Esta semana intenté descifrar el misterio detrás de la copa de vino.
Lo cierto es que yo no soy muy buena bebedora, de hecho quienes me conocen saben que puedo quedarme con el mismo vaso toda la noche o calentar una cerveza entre mis manos, girándola por un tiempo indefinido.
Pero el encanto detrás de una botella de vino empieza desde el goce anticipado de "Tengo "X" en mi cava".
Luego se convierte en un ritual inspeccionar la etiqueta, dejar que el vino "respire" y luego olerlo de la copa...
También el saboreo de la conversación mientras el vino sigue fluyendo y la conversación pasa de lo trivial a lo importante y las palabras se vuelven trascendentales, vitales, únicas.
Bajo los efectos del dios Baco un conocido se vuelve un amigo y una persona que acabamos de conocer es la única del universo.
Pequeños instantes regalados por la efímera gracia del alcohol en nuestro organismo. Luego habrá tiempo de recoger las copas, tirar el asiento a la coladera y mirar el otro día... con resaca.
D.
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4 comentarios:
¡salud!
¡pero esas noches lo valen todo!
herencia del facebook: like!!! jeje
Ale:
Salud!
Yare:
Lo sé! Ah, nos hemos divertido mucho, ya hace falta salir.
Juan:
jajaja... Eh! Contigo nunca he tomado.
D.
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