Entre la desnutrición y la indulgencia
Después de años de soñar, visualizar y trabajar por este momento por fin vivo sola y a unas cuadras de la oficina. Una persona que es tan hogareña pasa por una serie de dilemas (que en mi caso han durado años) antes de tomar esta decisión. Pero al ver que ya era intolerable el translado, horrible el viaje y francamente insostenible la situación, me animé a mudarme.
Hubo otras cosas que me animaron, como que pareció ocurrir en un momento adecuado, ya que el anterior inquilino debía moverse y ya conocía a mi roomie de antes. (Mucho antes)
Diría que esta zona me llama desde hace mucho y las cosas se fueron acomodando para que este fuera mi acomodo final.
Me siento lejos de casa, pero extrañamente también siento que el tiempo en el Cervantino me entrenó bastante para la seriedad espartana que se me requiere.
El espacio es tan limpio, ordenado y agradable que ni yo me lo creo: definitivamente es un avance muy positivo.
Pedí consejos en Twitter para estos primeros días en que estoy ajustando mi presupuesto y mis hábitos para comer "bien" aún sin la guía que me había acompañado siempre. *cof, cof* Día de la madre en puerta, *Cof, cof*
Los consejos que me dieron, poco más, poco menos, fueron los siguientes:
- Buscar mercados y tianguis, para comprar a mejores precios y cosas frescas
- Encontrar los lugares de comida corrida, para recordar el sazón casero por no tanto dinero
- Preparar cosas con antelación: sopas de verdura que se congele, licuados, guisos que puedan tener variaciones (el picadillo puede ser tacos, tostadas... la carne molida puede ser albondigas, hamburguesas...)
- Comparar precios, aprovechar promociones, ser "Caza ofertas" y señora de la casa.
Hoy, de menos ya sobreviví... pero, ¿debería aclarar que mis compañeros de la oficina pidieron pizza?
D.
Buscando nuevas formas de amar
Una comida abundante, generosa, cordial, compartida con la familia, con los amigos, con el ser amado, resulta una forma inequívoca de amor.
Cocinamos con amorosas formas, regresamos a la cocina para moler, batir, cortar, sazonar... Pero siempre amorosos, servimos, vemos, observamos, compartimos.
Y también tomamos los alimentos que llegan de lejos con aprecio, con delicadeza, con emoción.
En mi familia solemos traer comida de los viajes: dulces, quesos, salsas, moles, frutas, verduras. Cajitas primorosas llenas de dulce de leche. Carne seca del norte. Madejas blancas de queso de hebra. Chorizo verde...
Y en las noches, regresar de casa con unos tacos de la esquina, con tamalitos del metro, con el detalle de acordarte de tu familia con pan recién horneado y con chocolates de forma de patito...
Pero las cuestiones de salud que han limitado la dieta nos están llevando a buscar nuevas formas de amar. A dejar malos hábitos y demostrar nuestro aprecio por formas distintas.
¿Y si no estamos acostumbrados a los abrazos fuera del día de navidad? ¿Ahora con que diremos los te quiero, si se nos atragantan en la boca?
Tengo que encontrar nuevas formas de amarles.
D.
Cocina antropológica
No pude más que sentirme emocionada por la propuesta, pero admito que me sobrepasa, pues mis conocimientos gourmets pueden ser fácilmente sobrepasados.
Lo que es cierto es que pocas cosas hablan de la cultura como la comida y, por medio de ella se puede conocer mucho de la cultura.
Así como en Colombia le llaman "Paseo de Olla" a una salida familiar en donde cada uno lleva un guisado, en Chile existen los asados y en México hacemos taquizas o en Estados Unidos se reúnen para una BBQ, la comida habla de las personas, de las historias, de las aficiones, pasiones, fobias.
Me encantaría dedicar este blog al buen comer, pero me parece que ya lo dedico bastante al buen vivir.
El caso es seguir conjugando con pasión.
D.
Hooters: abundar en la controversia
En esta ocasión acudí a la sucursal de Hooters más cercana a mi oficina, que se encuentra enfrente de la estación "Napoles", sobre la Avenida de los Insurgentes.
Debido a que era viernes y había un partido, tuvimos que esperar cerca de media hora por una mesa.
No puedo quejarme del servicio, fueron muy ágiles y amables, sin embargo la relación costo/beneficio no me pareció tan satisfactoria.
La comida fue "buena" a secas, sin mayor comentario...
Y debo decir que la cerveza me pareció algo diluida y eso que, como siempre, pedí oscura.
La gran cantidad de monitores permiten ver los partidos con facilidad, pero no así platicar, así que el apelativo de Sport Bar está bien empleado.
Tardé horas tratando de descifrar lo que decían las camisetas, hasta que, afortunadamente me ayudaron: "Delicioso, llegador y aún así poco sofisticado"
Bastante acertado slogan.
Tres estrellitas a Hooters... o mejor dos y se ponen una de cada lado, para vestirse mejor.
D.
Con tres dedos y dos palitos
Lo crudo tampoco es mi hit.
Pero algo del ambiente me intrigaba, así que lo consideré como una experiencia interesante.
En esta ocasión el afortunado pescado que fue degustado fue Salmón. Creo que lo que más me gustó fue la mezcla de queso y pepino...
Lo único malo fue que nunca le tomé el truco a manejar los palillos.
Habrá que repetirlo hasta lograrlo.
D.
Aquellas pequeñas cosas...
Pero hubo una lluvia tremenda, con granizo, así que mi familia me llamó para decirme que iríamos otro día...
Así que llegué a casa temprano y me quité los calcetines mojados. Me puse ropa comoda y seca y me tomé un café.
Había una rebanada de volteado de piña y mientras partía el pan que cocinó mi mamá, recordé lo bueno que es disfrutar de aquellas pequeñas cosas...
El olor del café, la sensación de la piña en la boca, la cereza que coronaba el volteado de piña...
Mis calcetines calientitos y el vaho en los cristales.
Eran los complementos para una tarde perfecta.
Me puse a cepillarle el pelo a mi gato hasta que quedó esponjoso.
Y me acosté en el sillón a pensar en lo afortunada que era.
Me sentí mucho, mucho mejor.
D.
Fragmentos
una ecografía de tu voz,
las pistas que dejas tras de ti,
tu nombre, en el viento...
Encuentro de ti fragmentos.
Abrazo el sabor de tu boca
y pongo a cocer, con sal,
la mandioca de tus palabras...
Debe durarme hasta el invierno
ese trozo de ti, esos pedazos
Voy a abrigarme con el cabello
que quité de tu suéter, un día...
Voy a lidiar con la soledad segundo a segundo,
ganandole un trozo de terreno día a día.
Argumentos ya no tengo.
Fuerzas, apenas.
Vivo: si de vivir se ufana uno,
por esta sucesión de días, meses, semanas.
Aprendo... si por aprender entendemos esta marcha lenta,
este letargo, esta insuficiencia que confunde derecha e izquierda,
respirar de aspirar, boca de nariz... este parvulario de caricias.
Rectifico.
Cada día estoy rectificando, un poco,
redirigiendo mi marcha a tu boca, un poco más a la izquierda.
Quizá mi próximo beso te alcance,
como algunas flechas alcanzan su blanco...
tras mucho practicar el oficio de extrañarte.
Tras tanto batallar en unir los pedazos
tras tanto argumentar, rehuír, escapar.
Tras tanto amarte.
D.
La teoría de las tortas de papa
H. afirma que "Hacer el amor con otro", es una de esas rolas que sólo entiendes bien con el tiempo... Le dije que no entendía su afirmación, así que me dio una explicación ampliada.
H: ¿Tienes algún platillo favorito?
D: Si, las tortas de papa que hace mi mamá... Podría comerlas a diario.
H: Pues imagina esto... te encantan tanto que, efectivamente las comes a diario. Pero un día te dicen que ya nunca más podrás comerlas. Puedes comer cualquier cosa, pero sólo las tortas de papa te están prohibidas. Entonces las otras cosas que comes ya nunca te saben igual.
D: Pero, ¿que tal si comerlas te hacen daño?
H: Esa es otra... quizá lo que más te gusta en la vida, te daña.
D: Si, creo que a mi me causan gastritis...
H: Pues ya ves... Esas cosas pasan mucho. A mi también me pasó.
D: ¿Y cómo era "tu torta de papa".
H: Pues era una chica con la que salí como un año y medio. Tocarla, simplemente era... indescriptible. Pero para ella no era igual conmigo. No me amaba. Creo que ni siquiera me quería...
D: Me pregunto si he sido la torta de papa de alguien...
Creo que no debería ponerme a platicar de temas tan tristes en viernes por la tarde, pero fue innevitable.
D.
Al Andar, Regina 27, Centro Histórico de la Ciudad de México. Mezcal y música
Situado en la calle de Regina, que fue remodelada y revitalizada para ser una calle peatonal, la mezcalería "Al andar" tiene un sabor provinciano delicioso, pese a que se encuentra muy cerca del Zócalo, y a apenas unas calles del ajetreo comercial de las calles de 20 de Noviembre e Izazaga.
"Al andar" más que restaurante o bar es un "establecimiento mercantil", que recuerda a las ventas del Estado de Oaxaca, donde amablemente escancian bebidas espirituosas, nos decidimos a quedarnos allí por los efluvios de buena ondez del sitio.
Como en muchos cafés y restaurantes de Regina hay mesas que dan a la calle, con parasoles verdes, que permiten que los fumadores tomen el fresco de la tarde sin importunar a nadie.
En "Al Andar" hay una oferta alimenticia que va de chapatas a platos completos de delicias culinarias oaxaqueñas; yo pedí una ensalada mezcalera, plato que contiene tres variedades de lechuga, está decorada con trozos de manzana, tasajo, quesillo oaxaqueño, grillos y una vinagreta hecha de mezcal. Altamente recomendable. Muy oaxaqueño y delicioso.
El mezcal, para quien no tenga idea al respecto, es una bebida alcohólica elaborada de la destilación de zumo fermentado de varias especies de agave, de acuerdo al proceso que se siga en su destilación existen variedades de mezcal, las cuales alcanzan categorías "gourmet", pues cada variedad de agave proporciona un sabor distinto a la bebida.
Debido a que la tradición mezcalera es de una gran riqueza cultural, no me extenderé más sobre el tema (aunque usted, querido lector, puede leer más al respecto aquí) , pero puedo comentarles que el mezcal que pueden degustar en "Al Andar" cuesta $45.00, que sería el equivalente a unos 4 dólares...
Así que si usted, querido visitante, está en la ciudad de México y desea conocer un pedacito del estado de Oaxaca, para enamorarse perdidamente e ir a visitar esta ciudad maravillosa, puede darse una vuelta por "Al Andar".
Del mismo modo, si sólo andas en el centro y quieres tomar unas cervezas y fumar un cigarrito, las chelas están a $25.00 (dos dólares) y hay buena música, en vivo, además de que por la calle pasan curiosos especímenes dignos de todo tu asombro.
Cuatro estrellas de cinco, un lugar con sabor, sin duda.




"Al Andar", Mezcalería, Regina No. 27. Centro Histórico de la Ciudad de México.
D.
Fogon do Brasil: el arte de la Caipiriña
La sorpresa fue grata, porque aunque la decoración no es el fuerte del Fogón do Brasil la comida es deliciosa.
La carne te la sirven desde largas espadas, donde vas eligiendo los trozos que deseas; que van desde pechugas de pavo envueltas en tocino, hasta diversos cortes de Sirlon y un pan de ajo con queso que no tiene nombre, de tan bueno.
En el centro del restaurante hay una barra de ensaladas con toda clase de ricas viandas, que van desde la clásica ensalada César con unos treinta tipos de aderezo a escoger, hasta deliciosos platanos empanizados, ensalada de betabel, de zanahoria, de papas y toda clase de cosas verdes y crujientes.
A la hora de las bebidas hay que pedir caipiriñas, bebida típica de Brasil.
Y no se olviden de pedir un postre, todos los que probé estaban buenos.
La ubicación de este restaurante es el segundo piso, locales 22 y 23, del Pabellón Cuahtémoc, que se encuentra en Antonio M. Anza No. 20, col. Roma, sobre Av. Cuauhtémoc frente a Centro Médico XXI.
D.
P. D: Este no es un anuncio pagado, ni me dieron vales para mi próxima visita por recomendarles el sitio, pero si alguien quiere invitarme a su restaurante a cambio de una elogiosa reseña, avísenme, nunca le hago gestos a la última copa y al próximo restaurant.
Atole con el dedo y otras cosas que pasan en México
Debido a que las vacas no llegaron hasta mucho después a México, los mexicas no usaban leche en su preparación, pero actualmente se acostumbra hervir leche de vaca y disolver fécula de maíz o incluso de otros granos, como el arroz, para darle su consistencia ligeramente espesa.
Lo del espesor depende del gusto de quien lo prepara, pero el atole más ligero incluso se le da a los niños que tienen problemas estomacales para evitar que se deshidraten. En muchos lugares de México, donde no hay leche, el agua caliente con masa de maíz es utilizado como un sustituto.
Para hacerlo más sabroso, al atole se le agrega piloncillo, chocolate y una gran diversidad de sabores, muchos de los cuales ya han sido industrializados, por lo que uno encuentra atole de vainilla, guayaba, piña, fresa, mango, coco, canela, nuez y otros muchos, pues incluso se pueden agregar jugo o pulpa de diversas frutas a la preparación del atole sencillo.
Debido al gran arraigo que tiene el atole entre los mexicanos, el desayuno de "un atole y un tamal", es un gran clásico en pueblos, escuelas y hasta en oficinas; incluso se hace mofa de los oficinistas que llegan a los corporativos con estos preparados tan tradicionales o se hace hincapié a los burocratas que despachan asuntos de importancia con este brebaje a un lado.
Además de los burocratas de atole y torta de tamal, en México tenemos frases como "dar atole con el dedo", que es lo que hacen los políticos cuando prometen hospitales y construyen consultorios comunitarios, o lo que hacen los novios cuando te dicen que te adoran y te aman, pero no lo demuestran. También en México hay gente con "atole en las venas", es decir, gente que parece moverse de manera muy lenta o de proceder casi imperturbable...
En lo personal, mi atole favorito es el champurrado de chocolate o el atole de guayaba (eso si, tibio, porque excesivamente caliente no lo aguanto).
D.
Chapingo: la explotación de la tierra, no del hombre
Justo ayer platicaba con mi abuelo sobre lo desconfiado de los campesinos ante los métodos de los ingenieros agrónomos y lo descuidado del campo mexicano. Es tan dura la tarea y tan pocos los apoyos que los más se han decidido a emigrar.
Incluso tengo un primo político que se va cada año a Canada para trabajar allá la tierra en enormes extensiones de campo; aquí, mientras tanto, los estudiantes que saben de cultivos hidropónicos, ciencias forestales, hortícultura y tantas otras cosas, están desperdiciados.
La Universidad Autónoma de Chapingo cuenta con un campus bastante amplio, en la carretera libre México Texcoco, donde además alberga a un nutrido grupo de estudiantes que vienen de lejos a estudiar.
Siempre que se realiza esta feria (y que mis padres se enteran a tiempo) acudimos a comprar productos agrícolas, artesanías y a comer, porque suelen tener una muestra gastronómica, sobre todo de los estados invitados.
Esta vez llegamos con el diente afilado a la Feria, así que lo primero que hicimos fue buscar los puestos de comida... pero en el afán de no distraer a los estudiantes (¿o será plan con maña para que los visitantes llegaramos con más hambre?) los stands de la feria fueron colocados en el área más lejana a la entrada principal, detrás de los campos deportivos.
Para la feria del libro, el invitado especial era Guatemala, pero acudimos después a ver libros bajo la consigna familiar "la panza es primero".
Mi papá pidió un consomé y un mixote de borrego, mientras que mi madre atacó las empanadas veracruzanas y pidió un platano con queso y crema... yo tenía ganas de una tlayuda con cecina y queso de hebra, pero la fila era enorme: así que me conformé con un pambazo con chorizo y papas, de muy buen ver.
Una vez satisfechos nuestros bajos instintos, acudimos al pabellón de las actividades de la Universidad, donde había cultivos hidropónicos de jitomates, lechugas e incluso algunas flores de ornato, también tenían conejos y cucarachas de madagascar... Variedad, pues.
Los otros pabellones eran de artesanías y los recorrí con premura, porque hacía un calor agobiante y faltaba la circulación del aire. (Además me faltaba dinero, porque siempre que uno ve tantas cosas bonitas resulta una tentación: rebozos, joyería, piezas de cristal, cuero, vidrio, hueso, marmol, onix, piedra, madera... tan amplia como es la artesanía mexicana).
Finalmente visitamos la sección de libros: algunas de las librerías eran de libros usados, cercanos a Texcoco, allí había algunas cosas interesantes... (Por fin iba a adquirir "El amante") pero tenían precio de librería de nuevo, así que desistí.
Regresé a casa muy relajada, sobre todo por la caminata en los arbolados prados de la feria de Chapingo, cuyo lema es "Enseñamos la explotación de la tierra, no del hombre" (Y tanta falta que nos hace en estos días...)
D.
Ni que fueran enchiladas...
Y es que las enchiladas son de los platillos más nobles con los que cuenta la cocina mexicana: son bonitas, llenadoras, lucen bien y saben rico. La variedad y diversidad de las enchiladas se debe a que su concepción básica es muy simple: una tortilla doblada con un relleno (o sin relleno, si realmente está muy pauperrima la cocina), salsa de cualquier tipo encima y una decoración al gusto del chef.
Las enchiladas suelen ser, como su nombre lo indica, de una salsa picante, pues se le agrega chile a la mayor parte de ellas... Si no tiene chile nos podemos encontrar ante una "Entomatada", que tiene el concepto de enchilada, pero con salsa de tomate o jitomate. (Hay enchiladas verdes, enchiladas rojas, entomatadas verdes y entomatadas rojas... También al gusto)
Toda esta disgresión es porque ayer tuve el placer de comer en la séptima feria de la enchilada, que se llevó a cabo en la explanada del Parque Cuitlahuac, enfrente de la Delegación Iztapalapa. (Que actualmente ha salido mucho en las noticias, por razones políticas que nada tienen que ver con las enchiladas, por desgracia).
Así que, siguiendo una de las imperativas reglas del buen comer, nos dimos primero una vuelta por los sitios de todos los expositores, porque el amor suele entrar por los ojos, al menos respecto a lo que a enchiladas se refiere...
Así vimos unas enchiladas en nogada, con cubierta tricolor, verde, blanco y rojo; mejor dicho, perejil, queso y granada... una variación de los tradicionales chiles en nogada; también vimos enchiladas de carne al pastor, de pulpo, de camarones, de huitlacoche, de gusanos de maguey, de escamoles (larvas de hormiga)...
Vimos enchiladas suizas, enchiladas argentinas (por lo "sencillitas"), enchiladas poblanas (mmm... de delicioso mole poblano), enchiladas en salsa de almendra (con tantas almendras encima que más bien parecían un pastel), enchiladas en salsa de amaranto (que se veían ricas, aunque no puedo dar fe del sabor de la salsa, porque no la probé).
Además de la diversidad de enchiladas (los organizadores juraban que tenían 200 variedades de enchiladas) había música en vivo, artesanías y hasta queso botanero (por si le quedó un huequito después de comer tanta enchilada).
Un plato decente de enchiladas trae unas tres tortillas con relleno... y la verdad si son fáciles de preparar; recuerdo una vez que convoqué a una fiesta en casa, so pretexto de mi cumpleaños y como no avisé que no habría comida, terminé improvisando unas enchiladas para un par de invitados que venían con la panza más vacía que un farol...
El chiste de una buena enchilada, creo yo, es que haga honor a su nombre y te deje con ganas de tomar agua de manera urgente. Si no, ¿que chiste?.
Si viven en la ciudad de México, pueden ir a la feria de la enchilada hasta el día 14 de septiembre; la forma más fácil de llegar es por el metro Iztapalapa, de la línea 8 del metro... está a una cuadra de distancia.
D.
Teotenango: tierra de los papalotes de plástico
O sea, aquí cerquita.
Cerca de Tenango del Valle, está la zona arqueológica de Teotenango, que por azares del destino quedó en manos del Instituto Mexiquense de cultura, en lugar de quedar a cargo del Instituto Nacional de Antropología e Historia.
El resultado es que la entrada es más barata, las cédulas menos extensas y hay una vereda comunal por la cual las personas de Tenango del Valle pueden entrar a la zona arqueológica sin pagar y van a volar papalotes (cometas, les llaman en otras partes) y llevan a pastar a sus borregos.
Mientras estabamos allí, un par de niños de menos de siete años subieron a lo alto de la pirámide con un papalote hecho de una bolsa de plástico cortada en forma de rombo, con pedacitos de plástico como cola del papalote. (El invencible, el más barato).
Voló muy alto, debo decir.
Como siempre, la consigna era "buscar el sitio más escarpado y extremo para bajar de la zona arqueológica", así que mi padre dio con la consignada vereda y por allí llegamos al centro de la población.
La zona arqueológica de Teotenango consiste en una serie de conjuntos piramidales de piedra, para llegar arriba hay una rampa bastante empinada y no apta para cardiacos, que puede ser recorrida en unos 15 a 20 minutos, dependiendo de la condición física del paseante.
Los pobladores originales de Teotenango mantenían su economía en asociación con los Teotihuacanos, por lo que cuando esta ciudad fue en decadencia, Teotenango también sufrió estragos en su economía.
Actualmente, Tenango del Valle es una población mucho más pequeña que su vecino, Metepec, donde también fuimos a comer y a visitar algunos de los muchos puestos de artesanías de la población...
De Metepec, debo decir que se ha convertido en una zona conurbada de Toluca, puesto que la distancia que separaba a estos dos centros urbanos ha quedado borrada por la gran cantidad de zonas residenciales y plazas comerciales...
El centro de Metepec es bonito, con todo, tiene una fuente con luces (seguramente en la noche arman algún tipo de espectáculo de fuentes danzantes) y un puente para que atravieses la fuente... La iglesia principal está en alto y tiene una vista bastante completa de la zona centro, además de estar adornada con un mosaico monumental de barro vidriado de colores.
Hay varios restaurantes pintorescos en el centro de Metepec, que dan a la plaza principal y al palacio municipal.
Enfrente de la plaza se puede encontrar un mercado tradicional, donde es posible adquirir pan típico, chorizo verde y cecina. Muy buena cecina, hoy la comimos y le doy mi voto de calidad.
El camino de regreso de Toluca a la ciudad de México se realiza por el bosque conocido como la Marquesa y la zona de corporativos de Santa Fe, lo cual también representa un interesante contraste para rematar el día.
D.
Breve nota gastronómica con fines aclaratorios




D.
No hubo dedos de Parmesano
No había dedos de Parmesano.
Eso me molestó, porque había llevado a Natalia con ese motivo expreso. Bueno, eso y darle el regalo de cumpleaños que le compré desde hacía mucho y que no había podido entregarle: el disco "Entre Voces" de Jaime Sabines, de FCE.
Afuera había una lluvia ligera, brillaba el sol, las personas caminaban despreocupados y sin paraguas.
La cerveza estaba algo caliente, además. Eso me molestó.
Recordé un par de cosas con Natalia. Ella es del tipo de personas que me recuerdan mi pasado y allí hay un cajón de sastre, con agujas filosas y botones coloridos. Hay unos hilos enredados, que, cansada de revolver, he decidido sacar y dejar atrás.
No se pueden recuperar todas las madejas de la vida. Algunas tienen demasiados nudos. A veces es necesario dejar ir.
El disco que le compré a Natalia me seguía por todas partes, como recordandome que aún tenía pendiente darselo.
Ahora que he vuelto a casa, me siento liberada, como si aquel disco de poemas llevara consigo un peso emocional... No era un peso, exactamente.
No es nada de tu cuerpo,
ni tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre,
ni ese lugar secreto que los dos conocemos,
fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro.
No es tu boca -tu boca
que es igual que tu sexo-,
ni la reunión exacta de tus pechos,
ni tu espalda dulcísima y suave,
ni tu ombligo, en que bebo.
No son tus muslos duros como el día,
ni tus rodillas de marfil al fuego,
ni tus pies diminutos y sangrantes,
ni tu olor, ni tu pelo.
No es tu mirada -¿qué es una mirada?-
triste luz descarriada, paz sin dueño,
ni el álbum de tu oído, ni tus voces,
ni las ojeras que te deja el sueño.
Ni es tu lengua de víbora tampoco,
flecha de avispas en el aire ciego,
ni la humedad caliente de tu asfixia
que sostiene tu beso.
No es nada de tu cuerpo,
ni una brizna, ni un pétalo,
ni una gota, ni un gramo, ni un momento:
Es sólo este lugar donde estuviste,
estos mis brazos tercos.
Natalia vino a ver a Fey, yo estuve contenta de verla. No hubo quesos de Parmesano, pero todo estuvo bien.
D.
Vicisitudes de una diosa doméstica
Sólo que las diosas domésticas tienen muchos retos en esta vida... ¿quien dijo que esto sería fácil?
Uno adquiere el rango de diosa doméstica cuando logra sacar la primera cacerola de arroz sin quemarlo ni batirlo, al ponerlo a remojar y freír el tiempo exacto, para evitar que, al agregar el caldo de pollo se vuelva un amasijo irreconocible...
Con sus altas y sus bajas, hoy mi misión, si decidía aceptarla, era hacer un caldo de pollo.
La gente que no esté familiarizada con el caldo de pollo seguramente desconocerá que tiene fines terapeuticos y que se recomienda mucho en caso de que los comensales tengan gripe.
Algo que yo no sabía, y que he aprendido hoy, es que los ingredientes del caldo de pollo deben echarse en orden... ¡Y no todos al mismo tiempo! Esa revelación inicialmente me perturbó, porque tenía frente a mi vegetales de diversos colores, formas y tamaños...
Pero bueno, mi madre había ido al médico y había dejado el misterioso montón de verduras en una bolsa.
Así que a pensar... ¿Que fue primero? ¿La papa o el chayote? ¿La cebolla o el cilantro? ¿La calabacita o el ejote?
Y se hizo la luz... como era caldo de pollo, pensé que estaría mejor echar primero al pollo, tras tomarle la temperatura y verificar que estuviera libre de toda influencia (negativa).
Saqué el cilantro del refri, porque en mis lejanos sueños recordé que mi madre había dicho que usaría esa hierbilla en cuanto hiciera un caldo... y le puse media cebolla, porque a mi si me gusta...
Y ya cocida, ni sabe a nada.
Ahora bien, una vez superada la prueba (mi papá dijo que había quedado bien el caldo de pollo) les contaré que el orden correcto era: pollo, agua, cebolla, cilantro, chayote, papa, zanahoria, ejote y calabacita.
D.
No te comas al zorrillo!
No, no por los precios, al fin, son precio de feria, para turistas y sé que los expositores tienen que aprovechar.
Lo que pasó fue que, de regreso de la feria, mi padre decidió tomar por una calle menos transitada, donde estaban las jaulas de algunos de los animales que estaban en oferta.
En la feria se ofrecían escamoles, es decir, larvas de hormiga; ardillas, gusanos, escarabajos, tlacuaches, zorrillos... así como pulque en sus diversas variedades y otras plantitas como garambuyos.
Lo pintoresco era, claro, ir a curiosear entre los puestos y animarse con unas de esas rarezas... Pero la cantidad de gente en la feria nos desanimó.
Además el ver a los animalitos en jaulas reducidas detrás del telón de curiosos hacía más triste la situación:
- Las condiciones económicas de mucha gente no les permiten ponerse melindrosos con la comida- me dijo mi mamá. Aunque se notaba que a ella tampoco le hacía mucha ilusión hacerse un taco de tlacoache.
No soy vegetariana, como Lisa Simpson, pero se me hace que la cadena alimenticia que dibujó Matt Groening no estaba tan perdida...
A veces creo que los seres humanos recibimos el castigo de la contradicción... pensamos, decimos y actuamos cosas distintas.
D.
Entre Carambolos y Minillas
Cuando me propuse como voluntaria para editar el recetario de mi abuela no imaginé que ella sacaría de debajo de la manga un montón de recetas que faltaban por ser capturadas.
Muchas de ellas son raras, como el solomillo de canguro con Chutney.
Otras son clásicos familiares, como la receta de las cebollas rellenas o los canelones navideños.
Algunas se repiten con variaciones, como el pozole y el espaguetti...
Y también está el lado oculto de mi familia (¿quien iba a pensar que tenemos seis recetas distintas para Martini).
El caso es que he aprendido mucho. Y aún me falta por aprender. Lo malo es que salgo de allí con hambre de lobo y sin haber adelantado a mi proyecto de maestría...
Lo bueno es que ya sé que es un carambolo. He allí su foto.

Y en cuanto a la Minilla... es un plato que se usa mucho como botana, acompañado de tostadas o totopos, realizada con pescado, cazón o mantarraya... También se pueden preparar empanadas de dicho platillo... Ay.
Todavía falta para la hora de la cena. Que pena.
D.
El plan del flan
Pensaba hacerme caer en su red.
Su trampa había sido cuidadosamente estructurada: deliciosas almendras, una incitante capa de caramelo, un color amarillo excitante...
Pero por dentro estaba lleno de rompope, concentrado rompope conventual, que fue adquirido con anticipación en el panteón.
Azúcar, vainilla, alcohol.... Huevos.
Si, era la fórmula perfecta para el desastre.
Al ver esa inocente rebanada sobrante me dije que no podría conmigo: la guardé como el postre para la comida de hoy.
Sin embargo, mientras saboreaba las primeras almendras comencé a sentir el mareo, el vaivén, la cosquilla en la panza...
Ja, quedé borracha en la hora de la comida.
El flan cumplió su plan.
D.
La hora del parque
El año pasado me propuse ir diariamente a caminar al parque. Llegaron dos señoritas de la Secretaría de Salud a hacer una toma de signos vit...
Acerca de mí
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Cuando empecé la idea de llevar un blog, con otra dirección, lo llamé "Calle melancolía" y allí sí explicaba la razón del título d...
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