Como un hombre con fotofobia, que de repente es curado y puede sentir el calor del sol y despierta.
Como esos marinos que pasan meses y meses lejos de la tierra y sienten la extrañeza de la tierra...
Lo que es alejarse del vaiven de las cosas cotidianas y de ese 70% de la tierra que es mar.
Así es tocarte, costa, sol, playa.
Así es llegar a tí, esquina de mi corazón, pedazo izquierdo de mi alma.
¿Cómo te encontraré perdido en el naufragio que queda entre las rocas?
Ando buscando la enredadera para subir la barda.
Estoy encontrando las grietas para apoyar mis pies, triturando pequeños animales que viven en los escondrijos para ir a darte una mirada.
Soy la niña que trepa la cerca del vecino aleman para robarle una naranja.
Porque las naranjas de la huerta del vecino siempre son más dulces que las que puedes comprar en la tienda sin lastimarte las manos.
Porque el sabor ácido cura las heridas y puedes lamer la sangre con el jugo de la naranja, el color cambia y ese ácido, dulce, metálico, salado... ese que pruebas en el jardin robado, no lo compensa nadie.
Como las frescas tardes de verano de tu infancia que ya no vuelven y no te das cuenta de que las viviste hasta que son un turbio recuerdo.
Eso eres.
Turbo recuerdo, mar abierto, pedazo de mi alma sabor a naranja agria.
D.
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Trepa por mi ventana
Al salir del metro, rumbo a casa, casi siempre encuentro a un grupo de chicos que están sentados en la banqueta, platicando, con gesto despreocupado.
Me dan harta envidia.
No es que no tenga amigos o que no los haya tenido, pero nunca logré crear uno de esos lazos que mucha gente tiene, de confianza suficiente como para sentarse en la banqueta y platicar de cualquier cosa.
Siempre he sentido que hay personas con quien puedo hablar de algunas cosas... y otras a quienes esos mismos asuntos les aburrirían y les parecerían triviales.
No tengo un amigo estilo Dawson´s Creek que entre por mi ventana.
Ni una amiga a quien esperar en el pórtico.
A veces miro mi teléfono y no tengo ni a quien marcarle.
Jo.
Quisiera que algo más que la hiedra trepara por mi ventana.
D.
Me dan harta envidia.
No es que no tenga amigos o que no los haya tenido, pero nunca logré crear uno de esos lazos que mucha gente tiene, de confianza suficiente como para sentarse en la banqueta y platicar de cualquier cosa.
Siempre he sentido que hay personas con quien puedo hablar de algunas cosas... y otras a quienes esos mismos asuntos les aburrirían y les parecerían triviales.
No tengo un amigo estilo Dawson´s Creek que entre por mi ventana.
Ni una amiga a quien esperar en el pórtico.
A veces miro mi teléfono y no tengo ni a quien marcarle.
Jo.
Quisiera que algo más que la hiedra trepara por mi ventana.
D.
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