Darina con alas

¿Me permite?

20 septiembre, 2010
Uno de los profesores adjuntos que me daba clases en la universidad iba a escribir su tesis semiótica sobre el culo y sus significados socioculturales.

Además de haber leído mucho a Bataille, este profesor en potencia nos hizo escribir un ensayo al respecto, me imagino que para inspirarse cuando se le terminaran las ideas.

En aquel momento no supe bien a bien por donde abordar el tema...

Pero hoy creo que lo hubiera tomado desde la perspectiva del transporte urbano.

Yo siempre he usado camiones, peseras y el metro. Por supuesto, además de la riqueza sociocultural de estos transportes, siempre me ha fascinado el alto grado de despersonalización que sufre nuestro cuerpo en estos translados.


Pero hay un ritual particularmente extraño y terrible en el transporte público: Cuando va tremendamente lleno y sólo hay un lugar pequeñito, al que tienes que acceder pasando enfrente de otra persona que ya va cómodamente sentada.

Los más propios, educados, amables y hasta concientes pasajeros, se ponen de pie y te dejan sentar.

Hay otros que no, que simplemente hacen un gesto despectivo que en realidad quiere decir "Hágale usted como quiera" (O sin el "usted", porque eso ya es demasiado educado para estos personajes).

Hay otros individuos (hombres y mujeres) que hacen un ligero gesto con las piernas, como si de verdad les interesara que pasaras, pero en realidad es sólo una finta, porque no tienen interés en moverse.

Quizá el caso más curioso es cuando ya vas sentado, tienes que bajar y el compañero de asiento va profundamente dormido... en estas ocasiones tienes que deslizar tu cuerpo (generalmente a la altura de las nalgas) por encima de la cara del indivuo en cuestión.

Ya sé que muchas personas no piensan en estas cosas, pero para mi realmente las reglas de urbanidad (o su carencia, en este caso) pueden explicar mucho del comportamiento de una sociedad.

¿Qué tanto nos importa el otro? ¿A qué grado nos hemos despersonalizado que la cercanía de otro ser humano nos resulta tan indiferente? ¿Los límites del pudor se desdibujan o existe realmente una convención tácita para no percatarse de lo que (literalmente) pasa enfrente de nuestras narices?

Me han faltado aquellos hombres que, de manera intencional no se mueven y aprovechan la cercanía del cuerpo femenino que pasa de cerca para experimentar un placer morboso en la contemplación de unas nalgas esponjosas.

Esta absurda epidemia que cubre las aceras...

D.

5 comentarios:

Yareli dijo...

Yo recordé esa escena de Fight club en la que Brad Pitt le dice a Edward Norton que al pasar frente a alguien era cuestión de cortesía darle las nalgas o la parte frontal del cuerpo, acto seguido, le da las nalgas y se atraviesa. Divertido!


No en la vida real, of course...o peor, luego no hay opción!

Premio consuelo para Lucía Folino dijo...

¿Por qué tanto Sabina en este blog¿

¿Acaso no sabes quien es este señor con aspecto de progre y sentimientos de usurero conservador?

En fin.
Eso sucede porque los amigos colombianos y mexicanos le han dado demasiada prensa y a mí me han cortado las alas.


La viudita no es él, naturalmente.

Darina Silverstone dijo...

Yareli:

Je, je... ¡Ya no recordana eso!

D.

Darina Silverstone dijo...

Un saludo cordial desde México, Lucía.

¿Alguna vez le ha pasado que, partiendo de una idea, comienza uno a caminar y luego se ecuentra en otra parte del camino?

¿Alguna vez le ha ocurrido que, al dar una vuelta en una esquina, encuentra un barrio que no conocía dentro de la propia ciudad?

¿Alguna vez se ha visto frente a frente con el asombro?

Me he dado una breve visita por sus blogs y además de gratamente sorprendida (bueno,confieso que he visto todos, sólo les di una mirada a dos o tres, porque me dejo llevar mucho por el azar).

Conocí al tal Sabina, ese que canta, cuando iba en la universidad, de eso ya un par de años. Afortunadamente tiene uno tiempo de caer, levantarse, escuchar más música.

¿Qué si conozco de su vida y sus incongruencias? Si, que es un señor muy raro que apoya la monarquía y vive con traje de rebelde prestado.

Y por cambiarle el nombre al blog, para no hacer propaganda, no habría ningún problema.

Pero, ya estando en el tema... Hay algo muy bueno de las canciones, de los libros, de las pinturas en general que me parece maravilloso: la obra abierta.

Uno se va apropiando tanto del arte, que se vuelve personal y se reinventa.

Y lo que fuera una canción es ahora un blog.

Y este blog, que se llama Calle Melancolía está abierto para comentarios de toda clase y visitas inesperadas y gratas, como la suya.

No le escribo todo esto en un comentario, porque no sabría bien a bien en cual de todos los blogs comentar y no sé si se paseará de nuevo por la calle para leer esta respuesta, pero la invitación está abierta.

Atentamente,

Darina Silverstone

Pequeña Saltamontes dijo...

¡También he pensado en eso!

Es que sí, literalmente le pones tu trasero en la cara a otra persona.

Y cuando el camión va muy atascado, que tienes que abrirte paso entre la gente para alcanzar la puerta, más de una vez me ha tocado sentir el roce de otro trasero contra el mío.

Lo curioso es que parece que alguna parte de tu mente se desconecta y tu sentido del tacto se adormece.

Como cuando un médico te toca los senos para hacerte un examen o como cuando te toman una muestra para el Papanicolaou.

Creo que tomaré en cuenta lo que escribes aquí y la siguiente vez que alguien quiera el asiento de la ventana yendo yo en el del pasillo, me pondré de pie para que pase cómodamente.