Darina con alas

Una de taxistas

06 mayo, 2010
El otro día, mientras esperaba al metrobus sobre Insurgentes, pasó un taxi frente a nosotros. La dama que viajaba en él nos echó una mirada como de lástima "pobres, ellos tienen que esperar el metrobus mientras yo viajo cómodamente en mi taxi".

Lo cierto es que a mi no me gustan los taxis. Prefiero por mucho caminar o el transporte público. Los taxis (y los taxistas, en particular) me dan mucho miedo.

Creo que siempre me siento desprotegida en un taxi por esta situación de pérdida de control. Te sientas en la parte de atrás y no sabes cuando te van a bajar, cuanto te van a cobrar, si se detendrá el taxista en alguna zona oscura para subir un comando armado... No sabes nada.

Otra cosa que me molesta de los taxistas es su propensión a contarte historias o hacerte la plática. No es que rechace por completo el contacto humano, pero encuentro tranquilizador ese letrero del metrobus de "No hable con el conductor".

Líos de política, de la farándula, lo terrible que está el calor, el tráfico, la contaminación, el fin del mundo... los taxistas son expertos en temas trillados. Pero es aún peor cuando te cuentan de su vida (es como estar a fuerzas en un blog que no te gusta o escuchar una repetición de "Diario de un taxista" de Arjona).

Me he encontrado con un par de taxistas amables, algunos de ellos en provincia, otros aquí... pero han sido notorias excepciones.

La mayor parte de las veces me toca subirme con choferes que

a) Primero "evalúan" la mercancía, es decir, te semidesnudan con un rápido vistazo

b) Después "ajustan" su taxímetro y cuando te das cuenta, debes $15.00 pesos en la primera cuadra recorrida.

c) Te hacen la platica con cualquier babosada, que generalmente desencadena una risa molesta, como de perro con asma.

d) Cuando por fin te dejan bajar ya debes hasta la risa, te vuelven a "inspeccionar" mientras bajas y ya están pensando en el siguiente prospecto.

Me siento medianamente protegida cuando abordo un taxi acompañada, pero el saber que toma por "atajos" o el sentir que el taxímetro corre y el tráfico no avanza, me pone en un estado mental de alerta: lista para salir corriendo.

Mi abuelita dice que "es más triste andar a pie", pero yo no lo creo... así que están invitados a acompañarme en mi próxima caminata, pero no me disparen el taxi.

D.

3 comentarios:

llavis dijo...

El mes pasado tuve la necesidad de viajar en taxi todos los dias ya que solo tenia dos opciones 1.- subirme a un taxi o 2.- atravezar dos cuadras en una zona totalmente solitaria y en la que duermen bajo un puente peatonal toda clases de seres vivientes, la cosa es que casi siempre me tocaba subir a los taxis de dos choferes y termine sabiendo sus vidas, sus sueños, sus costumbres jajaja solo falto que intercabiaramos telefonos, en fin yo quede agradecida con ellos ya que deambular en una zona tan caotica como es el D.F. siempre me ha causado terror. Saludos!

Pequeña Saltamontes dijo...

Yo soy de la idea de que si puedo ir caminando, mejor.

Pero en esta ciudad la verdad es que resulta muuuuuy cansado.

Desde que me cambié de casa, como me queda la parada del camión algo más lejos, he tenido que irme casi todos los días al trabajo en taxi.

Y lo aborrezco. Independientemente de que pueda o no pagarlo, me da coraje que mi flojera de levantarme media hora más temprano o mi indecisión de qué ponerme me cuesten dinero, sobre todo porque pienso que andar en taxi es un lujo innecesario, pero quién sabe.

Darina Silverstone dijo...

Llavis:

Al menos no te encontraste con algún chofer molesto...

Muchas gracias por pasar por la calle, eres bien recibida siempre que quieras decir "Esta boca es mía".

Pequeña Saltamontes:

Si... tu ciudad es agotadora. Me imagino que con calor será terrible!

D.