Hoy iba corriendo rumbo al trabajo, cuando, en un desliz de la ropa sobre el control del radio, sintonicé una estación donde pasan Jazz.
Ho-ri-zon-te
De manera increíble, todo comenzó a transformarse y las líneas del pasacebras se volvieron el teclado de un piano, donde las notas marcaban un compás al paso de los transeuntes. El claxón de los automóviles era un sax dispuesto a abrirse paso hasta el infinito y el ritmo de las grúas de una construcción cercana era un baile que era una dicha de contemplar.
Me parecío sorprender un guiño de complicidad en los rehíletes que se habían instalado sobre la avenida Insurgentes, donde el color de cada aspa se convertía en un arcoiris redondo, que iluminaba mi mañana fría, casi como una Rapsodia un Blue.
D.
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