Darina con alas

Las ciudades invisibles: el sistema simbólico de la narración del deseo

25 octubre, 2009
El día jueves regresé a casa con mi amiga J. que me venía contando de una serie de libros que está revisando en su maestría; en estos textos de analiza las representaciones sociales que se hacen de las ciudades. Así, hay una edición completa de libros de las representaciones figurativas de algunas de las más importantes urbes latinoamericanas: "Bogotá, imaginada", "Buenos Aires, imaginada", "Caracas, imaginada".

Y es que las ciudades son concreto y varillas, hasta que las poblamos de sueños... por eso me acordé tanto del libro de Italo Calvino "Las ciudades invisibles", que perdí no sé donde, porque tenía la más bonita edición (de editorial Siruela) y seguro la presté y no me la devolvieron. (Eso es un mal que no puedo quitarme. Me digo a mi misma que es una forma de repartir cultura por el mundo, aunque luego extraño mis libros, sobre todo cuando son ediciones bonitas, como esa).

Italo Calvino nos describe en su obra referentes físicos y subjetivos de las ciudades imaginarias, para ayudarnos a visualizarlas mejor, en el caso particular de “Las ciudades y el deseo 2, Calvino nos describe la ciudad de Anastasia, que está rodeada de canales concéntricos y en el cielo se ven cometas. Otros referentes físicos de la ciudad son las mercancías que en ella se comercian: ónix, cristopacio, ágata y otras piedras preciosas.

Entre las descripciones subjetivas que hace de la ciudad están las cosas que puedes comer en este lugar, como la carne de faisán dorado y el modo en que éste se cocina. Incluso la descripción de las mujeres que habitan en la ciudad y que invitan a los forasteros a jugar con ellas en el agua, es una descripción subjetiva, que alude a los sentidos y forma parte del paisaje.
La actitud de las mujeres de invitar al paseante a quedarse es parte de una especie de “estrategia” de la ciudad de Anastasia, para que los visitantes se queden, a través de despertar en ellos el deseo.

Esto es porque los habitantes, incluso las mujeres, son parte de un sistema en el cual los visitantes se tornan habitantes para trabajar en la ciudad y ser poseídos por ella.

El goce de obtener lo que se quiere, en este caso, vivir en Anastasia, es como lograr vivir con el amor de tu vida: eres esclavo de esa pasión que te domina, así como vives esclavo de esa ciudad que amas, pues al trabajar de tiempo completo en ella, te abandonas a ti mismo. “Tu afán que da forma al deseo, toma del deseo su forma y crees que gozas de Anastasia, cuando sólo eres su esclavo”

En el caso de la descripción de Anastasia, la ciudad es dibujada como traicionera, pues despierta deseos en el visitante. La belleza de la ciudad representa una trampa para los viajeros que se quedan seducida por ella. Los mismos habitantes son cómplices de la ciudad al hacerla tentadora; de allí que el narrador clasifique como una ciudad “a veces benigna, a veces maligna”; es imposible confiar en las motivaciones de la ciudad, porque no posee una conciencia, sin embargo hace súbditos a sus habitantes.

El narrador habla de Anastasia como una ciudad muy bella, en la cual dan ganas de quedarse debido a la riqueza de sus piedras preciosas, lo seductor de las mujeres que allí habitan, lo hermoso de los canales que la circundan. Pero él mismo hace una observación de carácter cultural al aseverar que, los mismos pobladores de la ciudad son esclavos de su belleza y presos de su deseo: no hay nada que nos atraiga más que aquello que inventamos para que nos seduzca.

El deseo toma la forma de cualquier cosa que visualicemos como aquello que nos hará felices y el trabajar por obtenerlo, en este caso, el vivir en esta ciudad de nuestros sueños, es una forma de entregarnos al deseo, pero a la vez de esclavizarnos a él, para querer hundirnos en lo que en realidad es lo inalcanzable.

D.

5 comentarios:

Yareli dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Yareli dijo...

A: Hay algo en ti que no logro descifrar, aquello que me encanta aún no tiene nombre.

B: Es que puedo ser lo que tú quieras; la puta más barata o la niña más inocente.

Anónimo dijo...

Yo no cambio París por mi aldea. Aquí nací y aquí quiero quedarme.
[Te leo cuando no me miras]

fher dijo...

Confieso haberme enamorado de Buenos Aires alguna vez, confieso que quiero volver, sin embargo "cuando la muerte venga a visitarme que me lleven al sur donde nací, aquí no queda sitio para nadie".

Besos

Darina Silverstone dijo...

Yareli:

Que bonitas citas... ¿Por qué me suenan tan conocidas?

Anónimo:

Gracias por leerme, aunque no esté mirando creo que es maravilloso ver tus huellas en la arena.

Fher:

Hoy, en la oficina, empezó a sonar "sentados en corro, merendabamos besos y porros..." y me fue imposible dejar de pensar en el viaje a Argentina que tengo pendiente. Deuda de vida, ya sabes.

D.