Darina con alas

Viento a favor

18 junio, 2009
Acerca de las noticias que recibí el día de ayer, sólo tengo una cosa que decir y ya la dijo Bunbury:

Si ya no puede ir peor,
haz un último esfuerzo,
espera a que sople el viento,
a favor.

Ya sólo puede ir mejor
y está cerca el momento,
espera a que sople el viento,
a favor.

Otra vez te has vuelto a equivocar,
siempre piensas la culpa es de los demás,
y no tienes más remedio,
que de nuevo, empezar.

Otra vez la has vuelto a fastidiar,
siempre tienes que quedarte atrás,
todavía te queda un buen trecho
y les tienes, que alcanzar.

Si ya no puede ir peor,
haz un último esfuerzo,
espera a que sople el viento,
a favor.

Ya sólo puede ir mejor,
y está cerca el momento,
espera a que sople el viento,
a favor.

Otra vez fuera de lugar,
siempre estás donde no debes estar,
muy cerca o muy lejos,
no estás atento y se vuelve a escapar.

Otra vez perdiste tu oportunidad,
siempre enfrentándote y al final,
vencido por el miedo,
caes al suelo y te dejas pisar.

Si ya no puede ir peor,
haz un último esfuerzo,
espera a que sople el viento,
a favor.

Ya sólo puede ir mejor,
y está cerca el momento,
espera a que sople el viento,
a favor.

Si ya no puede ir peor,
haz un último esfuerzo,
espera a que sople el viento,
a favor.

Ya sólo puede ir mejor,
y está cerca el momento,
espera a que sople el viento,
a favor.

Recibí un correo que me hizo sonreír y luego me hizo poner muy triste, por todas sus implicaciones. Sólo sé que nadie debería seguir vivo contra su voluntad, por eso siempre me he pronunciado a favor de la eutanasia... sólo que no puedes evitar extrañar algunas cosas que sabes que desaparecerán para siempre.

Ayer soñé que estaba metida en un juego de realidad virtual donde mi misión era destripar a motociclistas gordos que montaban Choppers. Al despanzurrarlos quedaban como mermelada de zarzamora, con todo y los grumitos.

También soñé con Edith, una niña que conocí en la secundaria y que era bonita. Tenía pecas.

Sólo la traté un año y ni siquiera era muy amiga mía. La verdad no sé por qué soñé esas cosas. Quizá mi cerebro sólo me hizo caso en no querer soñar lo que me daba miedo y se fue a otros rumbos en mi memoria.

No tuve las pesadillas que creía, ni me dio insomnio. A las dos de la mañana desperté porque mi padre se percató de que el apagón que nos dejó ayer sin luz era producto de un corto circuito. La mitad de la casa está en penumbras y la otra mitad puede iluminarse.

Casi como mi alma.

D.

2 comentarios:

Mar dijo...

Quizá tu alma también pueda someterse a un proceso de restauración eléctrica.

Pero mientras eso sucede, puedes cantar mucho a Búnbury.
Él apoya mi idea de quedarse con los brazos cruzados ante la tempestad.

Darina Silverstone dijo...

¿Cómo será la restauración eléctrica?

Es como Botox para el alma?

D.