Darina con alas

La lección de hoy

29 septiembre, 2010
Hoy fui a tomar un té de moras a un café cercano a casa.

Allí mi papá encontró a una de sus alumnas, de la escuela para adultos.

Mi hermana, mi madre y yo pusimos cara de resignación, pues mi padre siempre encuentra personas debido a su labor docente; muchas veces se queda minutos y hasta horas platicando de anécdotas que poco o nada conocemos...

Tras conversar unos minutos con su alumna y la hija de la misma, regresó a nuestra mesa.

Tuvimos una cena tranquila y cuando estábamos por pedir la cuenta, su alumna le hizo una seña

- Maestro, ya pagamos nosotras.

Mi padre estaba profundamente conmovido con el gesto. Mi hermana, mi madre y yo, ligeramente apenadas, porque nuestro consumo había sido mayor de lo que pudieron haber pedido esas dos modestas mujeres.

Alguna vez nos ha tocado que un taxista nos lleve gratis, al reconocer en mi padre al hombre que le enseñó sus primeras letras.

Otra vez acudimos a una heladería y nos regalaron las paletas cubiertas de chocolate, pues el dueño del establecimiento terminó su primaria por la diligente guía de mi papá.

Rara vez recuerdo estos momentos cuando me empieza a desencantar la naturaleza humana... pero quizá debería tenerlas más en cuenta. En realidad las buenas acciones si regresan, aunque a veces tardan y muchos olviden.

D.

5 comentarios:

Alejandra M. Fimbres dijo...

Wow! Muy conmovedora anécdota. La labor del maestro, cuando éste ama lo que hace es gratificante. No por esas pequeñas recompensas posteriores sino por lo que seguramente ha significado para tu padre ser docente toda su vida.

médico del alma dijo...

conmovedor. aún existen personas buenas x las cuales el mundo vale la pena.

gracias miss D.

1 beso

Juan dijo...

linda entrada!!!!
a
lgun dia la gente me regalará osas y servicios,jajaaj

Pequeña Saltamontes dijo...

Qué linda anécdota.

Es bueno saber que hay gente agradecida.

Tuve un maestro que se quejó con nosotros alguna vez de que sus alumnos ni siquiera lo saludaban, que no recordaban que él les enseñó a leer o a contar.

Yo creo que puede más la verdadera vocación que esperar reconocimiento, pero tampoco niego que a veces hace falta para encontrarle sentido a lo que uno hace.

Qué bueno que el esfuerzo de tu padre ha dado tan buenos frutos.

Darina Silverstone dijo...

Alejandra:

Claro, de hecho no se puede ser maestro pensando en Que te darán. Pero debe ser gratificante

Médico:

Muchas gracias a usted, por la visita de Dr.

Juan:

Seguro...

Pequeña:

Me imagino que tiene mucho que ver con la personalidad, no sólo con si eres buen o mal maestro.