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Viejos amigos, nuevos amigos

En cosas que NO tienen que ver con Star Trek y el encargo familiar que me hicieron, debo confesar que este ha sido uno de los mejores fines de semana del año.

Pocas veces tengo actividades los 3 días del fin de semana y generalmente dedico uno de los días al encierro y la meditación trascendental...

Pero este fin de semana fue distinto.

El viernes tuve el reencuentro de mis compañeros de la preparatoria. Aunque no fue mi época preferida de la vida, me dio mucho gusto ver a las personas con las que pasé ese dificil trance que es crecer, conocerse a uno mismo y con quien, quizá nunca fui tan cercana porque me faltaba desarrollar mi empatía...

Durante la reunión conocí al novio de la anfitriona: me encantó platicar con alguien con una visión integradora de la cultura. Espero haber sembrado la semilla de una nueva amistad.

El sábado igualmente tuve una tarde deliciosa, en la Cineteca, viendo una cinta que merece una reseña aparte... Quizá la haré mañana.

Y mi compañía fue una mujer que conocí gracias a Twitter, de una riqueza interior maravillosa. Es una dama de la edad de mi mamá y me encantó pasar la tarde platicando con ella.

Finalmente el domingo fui a la Feria de la torta con mis amigos T. y D. con quien me encanta platicar, pues estudian un doctorado en letras y siempre tienen un tema de conversación.

Creo que nos alimenta mucho el conocer a nuevos amigos, recordar el por qué somos amigos de nuestros viejos amigos y no dar por hecho nada, pues toda amistad debe refrendarse con hechos, con cuidado constante, con las pequeñas cosas que van construyendo la vida. Momentos, risas, llanto, suspiros.

D.

Plantas vs. Zombies: la clave de la convivencia pacífica en casa


"Es como Age of Empires, pero en lugar de lanzar flechas, lanzas guisantes".

Esa fue la muy acertada definición de mi más querido amigo gammer, a quien le llevé el juego para que me diera su visto bueno.

La cálida acogida que le dio, me hizo sentirme reconfortada y sufucientemente segura como para instalar en casi todas mis computadoras el juego de PopCap Games, que ha servido para conservar la concordia familiar.

A pesar de lo simple que parece en un principio, los grados de complejidad que se desarrollan en los niveles más avanzados de Plantas vs. Zombies tienen embobados a mis primos... De hecho el más pequeño de ellos ya hizo una lista con los trucos que ha ido encontrando en línea.

La idea es esta: en una noche de muertos vivientes debes defender tu casa (y tu cerebro) del ataque de zombies.

Para ello, en tu patio delantero, trasero y en el techo, puedes plantar tu "infantería", toda una variedad de plantas que te permiten planear una estrategia de defensa de tu casa...

La diversidad de zombies y plantas va acompañada con divertidas descripciones y conforme avanzas desbloqueas otras posibilidades de minijuegos, que le dan variedad a los tres escenarios básicos.

Creo que lo que más me hace reír de este juego son todas las referencias de cultura pop que contiene...

Definitivamente lo recomiendo ampliamente!

Cinco estrellitas.







D.

Suerte

Como el sábado anduve propagando entre propios y extraños que parecía estar en una racha de mala suerte, hoy recibí varios mensajes "alentadores" que iban desde bendiciones divinas hasta un simple... "Verás como hoy las cosas te salen mejor".

Lo cierto es que, aunque no todo salió mejor (me compré un refresco que se creía champaña, el trabajo que hice el sábado fue inútil y me llamaron desde Colombia para destacar que cometí varios errores) me sentí mucho mejor, reconfortada y liberada.

Porque la suerte es, en muchas ocasiones, más bien un estado de ánimo.

El sábado, después de quejarme mucho en la entrada, le hice caso a mi amigo S. y comencé a ver la serie que me prestó: "Californication", que es de un tipo con excelente (o pésima, según se vea) suerte.

Y es que el nuevo galán de su ex mujer le ofrece un trabajo para escribir un blog sobre su vivencia en California; el personaje se encuentra en un paro creativo producto de su decepción por vender los derechos de su novela para hacer una película poperita en donde sale Tom y Kate.

Como escritor de éxito (que no ha escrito nada en un buen tiempo) obtiene buen sexo, pero lo que necesita es regresar con su ex y su hijita de 12 años (que a veces lo odia y a veces lo ama, porque es pre adolescente y así es uno a esa edad).

El personaje es adorable, porque es uno de esos anti héroes que uno termina compadeciendo. Es golpeado, humillado, correteado y aún así dice cosas divertidas.

Nada como el sentido del humor... o como diría algún filósofo popular: "si la vida te da la espalda, agarrale las nalgas".

D.

De esos días...

Hoy fue uno de esos días en donde descubres, al final, que debiste quedarte en la cama, viendo las arañas del techo, comiendo palomitas o esperando que no se derrumbara la casa del vecino encima tuyo.

En primer lugar me fui a trabajar, no demasiado convencida, porque el proyecto en el que estamos se retrasó ayer por "problemas técnicos".

Pero al llegar al lugar donde abordo el metrobus, me percaté de que no llevaba conmigo las llaves de la oficina y como nadie trabaja en sábado, no podría ni entrar...

Regresé a casa, pero el pesero que me llevó se desvió y tuve que caminar 3 cuadras.

Como tampoco llevaba las llaves de casa, casi derrumbo la puerta para que me abrieran: los demás dormían el sueño de los justos.

De regreso a la estación del metrobus, el pesero iba lento... tanto que hice el doble del tiempo que acostumbro.

Una vez en el metrobus me tocó uno llenisimo, frente a una niña que parecía haber desayunado un delicioso plato italiano, porque toda ella olía a ajos y cebollas.

Además, en uno de esos momentos raros en que mi atención se centra en algo de manera obsesiva, en el piso del metrobus había lo que parecía la envoltura de un chorizo... un pedazo de piel nauseabunda y rojiza enrollada que me provocaba un asco terrible: de no haber sido porque ya era tardisimo, me hubiera bajado.

Al conseguir asiento, mi suéter se pegó con un chicle naranja, que sospecho fue de mandarina en algún momento.

Al hacer el transbordo de una línea de metrobus a otra, un viejo libidinoso me recorrió entera, en un acto de grotesco morbo que no quiero ya ni rememorar.

Afortunadamente ya no pasó nada en la oficina... hice mis pendientes y a las 3, cuando me dio hambre, le avisé por messenger al dueño de la empresa que me llevaría el equipo a casa. Él propuso que tomara un taxi y hasta me dijo "el lunes te lo reembolso", pero yo insistí en irme en transporte publico...

Y allí tienen que, antes de llegar a la estación donde bajo (tres estaciones antes, para ser más precisa) el servicio del metrobus fue interrumpido por... ¡una manifestación en sábado!

Y como además iba toda paranoica con mi laptop bajo el brazo, no quise tomar un taxi... así que caminé, caminé y caminé, con el hombro levemente entumido, porque esta lap no es precisamente la más ligera del mundo.

Llamé a casa, para que supieran el motivo de mi retraso y me notificaron que mi tia había sufrido una parálisis facial y mi abuelo estaba enfermo, así que cancelaron cualquier visita o salida familiar.

Al llegar a casa y desempacar descubrí que había perdido uno de los aretes nuevos que apenas ayer me regaló mi abuela.

Y cuando terminé de comer y quise seguir adelantando el trabajo en la lap de la oficina, conecté el cable de la maquina y soltó una chispa: se quemó por completo.

Ahora estoy pensando en la posibilidad de meterme en algún tipo de refugio anti bombas, para terminar el día.

D.

La risa de las mujeres gordas

Siempre he pensado que las personas obesas ríen de manera diferente, como si el esfuerzo que emplearan en reír le diera a su risa una resonancia especial, una agitación más sincera, más espontánea...

Cuando ves reír a alguien delgado, un estremecimiento nervioso le recorre la espina dorsal...

Pero una mujer gorda, cuando ríe, cuando llora, cuando cocina un plato de espaguetti y abarca con su vestido rojo el panorama frente a la estufa, es un deleíte de vida, despliegue de sensualidad desbordante.

Hace poco, a mi tía, que siempre ha sufrido por ser gorda, le pasaron un par de sinsabores que me dejaron extrañando su risa, que parece fluir y extenderse, como el resto de ella...

Mi tía sirve grandes cantidades de arroz con una cuchara verde y es generosa cuando sirve el ajonjolí sobre el mole... deja abierta la llave del agua cuando llena su pileta y se ríe de los chistes más fuerte que nadie...

Así como alguien extrañaría en una pared blanca un cuadro de botero, yo extraño la risa de mi tía, la más ruidosa de la cuadra. Haría cualquier cosa por escucharla reír de nuevo y que el estremecimiento que hace vibrar los cristales de mi cuarto se repita por las mañanas.

D.

Fractales de Frambuesa

Ayer Jeanine y Laura vinieron a ver una película y terminamos tomando thé de sabores y planeando el futuro (otra vez)

Al poco rato llegó Armando, el novio de Jeanine y nos pusimos a recordar las funciones (es que él es físico y venía de dar una asesoría sobre ese tema)

No sé como salió el tema de los fractales... y los hielitos de los raspados...

Jeanine dice que sorprenderá al señor de los raspados pidiéndole un fractal de frambuesa la próxima vez que vaya...

Ay, me caen muy bien mis amigos, con ellos me puedo reír de cosas así de babosas. Y me entienden cuando les digo que me trauma pensar en todos los libros que no me va a alcanzar el tiempo de leer, las películas que no veré, los lugares que no podré visitar, los sabores de fractales que me faltan por probar...

D.

La hora del parque

El año pasado me propuse ir diariamente a caminar al parque. Llegaron dos señoritas de la Secretaría de Salud a hacer una toma de signos vit...