Entre la desnutrición y la indulgencia

07 mayo, 2018
Por fin sucedió.

Después de años de soñar, visualizar y trabajar por este momento por fin vivo sola y a unas cuadras de la oficina. Una persona que es tan hogareña pasa por una serie de dilemas (que en mi caso han durado años) antes de tomar esta decisión. Pero al ver que ya era intolerable el translado, horrible el viaje y francamente insostenible la situación, me animé a mudarme.

Hubo otras cosas que me animaron, como que pareció ocurrir en un momento adecuado, ya que el anterior inquilino debía moverse y ya conocía a mi roomie de antes. (Mucho antes)

Diría que esta zona me llama desde hace mucho y las cosas se fueron acomodando para que este fuera mi acomodo final.

Me siento lejos de casa, pero extrañamente también siento que el tiempo en el Cervantino me entrenó bastante para la seriedad espartana que se me requiere.

El espacio es tan limpio, ordenado y agradable que ni yo me lo creo: definitivamente es un avance muy positivo.

Pedí consejos en Twitter para estos primeros días en que estoy ajustando mi presupuesto y mis hábitos para comer "bien" aún sin la guía que me había acompañado siempre. *cof, cof* Día de la madre en puerta, *Cof, cof*

Los consejos que me dieron, poco más, poco menos, fueron los siguientes:

- Buscar mercados y tianguis, para comprar a mejores precios y cosas frescas
- Encontrar los lugares de comida corrida, para recordar el sazón casero por no tanto dinero
- Preparar cosas con antelación: sopas de verdura que se congele, licuados, guisos que puedan tener variaciones (el picadillo puede ser tacos, tostadas... la carne molida puede ser albondigas, hamburguesas...)
- Comparar precios, aprovechar promociones, ser "Caza ofertas" y señora de la casa.

Hoy, de menos ya sobreviví... pero, ¿debería aclarar que mis compañeros de la oficina pidieron pizza?

D.

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