "Caza ofertas" y señora de la casa.

Hoy, de menos ya sobreviví... pero, ¿debería aclarar que mis compañeros de la oficina pidieron pizza?

D.

Escapar

-Es que tú no eras así...

Me dijo mirandome entera, como si fuera otra la que en este cuerpo habitara, otra que no era yo, la de la sonrisa amplia, la de la falda de vuelo, la de la risa nerviosa al contarle de alguna aventura...

- Ademàs esas cosas no pasan, ¡sólo en las películas!

Alcancé a mirar sus ojos vidriosos, su dedos estrujados de tantas angustias. Sus manos que habían ya trabajado en tantas cosas, tan distintas, para llevarle el gasto a su esposa, para pagarle el colegio al niño.

Yo no. No conocía de eso. Habìa llorado sobre sabanas blancas en camas que no eran mìas. Pero tambièn habìa visto desde lo alto la ciudad lluviosa y nublada. Había recorrido aceras marcando con mis sandalias veraniegas mi huella llena de cansancio, amor, polvo y ese dulce olor que deja el amor.

¿Que ya no era la misma? No. El amor todo lo transforma, todo lo cambia, todo lo trastoca.

¿Qué ya no era la misma? No. Cuando me conoció era otra.

Esa noche corrì lejos de él en el estacionamiento, como escapando de mi pasado, aunque realmente el que debiò correr más rápido era él.

D.

¿Por qué Vuelta de hoja?

Bien...

¿Recuerdan una entrada anterior, donde digo que soy una niña grande que ya se ata los zapatos solita y que no tiene miedo del coco, ni de morir sola y quedarse cuidando una casa llena de gatos?

¡Pues es mentira!

Espero que nadie lo haya creído. Aún no es día de los inocentes, ni nada así, pero de vez en cuando debo enfrentar la realidad.

Si me da miedo.

Hoy me rompí el corazón de nuevo (digo "me rompí" y no "me rompieron" porque uno siempre es responsable de esas cosas, por engancharse con asuntos que ya sabe que van a acabar mal)

El caso es que mientras recogía los pedacitos de mi corazón y pensaba si dedicarme a poner canciones tristes el resto del fin de semana o lanzarme a una orgía de compras impulsivas en la Feria del Libro del Zócalo (actividades que no son excluyentes y que posiblemente haré, de cualquier forma), me dieron ganas de renovar el Blog.

Un especial agradecimiento a la Pequeña Saltamontes, que se mostró muy solidaria en cuanto le dije lo de mi renovación y me pasó una larga lista de links donde saqué esta plantilla.

Espero les guste, si no les gusta, ando en mi mood de "los odio a todos y no me importa lo que piensen"

D.

Punto de recuperación

Ayer disfruté uno de los atardeceres más hermosos que he visto en meses... Un cielo azul con nubes rosadas, que brillaban de manera casi incandecente. Al caminar por CU pensaba en lo que le había dicho momentos antes a mi amigo S. "Tienes suerte de tener un lugar a donde regresar, tu centro, para saber que desde allí puedes reiniciar".

S. estaba por regresar a su casa, una ciudad pequeña en provincia, desde donde, según sus propias palabras, puede darse a la tarea de cambiar de piel.

Al caminar por CU, reconocí que aquel lugar lleno de recuerdos se ha convertido en mi centro. Quizá la maestra de primer semestre que nos hacía conversar con la gran piedra de la Facultad no estaba tan loca después de todo...

Todos necesitamos tener un punto de recuperación, encontrar un momento en el que, como en las herramientas del sistema, "todo marchaba bien", para regresar allí en caso de falla crítica.

¿Quienes somos en realidad? ¿Cual era nuestra meta antes de perdernos? ¿A dónde queremos ir, más allá de las expectativas de los demás?

Nos construye el deseo del otro... Pero parte del deseo nos mueve a querer ser nosotros mismos, más allá de los limites que ese deseo nos impone.

Ser fiel a nosotros mismos implica poder regresar a nuestro centro. Mirar hacia dentro y ser valientes, como para dejar la vieja piel atrás y salir a rasgarse la nueva piel.

D.

Ketchup y mostaza

V. me dijo que le gustaba la mostaza. Cuando lo conocí me dio una muy amplia explicación sobre por qué era mejor como aderezo y citó sus referencias gastronómicas enraizadas en el cultivo y utilización de la mostaza en las culturas europeas. Además hizo una amplia comparación entre los gustos populacheros y comerciales de su hermano R. que era un fanático de la ketchup.

Yo, que le pongo a mis hamburguesas ketchup y mostaza, sonreí por el detalle curioso... y cuando empecé a salir con V. intenté ver esa pasión por la mostaza como algo común, como hice con otras manías que tenía V. Eso se me hace normal en las relaciones...

Pero nunca le pondría mostaza a unos huevos revueltos. O al arroz. Y es que luego cometo ese error... de querer tomar por propios los gustos de otro, para agradarle.

De la auto anulación no resulta nada bueno, como resultó con el caso de V. Simplemente uno se pierde en la complacencia, se desdibuja, deja de ser...

A veces me pasa en las relaciones y a veces me pasa en el trabajo. Ya muchas veces me he dicho a mi misma que sustentaré mis opiniones, pero veo que mi discurso se vuelve amarillo mostaza con espantosa facilidad.

Quizá me convenga recordar, cuando esté por dar mi brazo a torcer, que las papas fritas saben mejor con ketchup que con mostaza... y eso puede comprobarse, aunque la ketchup no le guste a todos.

D.

Cambiar el pelaje

Ayer me puse a cepillar a Corso, mi gato, porque como todos ustedes deben saber, ya llegó la primavera al hemisferio norte del mundo, por lo cual viene un cambio de temperatura...

La primavera es una de las estaciones del año que más se festejan... a diferencia de la llegada del verano, del otoño o del invierno, es la única que viene acompañada de desfiles en los jardines de niños donde los infantes son ataviados con trajes de mariposas, abejitas y otras coloridas especies naturales...

Las frases "Cómo burro en primavera" ponen en alerta a mis amigos que trabajan en la docencia, quienes aseguran que los alumnos son más dificiles de contener bajo los sospechosos efluvios primaverales...

Y los que sufren de fiebre del heno se la pasan estornudando...

El desfile de los niños detuvo el tráfico en la mañana y me alegró no tener que ir a ninguna parte en particular. Caminé por el bordillo amarillo de la banqueta, cantando la canción de Kany García,
Estigma de amor:

Si miro al cielo siempre encuentro consuelo,
porque aunque tú estés lejos,
es el mismo techo.

Si escribo poemas en que hable de tus recuerdos,
sé que tu oracion en respuesta es: pierdes tu tiempo.

Y el mismo no es en vano, he vivido demasiado,
aún con tanta historia tú estás y permanecerás.

Te abrazaré y te besaré en mis sueños,
despertaré, mojada en tu recuerdo.
Caminaré sabiendo que un día estuve entre tus dedos.
Serás mi estigma de amor pues te tuve y perdí tu vuelo.

Mirando entre las calles yo hallé tu silueta,
y voy desesperadamente a entregarte un abrazo.
No llego a la esquina del tren a enfrentar mi fracaso,
por miedo a saber quien es ella que hoy coge tu mano...

El tiempo no es en vano, he vivido demasiado,
aún con tanta historia tú estás y permanecerás.
Te abrazaré y te besaré en mis sueños,
despertaré mojada en tu recuerdo.

Caminaré sabiendo que un día estuve entre tus dedos.
Serás mi estigma de amor pues te tuve y perdí tu vuelo.
Que dificil es borrar memorias más allá del cuerpo,
convertiste el amor en todo un misterio.

Y aunque ya no estés, no importa, ya sólo basta con saberlo...

Te abrazaré y te besaré en mis sueños,
despertare, mojada en tu recuerdo.

Caminaré sabiendo que un día estuve entre tus dedos.
Serás mi estigma de amor, pues te tuve y perdí tu vuelo.
Serás mi estigma de amor, ya es orgullo saber que tu boca me perteneció
ayer...

Ayer, mientras le quitaba el pelo a Corso pensaba que ese pelaje le estorbaría en primavera y que, pesé a que era una lástima, había que dejarlo menos pachón para este tiempo de calor, pues la naturaleza sabiamente le quitaba lo que estaba de más para que enfrentara esta nueva época de calentamiento global...

D.

Cambio de rumbo

Creo que el viernes toqué fondo. Justo cuando me disponía a llegar a casa para disfrutar de mi puente recibí una llamada de mi jefe para regañarme (en realidad no fue para otra cosa, sabía que no solucionaría nada en viernes por la noche, sólo lo hizo para reprenderme)

Y allí terminó todo.

Me dí cuenta de que me había equivocado al permanecer allí, donde ya no quiero estar.

Ahora necesito cambiar de rumbo, buscarme cosas nuevas, encontrar nuevos sueños, esperanzas, deseos, metas.

Allí se acabó mi tregua conmigo misma, mi paz asentada sobre tres palitos de bambú...

Allí se acabó, pero creo que es bueno.

Tiempo de tomar un giro de 120 grados... es decir, seguir hacia adelante, pero ya no más en línea recta... sino que ahora tengo que ir, a fuerza, para arriba.

D.

Todo puede cambiar...

Bueno, tal como presagiaban mis cartas al principio de la semana, tuve mucho ajetreo, principalmente porque tenía que sacar el trabajo de cinco días en dos, lo cual hice en la medida de las posibilidades...

Así que después de quedarme un rato de tiempo extra en la oficina el martes fui a tomarme un café con un excelente amigo con quien despotriqué un poco sobre las dificultades técnicas de mi trabajo... allí perdí algo de estrés, que se diluyó entre el café y el sustitito de crema.

Al día siguiente visité a una de mis mejores amigas de la Universidad que festejaba el cumpleaños de uno de sus hermanos y me quedé a comer pollo frito y agua de naranja. Eso relajó mi espalda hasta el punto de poder sentarme nuevamente con propiedad...

También renté películas y me dispongo a ver "El lado oscuro del corazón".

Me he bañado y me siento agradablemente relajada y tibia, como si todo el estrés hubiera sido un mal sueño de esos que te despiertan sobresaltada y luego no sabes por qué fue.

Hoy me puse a leer la revista "Algarabía", que les recomiendo mucho, en donde, además de leer de Walt Disney, Cortázar y los Hippies, me encontré la cita de la contraportada, de Paul Auster, que decía algo así como: "De repente, todo puede cambiar, de una vez y para siempre." (Me pareció la definición justa para esta entrada)

D.

D.

La hora del parque

El año pasado me propuse ir diariamente a caminar al parque. Llegaron dos señoritas de la Secretaría de Salud a hacer una toma de signos vit...