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Diluirse

"Siento que nos estamos diluyendo", me dijo el año pasado una amiga, en relación a la manera en que su vida había cambiado, desde la etapa universitaria.

Y es que es fácil.

En el mar de la vida tiende uno a despintarse, como esas camisas hippies que se van destiñendo.

Incluso Mar, llegó a preguntar en su comentario anterior, que si había esperanza para los que elegimos mal la carrera.

Y yo creo que si.

Que hay esperanza, porque lo que estudiamos no es lo que somos, es sólo parte.

Y en el sitio donde trabajamos no es lo que somos, es sólo parte.

La ropa que usas, la comida que te comes, el auto que manejas, no eres tú. Es sólo esa parte que los otros quizá perciben de ti.

Y lo que eres, esa voluntad de energía que titila a veces parece estar a punto de apagarse, o de diluirse en el mar de almas que hay sobre la tierra, es única e irrepetible.

Y si el viento la mengua, hasta que queda pequeñisima, como la flama de una vela a punto de extinguirse, vale la pena que pienses que toda hoguera, faro y el sol, fueron primero un resplandor pequeñito, que no tuvo miedo de consumirse en sacarle todo el calor y la luz a la vida.

D.

Marina de la hoguera

Tus rescoldos, junto a la arena
cuentan la historia de la noche pasada:
hubo guitarras y canciones
hubo caricias, besos, sonrisas.

Hubo cuentos de marineros
y polillas bailando el ritmo de las brasas
tus rescoldos sobre la playa
cuentan el ritmo de la fogata.

La marea subió y bajó
vino el pleamar y la marejada
ahora me asomo y no queda nada
ahora hay cenizas, cortezas de caña.

Fuiste el fuego, el calor, la tibieza
fuiste la luz en el mar oscuro,
ahora eres lo que eres...
sólo humo.

D

La hora del parque

El año pasado me propuse ir diariamente a caminar al parque. Llegaron dos señoritas de la Secretaría de Salud a hacer una toma de signos vit...