La canción, compañera, virginal y ramera...
Pienso en las noches acompañadas de canciones.
Pienso en fogatas, en lunas llenas. Pienso en campamentos y en amigos abrazados entre cobijas de colores.
Pienso en el olor a pino y ocote en la ropa. La tierra mojada y el río cercano. Pienso en el atole caliente y en quedarse mirando hacia lo lejos.
Soy una chica de ciudad y estoy acostumbrada al golpeteo de los baches y el sonido metálico de las monedas al caer en el bolso sucio del hombre que conduce el microbus.
Me he acostumbrado al acre sabor del sudor de mis vecinos, que entre estresados y hartos se transportan dos horas para laborar ocho. Sus vidas se mantienen a base de tacos cebosos y tortas grasientas.
Pero sigo pensando en la canción, compañera, virginal y ramera...
Sigo creyendo en las cosas por las que hay que luchar e intento que mi lucha sea en otro campo. Quisiera que mi lucha tuviera un eco, como las piedras en el río: una piedra pequeña, ni piedra de una iglesia, ni piedra de un palacio, ni piedra de una audiencia...
Soy una mujer joven. Y tengo una carrera universitaria. A veces creo que aún tengo mucho por hacer y otras veces creo que ya lo estoy haciendo. A veces me asomo a los brocales de los pozos y quiero ir a parar allá, al fondo, para ver si así mi voz hace eco.
La canción es la misma, sólo que no sé como hacer que se escuche.
D.
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3 comentarios:
Ahm.
¿Con un megáfono?
A veces cuando uno susurra es más escuchado que si grita. Hay que ir a cantar un día de estos.
Mar:
Consideré eso... pero temí ser confundida con la vendedora de tamales local.
Yareli:
Susurro... me gusta esa palabra.
¡Siiii! Vamos al Karaokeeeee!
D.
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