Algo que sucede de manera inevitable al terminar las fiestas de muertos es la llegada intempestiva de las ofertas navideñas.
Y con ellas vienen una docena de catálogos con moños rojos y adornos dorados que te invitan a vivir una vida de catálogo.
Lo curioso de los catálogos es que todo lo que viene en ellos te hace pensar que son imprescindibles.
Desde los bonitos abrigos invernales en todos los colores y presentaciones, hasta las cómodas plantillas para pies.
Todo es colorido y deseable, todo tiene la forma perfecta en esos departamentos blancos y luminosos donde los cojines a cuadros se ven más perfectos y las familia más sonrientes.
Que hermosas composiciones de niños jugando en la nieve (aunque en la ciudad de México nunca he visto caer nieve, aunque me dicen que sucedió alguna vez) y mamás preparándose para elegantes cenas.
Que bellos relojes centelleantes (en tiempos en donde siempre volteo a mi teléfono para ver la hora) y cremas con filtros UV de protección solar completa y eficiente.
Dan ganas de mudarse a uno de esos asépticos catálogos, de llevar una vida higiénica, saludable, esterilizada.
Maravillosa.
Pero vivimos en un mundo lleno de contradicciones, de contrastes, de covers, en un país con abusos de autoridad, corrupción, elecciones...
Y tantas cosas más.
D.
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2 comentarios:
Igual dicen en Fight club!
Ahora que fue el "Buen fin" esto se tornó insoportable...
Pff!
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