Herrajes y cerraduras

07 julio, 2011
Necesitaba un juego de llaves, así que me bajé antes de mi estación regular en una cerrajería que se apareció en mi camino como por arte de magia.

La tarde amenazaba con rodearme de una lluvia deliciosa, pues aún había calor, pero en el ambiente se percibía humedad.

Caminé por esa calle que me resultaba extraña, pero a la vez familiar: había pasado cientos de veces por allí, sin caminarla... así que los letreros, las banquetas rotas, el olor de la cocina de las casas era distinta.

Y al llegar a la Cerrajería "Los gallos" tuve que esperar, pues el encargado atendía a un cliente que había requerido un juego de llaves para su auto (y creo que le salieron baratas, aunque yo no sé de esas cosas)

Tras solicitar mis duplicados de llaves, me quedé mirando la vitrina que mostraba diversidad de llaves, chapas, cerrojos, cerraduras... Y demás.

Me puse a pensar en el oficio de los cerrajeros. En las cosas que ponemos bajo llave, en los candados y los cerrojos que resguardan lo que más apreciamos, lo más valioso, los tesoros de nuestra alma, que estremecen nuestros pensamientos con el sólo hecho de que alguien más rompa la seguridad de nuestros cerrojos.

Las metáforas entre las llaves y las cerraduras en relación al alma, al corazón y a los objetos más preciosos abundan... "Aquí tienes las llaves de mi alma", "Se le entregaron las llaves de la ciudad", "robó las llaves de mi corazón".

Mientras pensaba en ello mis ojos paseaban por llaves de flores, de muñequitos, alarmas para autos me puse a pensar en los muros y cerrojos que nos alejan de otros, en todo lo que nos separa y los aísla. En el concepto de propiedad privada.

Los cerrojos, las llaves, las cerraduras: nos protegen y nos encierran; nos salvan y nos alejan; nos distancian y nos hacen valiosos para los otros.

Pensaba en eso, cuando el amable muchacho que atiende en "Los gallos" me dio mis llaves (que costaron muy poquito, recomiendo mucho el lugar) y me recordó que estaban garantizadas ante cualquier imprevisto...

Caminé por la acera, como quien descubre las llaves de una tarde nueva y la abre despacito, para disfrutarla toda.

D.

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