El picante olor entró en mi nariz y me hizo recordar momentos con sabor a arroz con leche, a desayuno de manzanas tibias, a ti.
¿Cómo se asocia un nombre a un olor? ¿Una imagen a un pensamiento o al deseo siempre latente de comerte a besos?
Pienso en mi corazón roto, pegado con mantequilla, fragmentandose de nuevo al cambio de estación, cuando las aparentes grietas ya están perfectamente cerradas, cauterizadas, pero simplemente es una ilusión óptica.
Escucho canciones tristes que también se meten como canela por las orejas y hacen de mi cerebro una masa blancuzca, suave, dulce, que se escurre, balbucea y chapalea en mi boca, como suaves bocados de flan, aderezados con arándanos, azules, azules, como el color de mi aura.
Voy a buscar en la plenitud de uno de tus botones ese ramo de canela que te mantiene atado a este fragmento de lo alma. Quiero decifrar como la asociación de ese olor, de ese sabor, de ese dulce recuerdo sobre la piel te ha grabado, cuando ninguna de tus palabras ha quedado tatuada aquí.
Es sólo ese intangible espacio que te pertenece en mi memoria, esa ramificación que crece por mis venas, cuando siento que todo mi cuerpo es una rama rota de canela.
D.
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Sundae de Chocolate
Hoy me comí un Sundae de Chocolate a pesar de que tengo gripa.
Y es que a veces lo que nos hace mal se nos antoja tanto hacerlo...
La verdad creo que el deseo proviene un poco de la prohibición o la posibilidad de daño; nos gusta vivir al filo del peligro.
Hay días en que despierto con la breve impresión de que mi vida es una larga colección de errores. Luego reacciono y se me pasa. Me doy cuenta de que, efectivamente, los errores de mi vida son muchos... pero aún me quedan muchos más por cometer y por eso (y por las consecuencias de los errores) vale la pena levantarse de la cama...
Porque, ¿que chiste tendrìa salir de la cama si de verdad no pudieramos fallar o trinfar en nada más? Valdría más morirse.
Lo cierto es que aún quedan errores que cometer, besos por dar, helados por comer, pañelos bordados en los cuales limpiarse la nariz...
Y aún, en algún lugar, queda esa esperanza de volver a encontrar a quien amas, en el fondo de tu vasito de helado de vainilla con chocolate en la punta.
Si lo sabré yo.
D.
Y es que a veces lo que nos hace mal se nos antoja tanto hacerlo...
La verdad creo que el deseo proviene un poco de la prohibición o la posibilidad de daño; nos gusta vivir al filo del peligro.
Hay días en que despierto con la breve impresión de que mi vida es una larga colección de errores. Luego reacciono y se me pasa. Me doy cuenta de que, efectivamente, los errores de mi vida son muchos... pero aún me quedan muchos más por cometer y por eso (y por las consecuencias de los errores) vale la pena levantarse de la cama...
Porque, ¿que chiste tendrìa salir de la cama si de verdad no pudieramos fallar o trinfar en nada más? Valdría más morirse.
Lo cierto es que aún quedan errores que cometer, besos por dar, helados por comer, pañelos bordados en los cuales limpiarse la nariz...
Y aún, en algún lugar, queda esa esperanza de volver a encontrar a quien amas, en el fondo de tu vasito de helado de vainilla con chocolate en la punta.
Si lo sabré yo.
D.
El chocomilk de las dos de la madrugada
Desde que regresé de mi viaje a Europa me da mucho sueño a eso de las 9 de la noche y sin falta despierto entre dos y tres de la madrugada. Según mis cálculos mi cuerpo sigue pensando que a las 3 de la mañana son como las diez, y ya he dormido demasiado.
Así que a las 2 de la madrugada, con pijama de franela y chanclas, me dirigí hacia la cocina y me serví un vaso de leche fría...
Busqué en la alacena y me encontré no el tradicional Choco milk, sino una marca española de chocolate sin tanta azúcar llamada "Cola Cao", que a decir de mi prima malagueña (Madmoiselle Debora) no se come solo.
No sé por qué el Chocomilk será tan azúcarado, pero es realmente delicioso en un día frío, cuando llegas barriendote a cualquier fuente de sodas o juguería y pides tu chocomilk...
Incluso recuerdo que en la primaria vendían los sobres y lo comías como si se tratara de chile en polvo, siendo precursor de bonitos dolores de panza.
Mientras agitaba el chocomilk y me concentraba en el tintineo de la cuchara contra el vaso, pensaba en las muchas cosas sencillas que disfruto en México, en mi casa, que doy por hechas por el simple hecho de encontrarlas a la vuelta de la esquina.
Con un rápido movimiento lavé mi vaso de chocolatote (no tan dulce, ni tan chocolatoso) y me retiré a mi cama donde soñé que me perdía en Japón... pero eso es otra historia.
Así que a las 2 de la madrugada, con pijama de franela y chanclas, me dirigí hacia la cocina y me serví un vaso de leche fría...
Busqué en la alacena y me encontré no el tradicional Choco milk, sino una marca española de chocolate sin tanta azúcar llamada "Cola Cao", que a decir de mi prima malagueña (Madmoiselle Debora) no se come solo.
No sé por qué el Chocomilk será tan azúcarado, pero es realmente delicioso en un día frío, cuando llegas barriendote a cualquier fuente de sodas o juguería y pides tu chocomilk...
Incluso recuerdo que en la primaria vendían los sobres y lo comías como si se tratara de chile en polvo, siendo precursor de bonitos dolores de panza.
Mientras agitaba el chocomilk y me concentraba en el tintineo de la cuchara contra el vaso, pensaba en las muchas cosas sencillas que disfruto en México, en mi casa, que doy por hechas por el simple hecho de encontrarlas a la vuelta de la esquina.
Con un rápido movimiento lavé mi vaso de chocolatote (no tan dulce, ni tan chocolatoso) y me retiré a mi cama donde soñé que me perdía en Japón... pero eso es otra historia.
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