El picante olor entró en mi nariz y me hizo recordar momentos con sabor a arroz con leche, a desayuno de manzanas tibias, a ti.
¿Cómo se asocia un nombre a un olor? ¿Una imagen a un pensamiento o al deseo siempre latente de comerte a besos?
Pienso en mi corazón roto, pegado con mantequilla, fragmentandose de nuevo al cambio de estación, cuando las aparentes grietas ya están perfectamente cerradas, cauterizadas, pero simplemente es una ilusión óptica.
Escucho canciones tristes que también se meten como canela por las orejas y hacen de mi cerebro una masa blancuzca, suave, dulce, que se escurre, balbucea y chapalea en mi boca, como suaves bocados de flan, aderezados con arándanos, azules, azules, como el color de mi aura.
Voy a buscar en la plenitud de uno de tus botones ese ramo de canela que te mantiene atado a este fragmento de lo alma. Quiero decifrar como la asociación de ese olor, de ese sabor, de ese dulce recuerdo sobre la piel te ha grabado, cuando ninguna de tus palabras ha quedado tatuada aquí.
Es sólo ese intangible espacio que te pertenece en mi memoria, esa ramificación que crece por mis venas, cuando siento que todo mi cuerpo es una rama rota de canela.
D.
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