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La lección de hoy

Hoy fui a tomar un té de moras a un café cercano a casa.

Allí mi papá encontró a una de sus alumnas, de la escuela para adultos.

Mi hermana, mi madre y yo pusimos cara de resignación, pues mi padre siempre encuentra personas debido a su labor docente; muchas veces se queda minutos y hasta horas platicando de anécdotas que poco o nada conocemos...

Tras conversar unos minutos con su alumna y la hija de la misma, regresó a nuestra mesa.

Tuvimos una cena tranquila y cuando estábamos por pedir la cuenta, su alumna le hizo una seña

- Maestro, ya pagamos nosotras.

Mi padre estaba profundamente conmovido con el gesto. Mi hermana, mi madre y yo, ligeramente apenadas, porque nuestro consumo había sido mayor de lo que pudieron haber pedido esas dos modestas mujeres.

Alguna vez nos ha tocado que un taxista nos lleve gratis, al reconocer en mi padre al hombre que le enseñó sus primeras letras.

Otra vez acudimos a una heladería y nos regalaron las paletas cubiertas de chocolate, pues el dueño del establecimiento terminó su primaria por la diligente guía de mi papá.

Rara vez recuerdo estos momentos cuando me empieza a desencantar la naturaleza humana... pero quizá debería tenerlas más en cuenta. En realidad las buenas acciones si regresan, aunque a veces tardan y muchos olviden.

D.

La hora del parque

El año pasado me propuse ir diariamente a caminar al parque. Llegaron dos señoritas de la Secretaría de Salud a hacer una toma de signos vit...