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México me atormenta. Vol I.

Nota preliminar: Ayer acudí a un evento de la Asociación Internacional de Criticos de Arte, que celebró su 60 aniversario con un ciclo de conferencias en Casa Lamm, donde la maestra en Arquitectura y Restauración Silvia Segarra Lagunes impartió una plática muy interesante sobre el desarrollo y la transformación de la imagen urbana de la ciudad de México, principalmente en el siglo XIX, aunque se extendió un poco y dio apuntes preliminares.

Esto motivó este pequeño ejercicio crítico que presentaré en un par de entradas, como una más de las cartas de amor-odio que he tejido para esta ciudad mía, la ciudad de México; los que viven aquí o la conozcan, no podrán dejarme mentir al decir que uno tiene motivos de sobra para atormentarse con ella, así que la reflexión estará dividida en bloques temáticos... de los cuales les presento el primero.

Vol I. Luminarias


Es la esquina de mi barrio, compañeros,
el lugar donde he perdido mi querer;
donde ayer brilló un farol como un lucero
lo rompieron y se echaron a correr.

"La esquina de mi barrio", Salvador "Chava" Flores

Alguna vez una mujer de Belgica me aseguró que su país contaba con el mejor alumbrado publico: "Incluso se pueden ver las carreteras desde el espacio".

Me pareció un alarede poético muy bonito... esa red de luces titilantes que trazan las calles de un país como Belgica... Por otro lado, cuando uno llega en avión a la Ciudad de México, no puede más que asombrarse de esa red de luces que se extiende en el mapa, latiendo y pulsando en tonos amarillentos.

Sin embargo, el camino para alumbrar la ciudad fue arduo. Alguna vez mi abuelo llegó a contar como el centro histórico estaba lleno de sombras, oscuridad y leyendas en su infancia. Las esquinas llenas de fantasmas eran el pan nuestro de cada día...

¿Y cómo no? Si aún quedan en la ciudad muchas calles oscuras y rincones poco alumbrados...

Ayer, en la conferencia de la maestra Silvia Segarra hubo un recuento de las diferentes ideas que hubo originalmente en la ciudad para convertirla en una "ciudad de luces", desde los faroles de aceite, para los que en 1790 se dictó un bando, contra aquellos "vándalos" que rompían el alumbrado.

Y es que, aunque las primeras administraciones de la ciudad pretendían que fueran los propios ciudadanos quienes se hicieran cargo de alumbrar las calles, poco a poco fue haciendose obvio que la luz era una responsabilidad publica.

Surgió incluso un impuesto especial, a la harina, con la finalidad de poder poner alumbrado...

Y aquellas lamparas verdes o negras, que tan comunes se hacen en algunas partes de la ciudad, son copias de las grandes ciudades europeas, que, como siempre, andaban copiando los estilos de Francia y Viena.

Las luminarias de mi calle fueron donadas por un candidato a jefe delegacional que era conocido de una de mis vecinas... Llegó con sus faroles de luz ahorradora y el que quedó enfrente de mi casa, fue redirigido por mi papá en una fiesta, para alumbrar el patio interior más que la calle.

El fin de semana que fui a Tlalpan, si algo me sorprendió gratamente, fue la extensa iluminación del centro de la delegación... cosa que ya no se puede decir del centro de Coyoacán, que era una "boca de lobo".

Quizá no llegará el día en que la ciudad de México pueda ser vista desde el espacio debido a sus luces, pero a lo mejor hay un día en que haya respeto por los faroles.

D.




Viento a favor

Acerca de las noticias que recibí el día de ayer, sólo tengo una cosa que decir y ya la dijo Bunbury:

Si ya no puede ir peor,
haz un último esfuerzo,
espera a que sople el viento,
a favor.

Ya sólo puede ir mejor
y está cerca el momento,
espera a que sople el viento,
a favor.

Otra vez te has vuelto a equivocar,
siempre piensas la culpa es de los demás,
y no tienes más remedio,
que de nuevo, empezar.

Otra vez la has vuelto a fastidiar,
siempre tienes que quedarte atrás,
todavía te queda un buen trecho
y les tienes, que alcanzar.

Si ya no puede ir peor,
haz un último esfuerzo,
espera a que sople el viento,
a favor.

Ya sólo puede ir mejor,
y está cerca el momento,
espera a que sople el viento,
a favor.

Otra vez fuera de lugar,
siempre estás donde no debes estar,
muy cerca o muy lejos,
no estás atento y se vuelve a escapar.

Otra vez perdiste tu oportunidad,
siempre enfrentándote y al final,
vencido por el miedo,
caes al suelo y te dejas pisar.

Si ya no puede ir peor,
haz un último esfuerzo,
espera a que sople el viento,
a favor.

Ya sólo puede ir mejor,
y está cerca el momento,
espera a que sople el viento,
a favor.

Si ya no puede ir peor,
haz un último esfuerzo,
espera a que sople el viento,
a favor.

Ya sólo puede ir mejor,
y está cerca el momento,
espera a que sople el viento,
a favor.

Recibí un correo que me hizo sonreír y luego me hizo poner muy triste, por todas sus implicaciones. Sólo sé que nadie debería seguir vivo contra su voluntad, por eso siempre me he pronunciado a favor de la eutanasia... sólo que no puedes evitar extrañar algunas cosas que sabes que desaparecerán para siempre.

Ayer soñé que estaba metida en un juego de realidad virtual donde mi misión era destripar a motociclistas gordos que montaban Choppers. Al despanzurrarlos quedaban como mermelada de zarzamora, con todo y los grumitos.

También soñé con Edith, una niña que conocí en la secundaria y que era bonita. Tenía pecas.

Sólo la traté un año y ni siquiera era muy amiga mía. La verdad no sé por qué soñé esas cosas. Quizá mi cerebro sólo me hizo caso en no querer soñar lo que me daba miedo y se fue a otros rumbos en mi memoria.

No tuve las pesadillas que creía, ni me dio insomnio. A las dos de la mañana desperté porque mi padre se percató de que el apagón que nos dejó ayer sin luz era producto de un corto circuito. La mitad de la casa está en penumbras y la otra mitad puede iluminarse.

Casi como mi alma.

D.

La hora del parque

El año pasado me propuse ir diariamente a caminar al parque. Llegaron dos señoritas de la Secretaría de Salud a hacer una toma de signos vit...