"Siento que nos estamos diluyendo", me dijo el año pasado una amiga, en relación a la manera en que su vida había cambiado, desde la etapa universitaria.
Y es que es fácil.
En el mar de la vida tiende uno a despintarse, como esas camisas hippies que se van destiñendo.
Incluso Mar, llegó a preguntar en su comentario anterior, que si había esperanza para los que elegimos mal la carrera.
Y yo creo que si.
Que hay esperanza, porque lo que estudiamos no es lo que somos, es sólo parte.
Y en el sitio donde trabajamos no es lo que somos, es sólo parte.
La ropa que usas, la comida que te comes, el auto que manejas, no eres tú. Es sólo esa parte que los otros quizá perciben de ti.
Y lo que eres, esa voluntad de energía que titila a veces parece estar a punto de apagarse, o de diluirse en el mar de almas que hay sobre la tierra, es única e irrepetible.
Y si el viento la mengua, hasta que queda pequeñisima, como la flama de una vela a punto de extinguirse, vale la pena que pienses que toda hoguera, faro y el sol, fueron primero un resplandor pequeñito, que no tuvo miedo de consumirse en sacarle todo el calor y la luz a la vida.
D.
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