Darina con alas

Juan Villoro y el periodismo imaginario

01 junio, 2007

“El mejor trabajo de mi vida lo tuve en un periódico que nunca existió” aseguró Juan Villoro en una platica que tuvo lugar este viernes en la Sala Fernando Benitez, el que fuera orquestador de ese proyecto editorial que nunca se materializó en papel, pero al que Villoro dedicó algunas de sus más divertidas horas; criticando los periódicos existentes, urdiendo tramas para reportajes que no se realizaron y pensando, que es de las cosas que mejor parecen salirle.

Frente a un abarrotado publico de estudiantes de periodismo, Villoro se presentó muy distinto al estereotipo de las caricaturas de Abel Quezada: su figura, un poco embarnecida estaba enfundada por un saco negro que cubría su camisa azul marino. Bien escoltado por una profesora de cada lado; la presentadora Lucía Chávez Rivadeneyra y la comentarista; Virginia Careaga…

Aunque no llegué a la introducción me imagino que Virginia Careaga habrá dicho del invitado lo que ya muchos sabemos: hijo del filósofo Luis Villoro, Juan tuvo el provilegio de compartir con algunos personajes de la elite intelectual en México, cuando estudió todavía sus profesores le advertían: “estudia o serás periodista”

Pero no sé sabe si por espíritu anárquico o por algun giro del destino, Juan Villoro pasó de la disinguida profesión de cuentista y literato, a la de periodista… siguiendo el camino inverso al que recorren muchos reporteros ansiosos de mostrar su vena narrativa.

El camino de Juan Villoro fue distinto, pero lo llevó a explorar sus pasiones: el fútbol y el rockanroll nunca dejaron su vida, como lo reflejan dos de sus obras el ensayo “Dios es redondo” y el cuento para niños “La fabulosa guitarra del Dr. Zipper”

De esto y más habló en su conferencia, que más que dictada, fue una conversación deliciosa, salpicada de risas y de cabecitas asintiendo entre una serie de alumnos meditabundos que se preocupaban por cosas que a Juan ya lo han aquejado, como aquella musa furibunda y exigente que es un jefe de redacción, o los peligros de la profesión de ser chismoso profesional en tiempos en que todos quisieran empacar la maquina e irse a casa.

Villoro sobre todo contó su experiencia como cronista, en esa difícil labor que es meterse en la piel del otro, prácticar la empatía máxima y transmitir el olor del pan tibio y el sudor frío del árbitro al salir de un partido discutido con el Jesús en la boca.

Juan Villoro se concentró en tratar de transmitir el privilegio y la responsabilidad que tiene un periodista al intentar darle orden al mundo y voz a las personas que murmuran. Esta labor, además de un gran compromiso ético exige un alto grado de comprensión del espíritu humano.

Incluso, a veces, se requiere la humildad para decir lo que ya ha dicho Carlos Monsivais: “O no entiendo lo que está pasando, o ya no está pasando lo que yo entendía”
Ante la pregunta de ¿Cuál es su crónica preferida, de todas las que ha escrito en su carrerra? Villoro recordó la que le hizo al ídolo de su juventud, Angel Fernández, quien forjara epítetos tan celebres como “La maquina celeste”, “El rebaño sagrado” y “El coloso de Santa Ursula”, que han trascendido el ámbito estrictamente futbolero y llegan hasta nuestros días con la fortaleza mítica de un cronista que sabía “Ser culto, sin que se notara mucho”, característica que según Villoro es imprescindible para un cronista.

D.

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