Uñas de gel. Todo un mundo sobre las cutículas.

21 enero, 2008
Recuerdo que cuando iba en la secundaria tenía una maestra de Inglés cuyo mayor atractivo eran las miniaturas que armaba sobre sus uñas.

Un día llegaba con castillos japoneses con murallas chinas y atardeceres soleados y otro con un diseño navideño, árboles de Navidad con estrellas en la punta.

A mi y a mi mejor amiga de la secundaria, Mitzi, nos daba algo de miedo esa maestra y le teníamos cierto respeto distanciado; tanto a ella como a sus tarjetitas de verbos de colores y a sus miradas azul relámpago.

Algo tuvo que ver que el primer día de clases se presentara hablando por completo en inglés y sólo Oliver le entendiera (pausa al flash forward para babear un segundito mientras me acuerdo de lo guapo que era Oliver)

El caso es… que para mí las uñas largas siempre estuvieron vinculadas con las brujas, con cosas poco agradables, como los rasguños, las clases de inglés y el miedo al los tiempos condicionales.

Así que ahora que renació esta moda por las uñas con dibujitos, no pude sino intentar desanclar toda la carga negativa que para mí conlleva una sobrecargada uña con diamantina, cinta brillante, mezcla de colores y paisajes de flores.

Una vez me hice garabatos chinos en cada uno de los dedos con un pincel de un solo cabello y esa inscripción duró sobre mis dedos como dos semanas, de las más felices y decorativas de mi vida.

Alguna vez, en un chismografo, llegué a poner que la parte que más me gustaba de mi cuerpo eran mis manos, porque son pequeñas y delicadas. Claro, aún no me había mordido ningún perro. Pero en general me gustan mis uñas almendradas y sin cutículas gruesas.
Creo que reparé en la importancia que habían retomado las uñas de gel cuando vi la cintilla dorada que cruzaba los dedos de Luz María Jiménez, en la Agencia del Universal Radio, mientras sus dedos corrían veloces por encima del teclado.

Ella se había puesto guapa para su ceremonia de graduación y tenía unas uñas principescas que me hicieron pensar en que quizá descuidé demasiado mi manicure todos estos años al empeñarme en usar barniz de color azul cielo y brillitos con estrellas que parecían sacados de un experimento de mi alegría.

En realidad nunca me he ido a arreglar las uñas y me sigue pareciendo un exceso gastar 300 pesos en unas uñas de acrílico. Pero de vez en cuando me dan ganas de sacar mi lima de uñas, sobre todo en momentos como hoy, cuando ya terminé mis labores del día y podría perfeccionar la media luna que guardo por encima de las yemas.

4 comentarios:

Mar dijo...

Jajá. Con Juguetes Mi Alegría, todos felices estamos. Ja.

A mí mis manos no me parecen bonitas, así que no invierto mucho en ellas. Me conformo con tener las uñas limadas y ya.

Sin embargo, creo que de sentirme orgullosa de ellas, sí me inclinaría por pagar manicures, uñas de acrigel y mil inventos más para consentirlas.

Darina Silverstone dijo...

Ah!

Esa rolita era tan linda.

Creo que si... todo depende de los intereses de uno. Prioridades.

Pero me da pena gastar el dinero.

Jo.

Te mando un abrazo, Mar.

Indigente Iletrado dijo...

A mi me preguntan porqué tengo tanta cutícula.

Ni sé qué es eso.

Pequeña Saltamontes dijo...

Yo he intentado dejármelas crecer, pero no las aguanto.

Además, siempre se me quiebran.

A final de cuentas, no importa, porque no tengo uñas bonitas.

Tenerlas cortas es lo mío.