Darina con alas

Yo me iré y se quedarán los pájaros cantando: Museo Casa de la Bola

06 enero, 2011
Si usted conoce la Avenida Parque Lira, en la ciudad de México, seguramente y aunque no lo sepan, han pasado por el Museo Casa de la Bola.

Yo conocí este museo y su colección privada gracias a mis prácticas en el periódico El Universal, donde alguna vez me enviaron a cubrir una nota de muebles antiguos.

Fue así como conocí la Fundación Cultural Antonio Haghenbeck y de la Lama, una Institución de Asistencia Privada que se ocupa de las artes decorativas... es decir, todas esas pequeñas cosas que hacen nuestra vida más cómoda.

El Fundador, Antonio Haghenbeck y de la Lama, era un hombre que pensaba que dios se encontraba en las cosas bellas (dicho por la guía del museo), por lo que se rodeo de hermosos objetos decorativos: piezas de porcelana y finos muebles, grandes espejos y enormes cuadros, miniaturas de marfil y enormes roperos con incrustaciones de concha.

Luego, cuando la muerte se acercó a su puerta, tuvo que disponer que hacer con todas esas maravillas... y así, la casa en donde vivía, el Museo Casa de la Bola, se convirtió en un espacio encerrado en el tiempo, donde lo que en otro momento fueron habitaciones, ahora es visitado como museo...

En este día, en que la acomulación y los regalos se apilan bajo los zapatos, me pareció buen momento para recordar mi más reciente visita a este museo, el domingo pasado.

Mientras caminabamos por las alfombras, cuidando no perturbar el micro ambiente que conserva los muebles y tapices, me era innevitable pensar que, todo cuando veíamos había sido forjado para otro tiempo.

Tal como decía Juan Ramón Jiménez...

Yo me iré y se quedarán los pájaros cantando:

El viaje definitivo


Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando;
y se quedará mi huerto con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas las tardes el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincon de aquel mi huerto florido y encalado,
mi espiritu errará, nostalgico.

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido...
Y se quedarán los pájaros cantando. 


Si tienen ocasión de ir al Museo, cuesta 20 pesos la entrada, el jardín es precioso y allí pueden entrar sin pagar. Se encuentra a un costado del Parque Lira, sobre la Avenida Parque Lira, entre las estaciones del Metrobus Parque Lira y Tacubaya.


La entrada es siempre en grupos y es obligatorio llevar guía. Es una agradable experiencia especialmente para quienes disfruten de las antigüedades.


D. 





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