La Calle Melancolía, al servicio de la comunidad melancólica del mundo, ofrece esta serie de opciones para combatir la tristeza en grados leves.
La tristeza, nostalgia o melancolía debe ser distinguida de la depresión severa...(si usted necesita algún medicamento, porque ya no consigue pararse de la cama, esto ya no sirve de nada).
Así que si todavía no estás tan clavado, recomiendo:
- Camina. Caminar es un excelente ejercicio, permite que la sangre se oxigene, el aire circule, uno ve muchas cosas mientras camina, los pensamientos fluyen mejor y tienes que parpadear si estás llorando, porque si no pueden atropellarte por caminar con los ojos llenos de lágrimas.
- Pinta o dibuja: la expresión pictórica en general es muy relajante cuando uno está triste. Cualquier técnica que utilices te servirá. Los mejores colores para pintar cuando uno está deprimido son los grises, azules y negros... pero si se te antoja meterle rosas, rojos, amarillos, versosos, es que ya vas camino a la recuperación
- Toca algún instrumento. Cuando yo me deprimo me paso horas tocando el teclado (las escalas y martinillo, que son las únicas que me sé). Tampoco es que aprendas a ser Chopin, sólo que acalles esas voces y risitas crueles. No, tocar la puerta del ex no cuenta.
- Ordena. Ordena, limpia, tira, barre, sacude, clavetea. Todo lo que tenga que ver con crear una atmósfera agradable y transformar tu entorno es bueno. Alguna vez pasé días enteros ordenando la biblioteca de mis padres.
- Crea. Es momento de llevar tus ideas a la realidad. Borda esa carpeta, escribe tu novela, ayuda a armar los dulceros para los quince años de no sé quien. Mientras más ocupadas mantengas tus manos, menos podrás llevartelas a la cabeza.
- Saca a pasear al perro... (Guiño local)
- Toma tu tiempo. Si, a veces no es necesario hacer nada en particular. Muchas veces nuestra familia o amigos insisten en que debemos de dejar de estar tristes. Pero estar triste es algo natural, que ocurre como resultado de una serie de indicadores químicos que cambian en nuestro cuerpo, muchas veces motivados por factores externos... otras veces sin motivo externo aparente.
Así que la mejor manera de dejar de estar triste es seguir viviendo... Porque nada, ni la tristeza, es eterna.
D.
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Piedritas de colores y nubes negras
Regresé de mis vacaciones con 50 pesos menos en los bolsillos y tres aretes de colores. Fue bonito, porque no gasté... fue malo, porque llovió y no me pude meter al mar. Me encanta caminar en la arena y recoger conchas, eso sí pude hacerlo.
Mi mamá se animó a manejar y gozamos de muchas horas en los bosques de niebla. Claro, fue algo tenso, porque mi mamá odia los bosques de niebla... pero al menos me dio tiempo de pensar en todo lo que escribí en la entrada de ayer.
Hacía mucho que no iba a Tecolutla, pero en esencia lo único que hay que ver es el mar. Las comidas no son tan caras... al menos. Dimos el obligatorio paseo en lancha por los manglares y fotografíamos pelícanos... y prácticamente esa fue toda la actividad realizada, porque el resto del tiempo caminamos en playas frías y calles mojadas.
Hacer fiesta en la oficina
Sonó el teléfono y mi vestido verde se movió para contestarlo.
Yo no me moví tanto, pero el vestido verde armó un tremendo revuelo, como de playa revuelta que se estira sobre la arena del escritorio.
Era una sombrilla de colores, que se comunicaba conmigo para exigirme un minuto de sol.
Le dije que esperara, que no era tiempo de hacer fiesta, pues era lunes... ¡y de octubre!
Ni siquiera se prestaba para festejar el verano. Hacían como diez grados allí afuera y quizá cinco, adentro, detrás de las persianas polvorientas.
Pero la sombrilla de colores giró con fuerza hipnótica a través de la bocina y me hechizó para decirme que no hay excusas que valgan, cuando hay ganas de vivir la vida.
¿Y que más da que sea lunes, martes, miércoles u otro jueves cobarde?
¿Y que más da, si tenemos un sueño en la piel?
Salí de allí a toda prisa, con ganas de tragarme el mundo a puños... corrí por calles llenas de hojas y naufragué en la dulzura de colores de esa sombrilla que me esperaba colgada de la rama de un arbol.
No llovía, ni hacía frío.
La sombrilla me dijo que tenía pensado aprender a bailar, andar en la cuerda floja y hasta recuperarse de un par de descalabros...
Y es que las sombrillas de colores corren mucho peligro en estos días.
Yo caminé con la sombrilla por un parque en la colonia Condesa: había una fuente de aguas turbias y nos reímos de las rayas del pasacebras.
La sombrilla y yo nos solazamos frente al pendulo de arena de una cafetería con el mismo nombre "Pendulo".
Recordé que estaría sola, en casa...
Y eso me dio una tristeza infinita.
Tanta, que con mis lagrimas la sombrilla se tiñó de azul.
Regresé a casa con la sombrilla cerrada.
Quizá la olvidé en uno de los pasamanos del tren...
No lo sé de cierto.
Lo supongo.
D.
Yo no me moví tanto, pero el vestido verde armó un tremendo revuelo, como de playa revuelta que se estira sobre la arena del escritorio.
Era una sombrilla de colores, que se comunicaba conmigo para exigirme un minuto de sol.
Le dije que esperara, que no era tiempo de hacer fiesta, pues era lunes... ¡y de octubre!
Ni siquiera se prestaba para festejar el verano. Hacían como diez grados allí afuera y quizá cinco, adentro, detrás de las persianas polvorientas.
Pero la sombrilla de colores giró con fuerza hipnótica a través de la bocina y me hechizó para decirme que no hay excusas que valgan, cuando hay ganas de vivir la vida.
¿Y que más da que sea lunes, martes, miércoles u otro jueves cobarde?
¿Y que más da, si tenemos un sueño en la piel?
Salí de allí a toda prisa, con ganas de tragarme el mundo a puños... corrí por calles llenas de hojas y naufragué en la dulzura de colores de esa sombrilla que me esperaba colgada de la rama de un arbol.
No llovía, ni hacía frío.
La sombrilla me dijo que tenía pensado aprender a bailar, andar en la cuerda floja y hasta recuperarse de un par de descalabros...
Y es que las sombrillas de colores corren mucho peligro en estos días.
Yo caminé con la sombrilla por un parque en la colonia Condesa: había una fuente de aguas turbias y nos reímos de las rayas del pasacebras.
La sombrilla y yo nos solazamos frente al pendulo de arena de una cafetería con el mismo nombre "Pendulo".
Recordé que estaría sola, en casa...
Y eso me dio una tristeza infinita.
Tanta, que con mis lagrimas la sombrilla se tiñó de azul.
Regresé a casa con la sombrilla cerrada.
Quizá la olvidé en uno de los pasamanos del tren...
No lo sé de cierto.
Lo supongo.
D.
Chapingo: la explotación de la tierra, no del hombre
El sábado fui al penúltimo día del doble evento organizado por la Universidad Autónoma de Chapingo: la vigésimo quinta feria del libro y la décimo cuarta feria de la cultura rural; esto debido a que la Universidad de Chapingo es una escuela dedicada a la enseñanza de agronomía, economía agrícola, sociología rural y muchas otras carreras de las que tanta falta hacen...
Justo ayer platicaba con mi abuelo sobre lo desconfiado de los campesinos ante los métodos de los ingenieros agrónomos y lo descuidado del campo mexicano. Es tan dura la tarea y tan pocos los apoyos que los más se han decidido a emigrar.
Incluso tengo un primo político que se va cada año a Canada para trabajar allá la tierra en enormes extensiones de campo; aquí, mientras tanto, los estudiantes que saben de cultivos hidropónicos, ciencias forestales, hortícultura y tantas otras cosas, están desperdiciados.
La Universidad Autónoma de Chapingo cuenta con un campus bastante amplio, en la carretera libre México Texcoco, donde además alberga a un nutrido grupo de estudiantes que vienen de lejos a estudiar.
Siempre que se realiza esta feria (y que mis padres se enteran a tiempo) acudimos a comprar productos agrícolas, artesanías y a comer, porque suelen tener una muestra gastronómica, sobre todo de los estados invitados.
Esta vez llegamos con el diente afilado a la Feria, así que lo primero que hicimos fue buscar los puestos de comida... pero en el afán de no distraer a los estudiantes (¿o será plan con maña para que los visitantes llegaramos con más hambre?) los stands de la feria fueron colocados en el área más lejana a la entrada principal, detrás de los campos deportivos.
Para la feria del libro, el invitado especial era Guatemala, pero acudimos después a ver libros bajo la consigna familiar "la panza es primero".
Mi papá pidió un consomé y un mixote de borrego, mientras que mi madre atacó las empanadas veracruzanas y pidió un platano con queso y crema... yo tenía ganas de una tlayuda con cecina y queso de hebra, pero la fila era enorme: así que me conformé con un pambazo con chorizo y papas, de muy buen ver.
Una vez satisfechos nuestros bajos instintos, acudimos al pabellón de las actividades de la Universidad, donde había cultivos hidropónicos de jitomates, lechugas e incluso algunas flores de ornato, también tenían conejos y cucarachas de madagascar... Variedad, pues.
Los otros pabellones eran de artesanías y los recorrí con premura, porque hacía un calor agobiante y faltaba la circulación del aire. (Además me faltaba dinero, porque siempre que uno ve tantas cosas bonitas resulta una tentación: rebozos, joyería, piezas de cristal, cuero, vidrio, hueso, marmol, onix, piedra, madera... tan amplia como es la artesanía mexicana).
Finalmente visitamos la sección de libros: algunas de las librerías eran de libros usados, cercanos a Texcoco, allí había algunas cosas interesantes... (Por fin iba a adquirir "El amante") pero tenían precio de librería de nuevo, así que desistí.
Regresé a casa muy relajada, sobre todo por la caminata en los arbolados prados de la feria de Chapingo, cuyo lema es "Enseñamos la explotación de la tierra, no del hombre" (Y tanta falta que nos hace en estos días...)
D.
Justo ayer platicaba con mi abuelo sobre lo desconfiado de los campesinos ante los métodos de los ingenieros agrónomos y lo descuidado del campo mexicano. Es tan dura la tarea y tan pocos los apoyos que los más se han decidido a emigrar.
Incluso tengo un primo político que se va cada año a Canada para trabajar allá la tierra en enormes extensiones de campo; aquí, mientras tanto, los estudiantes que saben de cultivos hidropónicos, ciencias forestales, hortícultura y tantas otras cosas, están desperdiciados.
La Universidad Autónoma de Chapingo cuenta con un campus bastante amplio, en la carretera libre México Texcoco, donde además alberga a un nutrido grupo de estudiantes que vienen de lejos a estudiar.
Siempre que se realiza esta feria (y que mis padres se enteran a tiempo) acudimos a comprar productos agrícolas, artesanías y a comer, porque suelen tener una muestra gastronómica, sobre todo de los estados invitados.
Esta vez llegamos con el diente afilado a la Feria, así que lo primero que hicimos fue buscar los puestos de comida... pero en el afán de no distraer a los estudiantes (¿o será plan con maña para que los visitantes llegaramos con más hambre?) los stands de la feria fueron colocados en el área más lejana a la entrada principal, detrás de los campos deportivos.
Para la feria del libro, el invitado especial era Guatemala, pero acudimos después a ver libros bajo la consigna familiar "la panza es primero".
Mi papá pidió un consomé y un mixote de borrego, mientras que mi madre atacó las empanadas veracruzanas y pidió un platano con queso y crema... yo tenía ganas de una tlayuda con cecina y queso de hebra, pero la fila era enorme: así que me conformé con un pambazo con chorizo y papas, de muy buen ver.
Una vez satisfechos nuestros bajos instintos, acudimos al pabellón de las actividades de la Universidad, donde había cultivos hidropónicos de jitomates, lechugas e incluso algunas flores de ornato, también tenían conejos y cucarachas de madagascar... Variedad, pues.
Los otros pabellones eran de artesanías y los recorrí con premura, porque hacía un calor agobiante y faltaba la circulación del aire. (Además me faltaba dinero, porque siempre que uno ve tantas cosas bonitas resulta una tentación: rebozos, joyería, piezas de cristal, cuero, vidrio, hueso, marmol, onix, piedra, madera... tan amplia como es la artesanía mexicana).
Finalmente visitamos la sección de libros: algunas de las librerías eran de libros usados, cercanos a Texcoco, allí había algunas cosas interesantes... (Por fin iba a adquirir "El amante") pero tenían precio de librería de nuevo, así que desistí.
Regresé a casa muy relajada, sobre todo por la caminata en los arbolados prados de la feria de Chapingo, cuyo lema es "Enseñamos la explotación de la tierra, no del hombre" (Y tanta falta que nos hace en estos días...)
D.
Oda a mi familia
¿Saben? En realidad quiero a mi familia. Me daba cuenta hoy, cuando hicimos una taquiza de guisados en el carro porque llovía de forma torrencial.
Me percaté que, de entre toda la gente del mundo que podría haberme tocado en suerte, ese particular grupo de humanos estaba lleno de maravillosas virtudes.
Mi tía sabe hacer unas ricas rajas con cebolla. Y mi mamá se organizó para darnos de comer a todos en menos de 2 metros cuadrados, moviendo botes y pasando tortillas. Mi primo logró servirnos naranjada a todos desde la cajuela, donde también se ocupaba de pasarnos la botana.
Mi papá, con quien a veces me aviento los rounds más espectáculares (bueno, no tanto, pero si me hace repelar) es también un hombre bueno, capaz de muchisimas cosas. Es un hombre de acción y lo respeto mucho, porque ha salido adelante en la adversidad.
Mi hermana no estaba, pero me dijo que se había quedado a cuidar a mi gato.
En eso pensaba, en eso me concentraba, mientras el agua seguía cayendo afuera. Me dio mucho gusto estar con ellos, en esos menos de dos metros cuadrados. Me sentí segura, feliz y, como hacía tiempo no podía estar: en paz.
D.
Me percaté que, de entre toda la gente del mundo que podría haberme tocado en suerte, ese particular grupo de humanos estaba lleno de maravillosas virtudes.
Mi tía sabe hacer unas ricas rajas con cebolla. Y mi mamá se organizó para darnos de comer a todos en menos de 2 metros cuadrados, moviendo botes y pasando tortillas. Mi primo logró servirnos naranjada a todos desde la cajuela, donde también se ocupaba de pasarnos la botana.
Mi papá, con quien a veces me aviento los rounds más espectáculares (bueno, no tanto, pero si me hace repelar) es también un hombre bueno, capaz de muchisimas cosas. Es un hombre de acción y lo respeto mucho, porque ha salido adelante en la adversidad.
Mi hermana no estaba, pero me dijo que se había quedado a cuidar a mi gato.
En eso pensaba, en eso me concentraba, mientras el agua seguía cayendo afuera. Me dio mucho gusto estar con ellos, en esos menos de dos metros cuadrados. Me sentí segura, feliz y, como hacía tiempo no podía estar: en paz.
D.
Modos, modas, miradas
Hoy fui al centro a descubrir un modo distinto de mirar la ciudad...
Salí por la Calle de Guerrero, donde enfrente hay un jardín con portales y fuentes laterales, de donde la gente iba saliendo de misa.
Pasé por el portón de la iglesia y entré al Panteón de San Fernando... ha quedado muy bonito, remodelado y convertido en museo de sitio.
Cómo no es serio ese cementerio liberales y conservadores yacen más juntos de lo que estuvieron en vida... Benito Juárez, Comonfort, Zaragoza...
Mausoleos de formas y colores diversos.
Finalmente todo termina en los panteones...
De allí caminé hacia el monumento a la Revolución, donde pasé por puestos de garnachas, canicas y la feria... vi a los reyes magos acompañados de los personajes de la era del hielo...
Pero como era muy temprano, mejor entré al museo de la Revolufia y me regodee viendo a Carranza, Madero, las soldaderas... me imaginé en ese tiempo de miradas a través del tiempo...
Luego fui a San Carlos, donde está la exposición temporal que da nombre a esta entrada... con la exposición permanente armaron una interesante visión de la moda en distintos países... un ejercicio de reflexión museográfica bastante admirable y lucidor...
Al salir de allí caminé de nuevo a Guerrero, donde entré a comer Paella en un restuarante de cuyo nombre no logro acordarme... pero el capucchino y el pan de nuez está rico...
D.
Salí por la Calle de Guerrero, donde enfrente hay un jardín con portales y fuentes laterales, de donde la gente iba saliendo de misa.
Pasé por el portón de la iglesia y entré al Panteón de San Fernando... ha quedado muy bonito, remodelado y convertido en museo de sitio.
Cómo no es serio ese cementerio liberales y conservadores yacen más juntos de lo que estuvieron en vida... Benito Juárez, Comonfort, Zaragoza...
Mausoleos de formas y colores diversos.
Finalmente todo termina en los panteones...
De allí caminé hacia el monumento a la Revolución, donde pasé por puestos de garnachas, canicas y la feria... vi a los reyes magos acompañados de los personajes de la era del hielo...
Pero como era muy temprano, mejor entré al museo de la Revolufia y me regodee viendo a Carranza, Madero, las soldaderas... me imaginé en ese tiempo de miradas a través del tiempo...
Luego fui a San Carlos, donde está la exposición temporal que da nombre a esta entrada... con la exposición permanente armaron una interesante visión de la moda en distintos países... un ejercicio de reflexión museográfica bastante admirable y lucidor...
Al salir de allí caminé de nuevo a Guerrero, donde entré a comer Paella en un restuarante de cuyo nombre no logro acordarme... pero el capucchino y el pan de nuez está rico...
D.
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