Darina con alas

La invención de la soledad, de Paul Auster

01 junio, 2016
Sin ser mi libro favorito de Auster, algo se me quedó muy grabado de este libro, quizá es el tono íntimo con el que cuenta las cosas, o quizá que me llega en un momento en el que estoy entendiendo de otra manera la soledad, la intimidad, el deseo de ser padre, el reto de ser hijo, la tarea de desprenderse de las cosas que son tuyas y de darle alma a las que no son tuyas y que llegan a ti.

Quizá por eso mi parte favorita fue la primera, Retrato de un hombre invisible, en que Auster reflexiona sobre la invisibilidad de su padre, un ser humano que conoció poco, que dejaba poco de sí, una sombra ligera que parecía estar hecha para ser olvidada.

Pero no exactamente: en su búsqueda por querer aprehender mejor el recuerdo de su padre Auster se embarca en una reflexión y una remembranza hacia el pasado. Recuerda cosas lindas de su padre, como su postura ante su trabajo y otras menos favorecedoras, como la manera en que trataba a las mujeres.

En la segunda parte, El libro de la memoria, Auster recurre a dos figuras literarias Scherezada y Pinocho, para desentrañar los misterios de contarse un cuento, de inventarse una historia, de repetirla y salvar con ella a otros.

Rememora entonces, en tercera persona, algunos capítulos de su existencia, que de forma aislada podrían no significar nada, pero una vez entrelazados son como renglones de un poema en este enmarañado inexacto que es la vida.

Busca Auster en la figura de su hijo nuevas formas de comprender la existencia y se mira a si mismo tratando de explicar el cuento.

Se vuelve un ejercicio de Canon, en donde las cosas se repiten, quizá con otra entonación.

Quizá por eso decidir no tener hijos es quedarse callado, negarse a cantar, no porque la melodía de la vida sea linda, sino porque no tiene uno nada más que agregar.

D.

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