-Hoy en día tenemos más opciones que nunca. Pero, ¿somos realmente felices?
La ponente, una conocida escritora de libros de autoayuda, seguía por el camino de la reflexión sobre la sociedad de consumo en la que vivimos y yo tuve la clara imagen de mi madre frente al estante de shampoo del supermercado.
La crisis provenía del análisis cuidadoso (que mi mamá siempre hace, por cierto) de las etiquetas: rizos suaves, rizos definidos, rizos alborotados, rizos ordenados, lacio perfecto, lacio imperfecto, lacio teñido, teñido alaciado, alaciado caramelizado... y algunas categorías que no parecían tener nada que ver con el cabello, pero allí estaban, creando confusión y caos mental.
Ya no sólo los gramos contenidos. El precio. Sino esas promesas - algunas vacías, otras no tanto - de caléndula, nuez, romero, jojoba, manzanilla, miel, nuez, arándano....
Ese repertorio colorido de envases de colores y formas caprichosas elegidas de manera cuidadosa en panes de opinión, con estudios de mercado y docenas de pruebas de ensayo y error.
Tanto dinero invertido con el objetivo de que mi madre experimentara una crisis nerviosa. -¿Y si me llevo el Caprice?
¿Estamos más cerca de la felicidad, entonces?
Le iba a contestar a la ponente, pero le di un sorbo a mi taza de café con vainilla y pasé al siguiente tema en la agenda...
D.
Mostrando las entradas con la etiqueta Comprar. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Comprar. Mostrar todas las entradas
Vida de catálogo
Algo que sucede de manera inevitable al terminar las fiestas de muertos es la llegada intempestiva de las ofertas navideñas.
Y con ellas vienen una docena de catálogos con moños rojos y adornos dorados que te invitan a vivir una vida de catálogo.
Lo curioso de los catálogos es que todo lo que viene en ellos te hace pensar que son imprescindibles.
Desde los bonitos abrigos invernales en todos los colores y presentaciones, hasta las cómodas plantillas para pies.
Todo es colorido y deseable, todo tiene la forma perfecta en esos departamentos blancos y luminosos donde los cojines a cuadros se ven más perfectos y las familia más sonrientes.
Que hermosas composiciones de niños jugando en la nieve (aunque en la ciudad de México nunca he visto caer nieve, aunque me dicen que sucedió alguna vez) y mamás preparándose para elegantes cenas.
Que bellos relojes centelleantes (en tiempos en donde siempre volteo a mi teléfono para ver la hora) y cremas con filtros UV de protección solar completa y eficiente.
Dan ganas de mudarse a uno de esos asépticos catálogos, de llevar una vida higiénica, saludable, esterilizada.
Maravillosa.
Pero vivimos en un mundo lleno de contradicciones, de contrastes, de covers, en un país con abusos de autoridad, corrupción, elecciones...
Y tantas cosas más.
D.
Y con ellas vienen una docena de catálogos con moños rojos y adornos dorados que te invitan a vivir una vida de catálogo.
Lo curioso de los catálogos es que todo lo que viene en ellos te hace pensar que son imprescindibles.
Desde los bonitos abrigos invernales en todos los colores y presentaciones, hasta las cómodas plantillas para pies.
Todo es colorido y deseable, todo tiene la forma perfecta en esos departamentos blancos y luminosos donde los cojines a cuadros se ven más perfectos y las familia más sonrientes.
Que hermosas composiciones de niños jugando en la nieve (aunque en la ciudad de México nunca he visto caer nieve, aunque me dicen que sucedió alguna vez) y mamás preparándose para elegantes cenas.
Que bellos relojes centelleantes (en tiempos en donde siempre volteo a mi teléfono para ver la hora) y cremas con filtros UV de protección solar completa y eficiente.
Dan ganas de mudarse a uno de esos asépticos catálogos, de llevar una vida higiénica, saludable, esterilizada.
Maravillosa.
Pero vivimos en un mundo lleno de contradicciones, de contrastes, de covers, en un país con abusos de autoridad, corrupción, elecciones...
Y tantas cosas más.
D.
Remate de libros del Auditorio
Falta exactamente un mes para mi cumpleaños.
Y como soy pobre, pero tengo la conciencia tranquila (ya pagué mis impuestos y no le debo a nadie) me animé a pasar mi primer día de vacaciones en el quinto Remate de libros del Auditorio nacional, donde las editoriales llevan sus libros antes de convertirlos en confetti.
Las bodegas son caras y no hay editorial que aguante ese gasto, así que muchos libros son condenados.
Es algo triste pensar en ello, pero desde las mesas atiborradas en colores en colores vistosos, sabes que sólo un pequeño número de esos libros la "librará".
Viendo las caras de resignación de los que vendían, sabías que regresarían a casa con gran parte del stock, pero los libros más manoseados.
Eso sin contar el robo que se da en estos lugares, donde se reportan altos incidentes debido a las multitudes.
Aún así, mientras trataba de evadir a la gente, como en una especie de danza en torno a las mesas de novedades, colandome entre los arcos que formaba la gente al tomar un ejemplar y saltando a los que se agachaban para ver libros en mesas bajas, se sentía un fresco aire de camaradería y solidaridad, en ese ambiente que compartimos los que queremos los libros: "De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo... Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria". Jorge Luis Borges
La filia por los libros es una perversión terrible, que se expande y no deja lugar al equívoco: se llena uno de papeles, de recuerdos, de esos bichitos patones que comen hojas, de olor a libro, de estantes hechos de madera, de ladrillo, de metal... Y olvidas el olor de las paredes para tapizar todo de colores y letras.
¿El botín de hoy, se preguntan?
Wasabi, de Alan Pauls; Se visten novias, de José Joaquín Blanco; Poesía Reunida, de Juan Carvajal, El hombre que hablana de Octavia de Cádiz, de Alfredo Bryce Echenique; La última noche que pasé contigo, de Mayra Montero y Ese maldito yo, de Emil Cioran.
El remate termina este 24 de abril, así que aún tienen tiempo de ir a encontrar un hallazgo entre las mesas de "Oferta", por 25 o 30 pesitos. La cita es en el Auditorio Nacional, paseo de la Reforma No. 50.
Seguro uno de los 7 mil títulos que ofrecen es para ustedes.
D.
Y como soy pobre, pero tengo la conciencia tranquila (ya pagué mis impuestos y no le debo a nadie) me animé a pasar mi primer día de vacaciones en el quinto Remate de libros del Auditorio nacional, donde las editoriales llevan sus libros antes de convertirlos en confetti.
Las bodegas son caras y no hay editorial que aguante ese gasto, así que muchos libros son condenados.
Es algo triste pensar en ello, pero desde las mesas atiborradas en colores en colores vistosos, sabes que sólo un pequeño número de esos libros la "librará".
Viendo las caras de resignación de los que vendían, sabías que regresarían a casa con gran parte del stock, pero los libros más manoseados.
Eso sin contar el robo que se da en estos lugares, donde se reportan altos incidentes debido a las multitudes.
Aún así, mientras trataba de evadir a la gente, como en una especie de danza en torno a las mesas de novedades, colandome entre los arcos que formaba la gente al tomar un ejemplar y saltando a los que se agachaban para ver libros en mesas bajas, se sentía un fresco aire de camaradería y solidaridad, en ese ambiente que compartimos los que queremos los libros: "De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo... Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria". Jorge Luis Borges
La filia por los libros es una perversión terrible, que se expande y no deja lugar al equívoco: se llena uno de papeles, de recuerdos, de esos bichitos patones que comen hojas, de olor a libro, de estantes hechos de madera, de ladrillo, de metal... Y olvidas el olor de las paredes para tapizar todo de colores y letras.
¿El botín de hoy, se preguntan?
Wasabi, de Alan Pauls; Se visten novias, de José Joaquín Blanco; Poesía Reunida, de Juan Carvajal, El hombre que hablana de Octavia de Cádiz, de Alfredo Bryce Echenique; La última noche que pasé contigo, de Mayra Montero y Ese maldito yo, de Emil Cioran.
El remate termina este 24 de abril, así que aún tienen tiempo de ir a encontrar un hallazgo entre las mesas de "Oferta", por 25 o 30 pesitos. La cita es en el Auditorio Nacional, paseo de la Reforma No. 50.
Seguro uno de los 7 mil títulos que ofrecen es para ustedes.
D.
Sueños de anaquel
El fin de semana fui a uno de esos supermercados donde hay anaqueles hasta el techo: son una especie de bodegas adaptadas, cuyo cometido es poner todas las mercancías posibles a la vista e incluso hay unas enormes redes que se encargan de "provisionar" en todo momento contenedores gigantes, que amplían la percepción de que estamos rodeados de abundancia de provisiones.
Mientras miraba la variedad de marcas, colores, presentaciones y demás, pensaba que ese sistema estaba pensado para darnos la falsa impresión de que todos nuestros sueños y expectativas estaban cubiertos.
Sin embargo, detrás de muchas de esas latas y envases, hay corporaciones que sólo cambian el nombre de la etiqueta y compran al mismo precio productos, para venderlos tras el nombre de diez marcas distintas.
A veces pienso en la emoción que les daba a los rusos el libre mercado, o en la desesperación de algunos cubanos por tener una marca. Mi madre dice que cuando estuvo en Cuba le pedían cosas de marca, pues ese sello parecía garantizar la calidad del producto, contra todo argumento...
Al igual que los estereotipos, las marcas se han creado para darle claridad a nuestro sistema, para saber que quien usa "Dolce Gabbana" es muy distinto de quien usa "Vans" y que los que se limpian los mocos con "Kleenex" son años luz más progresista de los que usamos un simple papel de baño...
Como todo sueño, bien rápido se disipa al llegar a las cajas: el sonido del lector óptico es como una sirena que marca la hora de despertar...
- ¿Encontró todo lo que buscaba?
- Casi todo... ¿En qué pasillo tienen la felicidad?
D.
Mientras miraba la variedad de marcas, colores, presentaciones y demás, pensaba que ese sistema estaba pensado para darnos la falsa impresión de que todos nuestros sueños y expectativas estaban cubiertos.
Sin embargo, detrás de muchas de esas latas y envases, hay corporaciones que sólo cambian el nombre de la etiqueta y compran al mismo precio productos, para venderlos tras el nombre de diez marcas distintas.
A veces pienso en la emoción que les daba a los rusos el libre mercado, o en la desesperación de algunos cubanos por tener una marca. Mi madre dice que cuando estuvo en Cuba le pedían cosas de marca, pues ese sello parecía garantizar la calidad del producto, contra todo argumento...
Al igual que los estereotipos, las marcas se han creado para darle claridad a nuestro sistema, para saber que quien usa "Dolce Gabbana" es muy distinto de quien usa "Vans" y que los que se limpian los mocos con "Kleenex" son años luz más progresista de los que usamos un simple papel de baño...
Como todo sueño, bien rápido se disipa al llegar a las cajas: el sonido del lector óptico es como una sirena que marca la hora de despertar...
- ¿Encontró todo lo que buscaba?
- Casi todo... ¿En qué pasillo tienen la felicidad?
D.
Escaparates y Vidrieras
Hoy, después de desayunar con mi familia, pasamos por varias zapaterías.
Mientras veía a mi mamá y mi hermana mirar los zapatos, me asombraba pensar que, a diferencia de muchas personas, yo no me visualizaba con esos artículos, ni me imaginaba el placer de comprarlos...
Por el contrario, veía los precios y las tallas. A veces reparaba en la marca o memorizaba el número de modelo para pedírselo a la dependienta...
Recordé como una de mis compañeras de trabajo perdía el hilo de la conversación al ver en una vidriera un vestido... O la fascinación abstracta de mi abuela al recorrer calles y calles buscando "el vestido" y "el bolso".
Vivimos en un mundo tal que, con poner algo en una vidriera te dicen que es lo que te dará gloria, poder, fama, amor, éxito. Te dicen que es lo que necesitas para ser, gozar, vivir, estudiar, amar.
Te dicen que comprar sustituye a cualquier otra experiencia de la vida y que es incluso mejor, pues está al alcance de tu billetera (siempre que tengas el importe indicado en la etiqueta).
De repente tus tenis ya no son tus tenis, sino el concierto de rock con tus amigos; las botas altas son la cita de ensueño por la noche; el automóvil es el viento que sopla en tu cabello y te cuenta el secreto de la libertad.
Desconfío de las vidrieras. De sus solipsismos, de sus metáforas de "sé el mejor, la más bella, el más deseado, la más profesional".
Cada día que me levanto y miro el closet y me reto a mi misma... "¿Qué quieres decir hoy?", intento que lo que diré sea mío, más allá de lo que esté de moda.
A veces saco mis piernas a pararse frente al mundo, desnudas... Y a veces me disfrazo de inexactitud, con un toque de desconcierto. Y las vidrieras me miran en sus brillantes espejos, que reflejan a la persona que está detrás del cristal. Hacen un guiño, que no sé precisamente de que es y me dejan pasar, porque voy más allá de donde está la tienda: al mundo real.
D.
Mientras veía a mi mamá y mi hermana mirar los zapatos, me asombraba pensar que, a diferencia de muchas personas, yo no me visualizaba con esos artículos, ni me imaginaba el placer de comprarlos...
Por el contrario, veía los precios y las tallas. A veces reparaba en la marca o memorizaba el número de modelo para pedírselo a la dependienta...
Recordé como una de mis compañeras de trabajo perdía el hilo de la conversación al ver en una vidriera un vestido... O la fascinación abstracta de mi abuela al recorrer calles y calles buscando "el vestido" y "el bolso".
Vivimos en un mundo tal que, con poner algo en una vidriera te dicen que es lo que te dará gloria, poder, fama, amor, éxito. Te dicen que es lo que necesitas para ser, gozar, vivir, estudiar, amar.
Te dicen que comprar sustituye a cualquier otra experiencia de la vida y que es incluso mejor, pues está al alcance de tu billetera (siempre que tengas el importe indicado en la etiqueta).
De repente tus tenis ya no son tus tenis, sino el concierto de rock con tus amigos; las botas altas son la cita de ensueño por la noche; el automóvil es el viento que sopla en tu cabello y te cuenta el secreto de la libertad.
Desconfío de las vidrieras. De sus solipsismos, de sus metáforas de "sé el mejor, la más bella, el más deseado, la más profesional".
Cada día que me levanto y miro el closet y me reto a mi misma... "¿Qué quieres decir hoy?", intento que lo que diré sea mío, más allá de lo que esté de moda.
A veces saco mis piernas a pararse frente al mundo, desnudas... Y a veces me disfrazo de inexactitud, con un toque de desconcierto. Y las vidrieras me miran en sus brillantes espejos, que reflejan a la persona que está detrás del cristal. Hacen un guiño, que no sé precisamente de que es y me dejan pasar, porque voy más allá de donde está la tienda: al mundo real.
D.
Entre malvones y geranios
Así como yo tuve un ataque de compras compulsivas el sábado, hay personas que realmente están graves...
Como mi abuela, que tiene una seria obsesión por las blusas tejidas que parecen carpetitas (de las cuales ya tengo una amplia colección, por no saberme negar a un regalo de ella, con su particular "ojalá te gusten, m´hijita")... y por las plantas.
¿Desde cuando las plantas vuelven loca a mi abuela? No sabría decirlo, pero desde que tengo memoria mi abuelo ha tenido hermosos jardines, dignos del club de jardinería y de que le concedan un pozo de los deseos.
Cuando vivía en Veracruz tenía un patio grande, que era una delicia de ver. Por las tardes, cuando el sol bajaba, iba al jardín a pasear entre las rosas y los árboles frutales de mi abuela (tenía un limonero, varios platanares y cocoteros, un árbol de mango y un naranjal).
Además, mi abuela tenía muchas plantas de nombres desconocidos para mí: hojitas, hojotas, coloradas, amarillas, verde claro y verde oscuro. Su pasión por la botánica abarcaba no sólo el nombre de las plantas, sino sus propiedades, su historia ("esta es la cuna de Moisés, se llama así porque al niñito Moisés lo colocaron en una cunita blanca y lo dejaron en el río; como verás, la flor de esta plantita parece una cuna...") y los cuidados exactos para cada plantita. (A los de este lado, no me los riegues, porque se riegan una vez cada tercer día).
Por eso, ahora que mi abuela nos pidió acompañarla a los viveros de Cuemanco, en la delegación Xochimilco, acudimos... pero no de tan buena gana, porque cuando alguien se obsesiona evidentemente derrocha más emoción que tú.
Pero acompañar a mi abuela resultó una opción adecuada, porque ella se propuso "inculcarme su amor por las plantas" y comenzó dandome una lección: me enseñó la diferencia entre geranios y malvones...
Resulta que yo había vivido engañada toda la vida y pensaba que los geranios tenían flores en redondel y hojas redondas... Pero no, esos son los malvones.
Los geranios tienen las mismas flores en redondel, pero sus hojas son picuditas...
También aprendí las clasificaciones de las orquídeas (aunque ahora no las recuerde de memoria) y me deleíte con tantos colores, olor a tierra mojada y el tranquilizante sonido que hacen las plantas cuando se mueven al ritmo del sol. (¿No las han escuchado? Sólo hay que quedarse calladitos un rato)
Ahora mi abuela vive en la ciudad y tiene un jardín mucho más modesto... pero no tardó nada en comprarse dos orquídeas, una violeta africana, un anturio morado y nos regaló dos pensamientos miniatura y una sensitiva... (Simpática plantita que se cierra al rozarla con los dedos).
Al final del día, con los pies un poco más cansados y la cajuela del auto llena de cosas verdes, tuve tiempo para pensar en las obsesiones que tenemos: la mayor parte de ellas revelan cosas de nosotros, mensajes que están a la vista de todos, pero que a veces pasan desapercibidos... como el profundo amor a la vida que tiene mi abuela.
D.
Como mi abuela, que tiene una seria obsesión por las blusas tejidas que parecen carpetitas (de las cuales ya tengo una amplia colección, por no saberme negar a un regalo de ella, con su particular "ojalá te gusten, m´hijita")... y por las plantas.
¿Desde cuando las plantas vuelven loca a mi abuela? No sabría decirlo, pero desde que tengo memoria mi abuelo ha tenido hermosos jardines, dignos del club de jardinería y de que le concedan un pozo de los deseos.
Cuando vivía en Veracruz tenía un patio grande, que era una delicia de ver. Por las tardes, cuando el sol bajaba, iba al jardín a pasear entre las rosas y los árboles frutales de mi abuela (tenía un limonero, varios platanares y cocoteros, un árbol de mango y un naranjal).
Además, mi abuela tenía muchas plantas de nombres desconocidos para mí: hojitas, hojotas, coloradas, amarillas, verde claro y verde oscuro. Su pasión por la botánica abarcaba no sólo el nombre de las plantas, sino sus propiedades, su historia ("esta es la cuna de Moisés, se llama así porque al niñito Moisés lo colocaron en una cunita blanca y lo dejaron en el río; como verás, la flor de esta plantita parece una cuna...") y los cuidados exactos para cada plantita. (A los de este lado, no me los riegues, porque se riegan una vez cada tercer día).
Por eso, ahora que mi abuela nos pidió acompañarla a los viveros de Cuemanco, en la delegación Xochimilco, acudimos... pero no de tan buena gana, porque cuando alguien se obsesiona evidentemente derrocha más emoción que tú.
Pero acompañar a mi abuela resultó una opción adecuada, porque ella se propuso "inculcarme su amor por las plantas" y comenzó dandome una lección: me enseñó la diferencia entre geranios y malvones...
Resulta que yo había vivido engañada toda la vida y pensaba que los geranios tenían flores en redondel y hojas redondas... Pero no, esos son los malvones.
Los geranios tienen las mismas flores en redondel, pero sus hojas son picuditas...
También aprendí las clasificaciones de las orquídeas (aunque ahora no las recuerde de memoria) y me deleíte con tantos colores, olor a tierra mojada y el tranquilizante sonido que hacen las plantas cuando se mueven al ritmo del sol. (¿No las han escuchado? Sólo hay que quedarse calladitos un rato)
Ahora mi abuela vive en la ciudad y tiene un jardín mucho más modesto... pero no tardó nada en comprarse dos orquídeas, una violeta africana, un anturio morado y nos regaló dos pensamientos miniatura y una sensitiva... (Simpática plantita que se cierra al rozarla con los dedos).
Al final del día, con los pies un poco más cansados y la cajuela del auto llena de cosas verdes, tuve tiempo para pensar en las obsesiones que tenemos: la mayor parte de ellas revelan cosas de nosotros, mensajes que están a la vista de todos, pero que a veces pasan desapercibidos... como el profundo amor a la vida que tiene mi abuela.
D.
Compras compulsivas
... colgué el teléfono y salí de casa.
Salí de casa con dinero en el bolsillo.
El dinero en el bolsillo es peligroso. El dinero en el bolsillo es un pasaporte para muchas cosas.
El dinero en el bolsillo está para cambiar de sitio. Nada se pierde, sólo cambia de dueño.
Colgué el teléfono y caminé por la acera caliente.
Pensaba en que podría comprarme ese dinero en el bolsillo. ¿El dinero en el bolsillo podría darme felicidad?
Había trabajado toda la semana, ensamblando palabras: una detrás de la otra, formadas como hormiguitas ordenadas, como un desfile de bichitos negros...
Y mi labor, una vez terminada, me dejó un dolor de espalda y la convicción de que necesito escribir menos y leer más.
Así que me dirigí a mi librería de confianza (Ah, hogar, dulce hogar) y me compré...
a) Los ejercitos de la noche: desde que iba en la universidad quería leer este libro... No sé por qué tardé tanto en comprarlo.
b) Los detectives salvajes: recomendación de Yareli... Desde hace mucho, también.
c) La ciudad de cristal: primer libro de la trilogía de Nueva York, de Auster. Me han dicho que es infaltable.
Salí de allí con muchos menos pesos en la bolsa... y me dirigí a casa de mi amiga M. que vive a unas cuadras de la librería.
Fui la primera en llegar a la venta de lencería que organizó (así que pude elegir con calma).
Tenía varias opciones, pero al final me quedé con unos "must" de mi lista.
Adoro la lencería, no me podía resistir.
Regresé a casa con la mochila llena y la cartera vacía.
Y no... el dinero no te hace feliz. Sólo las cosas que compras con él.
Ja.
D.
Salí de casa con dinero en el bolsillo.
El dinero en el bolsillo es peligroso. El dinero en el bolsillo es un pasaporte para muchas cosas.
El dinero en el bolsillo está para cambiar de sitio. Nada se pierde, sólo cambia de dueño.
Colgué el teléfono y caminé por la acera caliente.
Pensaba en que podría comprarme ese dinero en el bolsillo. ¿El dinero en el bolsillo podría darme felicidad?
Había trabajado toda la semana, ensamblando palabras: una detrás de la otra, formadas como hormiguitas ordenadas, como un desfile de bichitos negros...
Y mi labor, una vez terminada, me dejó un dolor de espalda y la convicción de que necesito escribir menos y leer más.
Así que me dirigí a mi librería de confianza (Ah, hogar, dulce hogar) y me compré...
a) Los ejercitos de la noche: desde que iba en la universidad quería leer este libro... No sé por qué tardé tanto en comprarlo.
b) Los detectives salvajes: recomendación de Yareli... Desde hace mucho, también.
c) La ciudad de cristal: primer libro de la trilogía de Nueva York, de Auster. Me han dicho que es infaltable.
Salí de allí con muchos menos pesos en la bolsa... y me dirigí a casa de mi amiga M. que vive a unas cuadras de la librería.
Fui la primera en llegar a la venta de lencería que organizó (así que pude elegir con calma).
Tenía varias opciones, pero al final me quedé con unos "must" de mi lista.
Adoro la lencería, no me podía resistir.
Regresé a casa con la mochila llena y la cartera vacía.
Y no... el dinero no te hace feliz. Sólo las cosas que compras con él.
Ja.
D.
Chucherías
Apenas me confirmaron que me remunerarían unos trabajos que realicé hace poco me dediqué a hacer la lista de las cosas que necesito comprar: unos lentes nuevos que sustituyan a estos que tan buen servicio me han dado, unos audífonos para que deje de vivir en la época del sonido monoaural y regrese al universo estéreo, una crema humectante, porque la vida no pasa en vano...
Pero hoy, tras despachar unos asuntos urgentes en la oficina de correos, pasé por una de esas tiendas de artículos chinos con la genial promesa de "todo a tres pesos" y caí en la tentación de comprarme unas ligas para el cabello, pese a que no estaban en mi lista y de hecho aún tengo varias.
Es cierto: Corso, mi gato, gusta de sacar las ligas y jugar con ellas hasta dejarlas echas unas tiras inservibles... pero no por eso tenía que lanzarme a comprarlas. De hecho, había evitado con sutileza y gracia esas tiendas casi todo este año: son fuente de necesidades inútiles...
De hecho, mientras salía, el barniz de uñas negro me susurró "llévame" y también estuve por adquirir calcomanías... ¿Para qué quiero yo calcomanías? Para nada, en absoluto. Es sólo una tentación terrible, pasar a esos botaderos de artículos inútiles para comprar cosas que no necesitas... pero tan irresistibles.
D.
Pero hoy, tras despachar unos asuntos urgentes en la oficina de correos, pasé por una de esas tiendas de artículos chinos con la genial promesa de "todo a tres pesos" y caí en la tentación de comprarme unas ligas para el cabello, pese a que no estaban en mi lista y de hecho aún tengo varias.
Es cierto: Corso, mi gato, gusta de sacar las ligas y jugar con ellas hasta dejarlas echas unas tiras inservibles... pero no por eso tenía que lanzarme a comprarlas. De hecho, había evitado con sutileza y gracia esas tiendas casi todo este año: son fuente de necesidades inútiles...
De hecho, mientras salía, el barniz de uñas negro me susurró "llévame" y también estuve por adquirir calcomanías... ¿Para qué quiero yo calcomanías? Para nada, en absoluto. Es sólo una tentación terrible, pasar a esos botaderos de artículos inútiles para comprar cosas que no necesitas... pero tan irresistibles.
D.
La feria del libro y más proyectos para gastar dinero...
Es cierto... todo es cuestión de tiempo y oportunidad.
Ahora tengo más tiempo para gastar el dinero. Es realmente increíble como, cuando era laboriosa hormiguita, no se me antojaban tantas cosas, ni encontraba tantos eventos en los cuales dedicar el fruto de mi esfuerzo...
Por el contrario, ahora que tengo tiempo y acompaño a mis padres a culturosos eventos de los viernes, se interponen en mi camino docenas de cosas bonitas por comprar...
Pero ya sabía yo que era un riesgo pasar por esos estantes llenos de tentadores letreros de "oferta".
Así, de un momento a otro, me gasté lo que solía gastarme en una semana... Así, de un momento a otro, me hice de un libro de Rubem Fonseca, recuperé el libro de Lucía Etxebarrieta que nunca me devolvieron y compré el libro de Ramón Xirau que estaba bien recomendado...
Había muchos eventos relacionados con Darwin y su viaje en el Beagle. Siempre me ha parecido una aventura emocionante, aunque ya no me quedé a ver ningún evento... corría el riesgo de querer después una galápagos...
D.
Ahora tengo más tiempo para gastar el dinero. Es realmente increíble como, cuando era laboriosa hormiguita, no se me antojaban tantas cosas, ni encontraba tantos eventos en los cuales dedicar el fruto de mi esfuerzo...
Por el contrario, ahora que tengo tiempo y acompaño a mis padres a culturosos eventos de los viernes, se interponen en mi camino docenas de cosas bonitas por comprar...
Pero ya sabía yo que era un riesgo pasar por esos estantes llenos de tentadores letreros de "oferta".
Así, de un momento a otro, me gasté lo que solía gastarme en una semana... Así, de un momento a otro, me hice de un libro de Rubem Fonseca, recuperé el libro de Lucía Etxebarrieta que nunca me devolvieron y compré el libro de Ramón Xirau que estaba bien recomendado...
Había muchos eventos relacionados con Darwin y su viaje en el Beagle. Siempre me ha parecido una aventura emocionante, aunque ya no me quedé a ver ningún evento... corría el riesgo de querer después una galápagos...
D.
Semana del catálogo
Esta semana aprendí en la oficina (si, siempre estoy aprendiendo cosas en la oficina, aunque muchas veces no tienen que ver con la vida profesional) que hay que escapar de los catálogos. De repente. Sin saberlo, sin notarlo, estoy endeudada, debido a la gran cantidad de cosas seductoras que (lástima) no puedo estrenar, ni usar, ni sé...
Pedí demasiadas cosas que no usaré, por la sencilla razón de que no puedo recordar ni siquiera donde las dejo.
Lo que si tengo que recordar es pagarlas. Claro, de eso nadie me exime. Llegan bonitas bolsas, con templetes de marcas de cosas que se veía genial puesto en una modelo preciosa y brasileña, pero que en mi podría ser una caricatura de barniz, un disfraz, una careta.
Creo que pocas personas se conflictuan tanto como yo al ver un catálogo. Por un lado, el interés de sentirse adaptado, a la moda, genial, de ejercer el poder de compra que me da el trabajar.
Por otro lado, el remordimiento de conciencia, la culpa, el despilfarro, el vacío posterior al quedarse sobre un montón de bolsas vacías y notas de compra.
Esta es la semana del catálogo en la oficina.
Yo otra vez, entendí que siempre saldré perdiendo mientras no sepa decir que NO.
D.
Pedí demasiadas cosas que no usaré, por la sencilla razón de que no puedo recordar ni siquiera donde las dejo.
Lo que si tengo que recordar es pagarlas. Claro, de eso nadie me exime. Llegan bonitas bolsas, con templetes de marcas de cosas que se veía genial puesto en una modelo preciosa y brasileña, pero que en mi podría ser una caricatura de barniz, un disfraz, una careta.
Creo que pocas personas se conflictuan tanto como yo al ver un catálogo. Por un lado, el interés de sentirse adaptado, a la moda, genial, de ejercer el poder de compra que me da el trabajar.
Por otro lado, el remordimiento de conciencia, la culpa, el despilfarro, el vacío posterior al quedarse sobre un montón de bolsas vacías y notas de compra.
Esta es la semana del catálogo en la oficina.
Yo otra vez, entendí que siempre saldré perdiendo mientras no sepa decir que NO.
D.
Ropa del montón
Ayer me fui a comer unos tacos de barbacha bien dorados a un mercado que queda a unas cuantas estaciones del metro de mi casa...
Aunque llegué en auto, con mis papás, decidí volver a casa pues tendría un compromiso (que se canceló después, pero esa es otra historia). Así que me regresé caminando.
Al cruzar el puente, de camino a casa, me fue inevitable fijarme en un tianguis que se pone "siempre en domingo"; antes era un tianguis normal, de todo un poco, ya saben...
Ahora, esa calle en particular, unas cinco cuadras, se dedican casi por completo a vender ropa de montón, es decir, mercancía que es comprada por pacas a precios bastante bajos de ropavejeros o en el mejor de los casos de la mucha ropa que se deshecha en el país vecino por cambios de temporada.
Doy fe y cualquiera puede darla por mí, de que a mi no me gusta ir a comprar ropa. Creo que tengo más ropa de la necesaria... pero les juro que sucumbí a la tentación de ver texturas, colores... y mejor aún, a la gente buscando su ropa.
¿Ven a aquelle chica tan bien arreglada, con muchas prendas encima, que parece que salió de alguna Boutique? ¡Pues ella escoge su ropa del montón!
¿Ven a esa señora que tiene muchos vestidos iguales? ¡Los sacó todos del montón! (La verdad le envidio la paciencia para buscar tantos diseños de puntitos, florecitas y cositas iguales en un diseño tan feo)
¿Ven a esos niños con gorras? ¿A la niña con listones? ¡Todo del montón!
Así que cuando sus esperanzas estén desahuciadas y sus bolsillso vacíos, no olviden que hay ropa del montón desde $5.00 y pantalones de mezclilla de $40.00
D.
P. D. Por si se lo preguntan... No, no compré nada, sólo unas calcetas que olían a nuevo y que compré más adelante. Ja, no es que yo sea desconfiada pero...
Aunque llegué en auto, con mis papás, decidí volver a casa pues tendría un compromiso (que se canceló después, pero esa es otra historia). Así que me regresé caminando.
Al cruzar el puente, de camino a casa, me fue inevitable fijarme en un tianguis que se pone "siempre en domingo"; antes era un tianguis normal, de todo un poco, ya saben...
Ahora, esa calle en particular, unas cinco cuadras, se dedican casi por completo a vender ropa de montón, es decir, mercancía que es comprada por pacas a precios bastante bajos de ropavejeros o en el mejor de los casos de la mucha ropa que se deshecha en el país vecino por cambios de temporada.
Doy fe y cualquiera puede darla por mí, de que a mi no me gusta ir a comprar ropa. Creo que tengo más ropa de la necesaria... pero les juro que sucumbí a la tentación de ver texturas, colores... y mejor aún, a la gente buscando su ropa.
¿Ven a aquelle chica tan bien arreglada, con muchas prendas encima, que parece que salió de alguna Boutique? ¡Pues ella escoge su ropa del montón!
¿Ven a esa señora que tiene muchos vestidos iguales? ¡Los sacó todos del montón! (La verdad le envidio la paciencia para buscar tantos diseños de puntitos, florecitas y cositas iguales en un diseño tan feo)
¿Ven a esos niños con gorras? ¿A la niña con listones? ¡Todo del montón!
Así que cuando sus esperanzas estén desahuciadas y sus bolsillso vacíos, no olviden que hay ropa del montón desde $5.00 y pantalones de mezclilla de $40.00
D.
P. D. Por si se lo preguntan... No, no compré nada, sólo unas calcetas que olían a nuevo y que compré más adelante. Ja, no es que yo sea desconfiada pero...
La cuesta de enero en tacones
Yo nunca había entendido el valor de una quincena y cuando me decían cosas de "La cuesta de enero" se me hacían lejanas, como de cuento de hadas...
Pero fomentada en no sé que paranoia de las noticias sobre el alza en todo... ahora pienso que soy realmente pobre y que nada del dinero será suficiente...
Además, me he perdido entre las declaraciones de los Barzonistas, los titulares del Universal del alza de las tortillas, las declaraciones del Secretario de Economía y de Agrícultura que dicen que todo marcha de maravilla, las cifras macroeconómicas que dan los analistas financieros y las llamadas continuas de mi banco para ofrecerme líneas de crédito que no usaré.
No.
No quiero ir a comprar zapatillas.
Pero al parecer son requisito indispensable para ir a trabajar en mi oficina y ahora tendré que subir la cuesta de enero con tacones.
Ahora bien... yo que siempre he andado en zapatos de piso, gastar en zapatillas para la oficina se me hace una extravagancia fuera de lo normal.
Le pregunté al guardia que si podía llevarme mis botas y se las puse enfrente, para que me diera su visto bueno, pero no estoy segura de si la cara que hizo fue porque no me había depilado bien o porque ahora será Fashion Police...
Claro, tuve una acalorada discusión con el corrector de Estilo sobre que algun día tendría que tomar copas de Martini en lugar de tarros de Cerveza, portar bolsas de mano en lugar de mochila, cortarme la coleta y comenzar a mirar el lado izquierdo más que el derecho en los menús...
Pero creo que aún no llega ese momento. Así que eché mis huaraches en la mochila, para subir la cuesta de enero en tacones y sentarme con toda calma, mis deditos al aire y contemplar la vista desde algun mes más alto, para contemplar la vista.
D.
Pero fomentada en no sé que paranoia de las noticias sobre el alza en todo... ahora pienso que soy realmente pobre y que nada del dinero será suficiente...
Además, me he perdido entre las declaraciones de los Barzonistas, los titulares del Universal del alza de las tortillas, las declaraciones del Secretario de Economía y de Agrícultura que dicen que todo marcha de maravilla, las cifras macroeconómicas que dan los analistas financieros y las llamadas continuas de mi banco para ofrecerme líneas de crédito que no usaré.
No.
No quiero ir a comprar zapatillas.
Pero al parecer son requisito indispensable para ir a trabajar en mi oficina y ahora tendré que subir la cuesta de enero con tacones.
Ahora bien... yo que siempre he andado en zapatos de piso, gastar en zapatillas para la oficina se me hace una extravagancia fuera de lo normal.
Le pregunté al guardia que si podía llevarme mis botas y se las puse enfrente, para que me diera su visto bueno, pero no estoy segura de si la cara que hizo fue porque no me había depilado bien o porque ahora será Fashion Police...
Claro, tuve una acalorada discusión con el corrector de Estilo sobre que algun día tendría que tomar copas de Martini en lugar de tarros de Cerveza, portar bolsas de mano en lugar de mochila, cortarme la coleta y comenzar a mirar el lado izquierdo más que el derecho en los menús...
Pero creo que aún no llega ese momento. Así que eché mis huaraches en la mochila, para subir la cuesta de enero en tacones y sentarme con toda calma, mis deditos al aire y contemplar la vista desde algun mes más alto, para contemplar la vista.
D.
El cielo de los platos
Desde que regresamos de Europa mi abuela insistía en comprarse una vajilla cuadrada... Así que tras varias expediciones al centro, mi mamá decidió llevarla a que escogiera personalmente su vajilla. Visitamos muchas casas de platos en las calles de Artículo 123 y López... pero mi abuela no terminaba de escoger ninguna...
Incluso encontró unos platos navideños (en Junio, sí, es muy bonita época para los platos navideños) que terminarán empolvandose 364 días al año... Nos repartimos los platos entre mi hermana, mi mamá y yo, para llevarlos sanos y salvos hasta la casa...
Pero mi determinada abuela decidió que París bien valía una misa... así que nos trepamos a un taxi y llegamos a un conocido establecimiento de tiendas departamentales donde subimos seis pisos (¡Seis!) para llegar a la sección de hogar...
Tras deambular por entre docenas de artículos (las más de ellos sólo servían para coleccionar polvo, como adornitos de cristal, flores de plástico y esculturas de porcelana...) mi abuela encontró "La vajilla perfecta" (una que ya habíamos visto más barata, en otras tiendas) pero claro, en este almacén estaba "de rebaja" y además se la entregaban a domicilio, cosa que me pareció muy bien, porque yo estaba cargando siete platos y ya estaba bastante cansada.
Así que mi abuela sacó su todo poderosa tarjeta... que no pasó los designios del dios de la banca.
Ya estabamos todos muy tristes, pensando en que la excursión al cielo de los platos había sido infructuosa cuando...
¡Oh, recordé que yo traía también mi tarjeta de la cuenta de ahorros! Bueno, ahora soy la feliz propietaria de una vajilla de platos cuadrados con flores de tulipanes...
Está bien chula de bonita, pero se la van a ir a entregar a mi abuela y ella me dice que en cuanto pueda me la pagará.
La verdad nunca había comprado algo tan caro. Me siento un poco extraña, pensar que tantos días de corregir trabajos de los alumnos o soportar regaños de mi ex jefa del periódico va a terminar en... una vajilla.
Es algo que no se me hubiera ocurrido nunca. Pero bueno...
Nadie sabe para quien trabaja.
D.
Las compras: esa tortura pesonal
Pues si... me fui de compras. Sobre todo porque tenía un vale que me dieron en la escuela por el día del maestro y aunque se lo ofrecí a mi mamá para que pagara parte de la dispensa me dijo:
-¿Por qué no te compras algo lindo, por tu cumpleaños?
Y allá voy yo... al Centro Comercial. La verdad es que me intimidan un poco. Casi siempre que entro a la Tienda UNAM es de entrada por salida... Pero ahora me quedé un buen rato.
Mientras vagabundeaba por los pasillos me dí cuenta cuanto mal me han hecho mis padres al ponerme a comparar precios, porque no puedo entrar a un centro comercial sin tener la aprensión de revisar etiquetas por todas partes... ¿Serán mejor los acondicionadores de 550 ml. o los de 500 ml.?, ¿Serán más apropiados los botes de crema para la piel con miel o con avellanas?
La verdad me iba a gastar todo en perfumería: una crema para el cabello, un shampoo, un acondicionador... Mi mamá me aseguró que con eso se evaporaría mi vale.
Pero entonces sucumbí al fantasma de la moda y vi unas faldas que me guiñaron un ojo, con ternura nunca vista.
He de decir que yo no sé mi talla, así que escogí varias (De la 7 a la 11) y acudí al probador. Tampoco sé el procedimiento, así que el guardia me vio con algo de compasión mal disimulada y me dijo que debía registrarme antes... Ah, que gracioso. Registrarme, como en un museo.
Bueno. Allí iba yo, a enfrentarme con el zar de la moda: el espejo.
La verdad es que sigo sintiendome culpable por comprarme ropa en lugar de cosas "que realmente necesito"
Después de todo tengo ropa... pero no toda me guiña el ojal.
D.
-¿Por qué no te compras algo lindo, por tu cumpleaños?
Y allá voy yo... al Centro Comercial. La verdad es que me intimidan un poco. Casi siempre que entro a la Tienda UNAM es de entrada por salida... Pero ahora me quedé un buen rato.
Mientras vagabundeaba por los pasillos me dí cuenta cuanto mal me han hecho mis padres al ponerme a comparar precios, porque no puedo entrar a un centro comercial sin tener la aprensión de revisar etiquetas por todas partes... ¿Serán mejor los acondicionadores de 550 ml. o los de 500 ml.?, ¿Serán más apropiados los botes de crema para la piel con miel o con avellanas?
La verdad me iba a gastar todo en perfumería: una crema para el cabello, un shampoo, un acondicionador... Mi mamá me aseguró que con eso se evaporaría mi vale.
Pero entonces sucumbí al fantasma de la moda y vi unas faldas que me guiñaron un ojo, con ternura nunca vista.
He de decir que yo no sé mi talla, así que escogí varias (De la 7 a la 11) y acudí al probador. Tampoco sé el procedimiento, así que el guardia me vio con algo de compasión mal disimulada y me dijo que debía registrarme antes... Ah, que gracioso. Registrarme, como en un museo.
Bueno. Allí iba yo, a enfrentarme con el zar de la moda: el espejo.
La verdad es que sigo sintiendome culpable por comprarme ropa en lugar de cosas "que realmente necesito"
Después de todo tengo ropa... pero no toda me guiña el ojal.
D.
Bouquet
Ayer tuve dos sueños. Uno de ellos tenía que ver con el día de las madres. Supongo que después de todo tanta publicidad subliminal si hizo su efecto y me encontraba de compras en un centro comercial, en donde en la sección de jardinería tenía una promoción especial para que armaras tus propios ramos el día de las madres.
En cada estante había un tipo de flor (rosas, claveles, gardenias, pensamientos) o plantas de decoración (hojas de dólar, ramas de pino, flores secas de color lavanda, espigas de trigo) con los que podías armar tu propio "original diseño de adoración filial"
Pensando que me resultaría más barato... (jo, que ingenua yo) me puse a cortar flores del supermercado y armé un colorido conjunto lleno de pensamientos y violetas silvestres, cuyo precio por alguna extraña razón nunca pude ver.
Luego, en un estante diferente, compré un vidrio de cristal cortado y llevé mi arreglo floral a la sección de "Facturas" donde me aseguraron que todo me había salido al muy razonable precio de 25 pesos. (Que genio de las finanzas soy, dios mío...)
Al llegar a la caja y pretender pagar con la morralla oficial que acompaña a toda buena desempleada me encontré (oh, desgracia) con que el precio total del arreglo era de $550 pesotes...
Y además de atacarme y correr con el tipo de Facturas para reclamarle, llegué a un acuerdo financiero: me dieron las flores por 100 pesos y agregaron de regalo un desodorante de conocida marca para hombres que quieren volver agresivas a la mujer más tierna...
Publicistas... Illescas tenía razón, si son perversos... Igual que en Futurama se meten hasta en mis sueños.
D.
En cada estante había un tipo de flor (rosas, claveles, gardenias, pensamientos) o plantas de decoración (hojas de dólar, ramas de pino, flores secas de color lavanda, espigas de trigo) con los que podías armar tu propio "original diseño de adoración filial"
Pensando que me resultaría más barato... (jo, que ingenua yo) me puse a cortar flores del supermercado y armé un colorido conjunto lleno de pensamientos y violetas silvestres, cuyo precio por alguna extraña razón nunca pude ver.
Luego, en un estante diferente, compré un vidrio de cristal cortado y llevé mi arreglo floral a la sección de "Facturas" donde me aseguraron que todo me había salido al muy razonable precio de 25 pesos. (Que genio de las finanzas soy, dios mío...)
Al llegar a la caja y pretender pagar con la morralla oficial que acompaña a toda buena desempleada me encontré (oh, desgracia) con que el precio total del arreglo era de $550 pesotes...
Y además de atacarme y correr con el tipo de Facturas para reclamarle, llegué a un acuerdo financiero: me dieron las flores por 100 pesos y agregaron de regalo un desodorante de conocida marca para hombres que quieren volver agresivas a la mujer más tierna...
Publicistas... Illescas tenía razón, si son perversos... Igual que en Futurama se meten hasta en mis sueños.
D.
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