Darina con alas

Vecinos extraños...

28 mayo, 2007
La mujer de la casa de la enredadera salía a las ocho de la noche, cuando el sol ya estaba oculto, a sacar a pasear a sus perros. Invariablemente llevaba puestos unos lentes oscuros y el aire de luto que rodeaba sus vestidos oscuros era ineludible.
Pocos se detenían a saludarla, porque sabían que ella no correspondía ninguna cortesía. Los niños rehuían su presencia, porque conocían la historia de la "Bruja que no devuelve las pelotas"
Ella tenía un hijo que daba siempre la impresión de estar vertido para dentro. Era a quien mandaba a responder todas las llamadas a la puerta y quien trataba de esbozar una sonrisa torcida en cuanto lo saludaba algun vecino, pero falto de convivencia con otros seres humanos se dedicaba a cuidar a los perros de su madre.
Algo que nadie nunca pudo averiguar era lo que hacían los radio taxis a las 2 de la madrugada, cuando la señora salía con una sombrilla larga y sus medias color carne, envuelta en la noche y evadiendo toda luz y toda mirada con rumbo desconocido.
Un día Chelo, la historiadora de la calle, pidió un taxi para ir al Aeropuerto... y al llegar a su casa el taxista lanzó un suspiro de alivio:
- Menos mal que es en esta casa... yo pensaba que era en la casa de enfrente. El taxi siempre queda oliendo raro cuando vengo a recoger a esa señora.
Chelo no dijo nada, pero lo apuntó en su libro de memorias, porque además de ser historiadora del país guardaba celosamente el recuerdo de su calle con todos sus personajes... El pintor que fumaba mariguana y constantemente tenía pleitos con la amante y el hombre del BMW, que aparecía de vez en cuando en aquella casa de vidrios polarizados y vigilancia.
En la memoria de Chelo, sus vecinos iban quedando documentados con los trazos de su pluma ágil que retrataba a golpe de letras cada segundo de vida... como cuando al prostíbulo de la calle se cambió una familia de argentinos que les pusieron nombres raros a sus hijos, como Sol, Azul y Xul...

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