-Es que tú no eras así...
Me dijo mirandome entera, como si fuera otra la que en este cuerpo habitara, otra que no era yo, la de la sonrisa amplia, la de la falda de vuelo, la de la risa nerviosa al contarle de alguna aventura...
- Ademàs esas cosas no pasan, ¡sólo en las películas!
Alcancé a mirar sus ojos vidriosos, su dedos estrujados de tantas angustias. Sus manos que habían ya trabajado en tantas cosas, tan distintas, para llevarle el gasto a su esposa, para pagarle el colegio al niño.
Yo no. No conocía de eso. Habìa llorado sobre sabanas blancas en camas que no eran mìas. Pero tambièn habìa visto desde lo alto la ciudad lluviosa y nublada. Había recorrido aceras marcando con mis sandalias veraniegas mi huella llena de cansancio, amor, polvo y ese dulce olor que deja el amor.
¿Que ya no era la misma? No. El amor todo lo transforma, todo lo cambia, todo lo trastoca.
¿Qué ya no era la misma? No. Cuando me conoció era otra.
Esa noche corrì lejos de él en el estacionamiento, como escapando de mi pasado, aunque realmente el que debiò correr más rápido era él.
D.
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