Darina con alas

La Pichirila, Apipilulco y otras palabras bonitas

03 marzo, 2008
Pues si. Siempre si fui al campamento. Estaba yo algo indecisa, pero finalmente me animé. En la mochila llevaba una bufanda, unos guantes, una chamarra (que luego fueron muy útiles), un saco de dormir (que cumplió con su cometido), un cepillo de dientes (que sólo usé una vez, cuando ya de plano me sentía una mujer lobo), un cepillo para el cabello (que igual, sólo usé una vez) y un brillo labial, que me puse en el metro, de regreso a casa, como para disimular el aire de damnificada que traía a cuestas.

Y es que, a pesar de que estabamos en una cabaña, calaba un precioso frío matinal, porque el sitio donde fuimos es una Presa y las cabañas están cercanas al agua.


Para llegar hicimos cerca de 4 horas, porque nos metimos en dos brechas desconocidas y en una casi nos desbarrancabamos... pero salimos avante gracias a las habilidades de nuestro conductor y a la temeraria fuerza de la camioneta que conducía (La Pichirila, creo que la apodaban, la verdad era un nombre curioso y no lo recuerdo bien)


Tuve ocasión de escuchar más a mis compañeros. A algunos, que yo creía casi mudos y a otros, a quienes en realidad nunca me había tomado la molestia de ir un poco más allá. Pude decir cosas de las cuales tenía ganas de expresar y vi las estrellas girando sobre mi cabeza (si, eh, bueno, podemos decir que el alcohol ayudó, pero de verdad me sentía conectada con el universo)


Vi volar a un pato.


Y aprendí que Apipilulco está en Guerrero.


Estoy muy contenta de haber ido con mis compañeritos... y estoy contenta de volver. Como siempre que salgo, recuerdo con nostalgia mi dulce cama.


Y ella me espera, en cuanto baje estas fotos para presumirles.


5 comentarios:

Merr dijo...

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Pequeña Saltamontes dijo...

Qué lindas fotos.

Yo nunca he ido a un campamento y tengo esa tentación.

No sé... como que no a cualquiera se le da una oportunidad así.

Yo creo que en ese sentido se cumple tu cometido de tener que contarle a tus nietos.

Ladahir Mebarak Haddad dijo...

¿El sobrenombre de la camioneta no era "Pichirila"?
Bueno... no importa, la historia la cuentas tú.
¿Un viaje de ida y vuelta como el del Hobit?

Irais dijo...

Que bueno que decidiste ir, esas son cosas que nunca se olvidan, aunque hayan sido de lo más olvidables.

Todo humano para ser, tiene previamente que contarse...me acordé de esa linda frase de La hija del caníbal (el libro, me niego a ver la película).

Yo soy fanática de los campamentos y de ir a donde me inviten,bueno, ahora ya no tanto, me da un poco de flojera...pero si se trata de salir de la ciudad soy siempre la más dispuesta. La angustía siempre se olvida con un poco de alcohol y contándole tus penas al pasto.

Abrazo.

PD Te dejé algo en mi blog.

Mar dijo...

Jajá. Leí "vi violar un pato". Me asusté y releí.

En fin.

Muy bonitas las fotitos. Qué bueno que te decidiste a ir.